Lunes, 21 Febrero 2022 16:47

Crónica de un tiempo pasado y presente

Escrito por Elvira López Díaz
Valora este artículo
(0 votos)

Un evento literario me acercó estos días a mi patria chica. Buena forma de comenzar unos días, que, aunque cortos, han sido entrañables y disfrutadores en muchos sentidos. Hacía años no disfrutaba mi pueblo en los albores primaverales, y en verdad que la primavera debe andar en ciernes, pues ayer presencié emocionada el paso de las grullas en su emigración al norte, símbolo evidente de que el fin del invierno está muy próximo. 

Hoy, a pesar de las fotos, (son de hace unos días) el frío helador se ciñe sobre el valle tendillero y uno agradece el fuego candente y la llama del hogar. Aún persiste el humo en las noches, semejándose a diseminadas tiendas de campaña en un poblado indio, pero en este caso en un pueblo arriacense.

El viaje relámpago e imprevisto me sugiere y me recuerda tiempos pasados, acomodados en la memoria, pero no muertos. Tendilla se prepara en los próximos días, 25, 26 y 27 de febrero, para vivir la Feria de San Matías. Una feria de origen medieval que se remonta a tiempos de Felipe II. En color sepia acuden a la cabeza los últimos días de feria que viví a finales de los años 70, siendo una niña, con calcetín hasta la rodilla y falda de cheviot corta de lana, que picaba como un demonio. Esos caballitos pequeños y mágicos significaron mucha alegría y divertimento en aquellos días pretéritos. 

He tenido suerte, me digo a mi misma, de presenciar los preámbulos de estas fiestas, hechas a golpe de gastronomía, aromas de cordero asado del restaurante Los Jardines y muchas y variadas especias de los puestos ambulantes.

Mi querido pueblo de la infancia es medieval y soportando, una ubicación perfecta para extender exposiciones de los más finos y elegantes paños venidos del extranjero y también de pueblos de las diversas comarcas de la Alcarria. En remotos tiempos destacaban los puestos de fina joyería y mercaderías de Flandes; bellísimos lienzos procedentes de Portugal se trocan hoy en chiringuitos de tiro con escopeta, herbolarios, quesos y miel de la Alcarria. En lo tocante a la miel recuerdo a mi compañero de colegio, Tomás, que faltó hace unos años y que desplegaba en la plaza una extraordinaria exposición de todos los productos derivados del rico manjar producto de las abejas. 

Deseables y singulares son las animaciones ecuestres de mano de El Duque, y las demostraciones del vuelo del halcón. No falta tampoco el teatro por las calles ni la alusión a oficios antiguos. No es de extrañar una feria en este lugar, cuna de los Mendoza, 

plagado de conventos ermitas, soportales, casas solariegas y escudos nobiliarios a la puerta. 

Los pendones colorean plazas, calles, casas, en una alegría inmensa por vivir estos días de mucho gentío y trasiego para arriba y para abajo por la vía principal. El eco de la música medieval se entremezcla con la de hoy en mil sinfonías extrañas y disonantes. 

Este año no pasearé la feria al paso lento de las gentes que no avanzan, mirando las mil y un fruslerías que salen al paso. Al menos tuve la fortuna de vivir los preámbulos, con lo cual me conformo. 

Cierro la crónica sentimental y nostálgica con el recuerdo de las migas que se sirven gratuitamente por cualquier lugar que pares a tomar un refrigerio. Las mujeres de la villa ofrecen productos elaborados por ellas mismas, manjar de dioses y repostería a la antigua. 

Punto y aparte merece la mención de los vistosos y hermosos trajes medievales que portan con orgullo los vecinos y allegados a Tendilla. Entonces, sí te parece estar viviendo en el siglo XV. 

En la distancia, desde mi Valencia, prepararé unas migas, cuya receta me enseñó mi madre y que son la delicia de los míos.

Elvira López Díaz
Licenciada en Historia del Arte

Visto 795 veces