Lunes, 08 Abril 2013 00:59

EL RESUCITADO CAMINA CON NOSOTROS

Escrito por Atilano Rodríguez, obispo
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Con la celebración de la resurrección del Señor en la Vigilia Pascual comenzábamos el tiempo de Pascua. Desde aquel momento, la liturgia nos recuerda el poder de transformación que tienen los encuentros de Jesús con las mujeres y discípulos. Además de regalarles los dones de la alegría y de la paz, el Resucitado les invita a superar el miedo y la desconfianza, puesto que con su victoria sobre el odio, el pecado y la muerte, es posible emprender una vida nueva.


Los encuentros con el Resucitado transformaron la mente y el corazón de los discípulos hasta convertirlos en testigos valientes del único Señor, en el que los seres humanos podemos encontrar la salvación. Esta fe en Jesucristo dio fuerza a los mártires para permanecer fieles al amor de Dios hasta el derramamiento de su sangre. En nuestros días, esta misma fe impulsa a miles de hombres y mujeres a dejarlo todo para mostrar el rostro glorioso de Cristo hasta los últimos rincones de la tierra, sirviéndole en los más pobres y necesitados.

Hoy, el Señor resucitado también quiere contar con cada uno de nosotros para ser dar testimonio de su resurrección en medio de un mundo desanimado y necesitado de buenas noticias. Ahora bien, no podremos llevar a cabo esta misión y ofrecer esperanza a los demás, si no buscamos tiempos para encontrarnos cara a cara con el Maestro y si no reconocemos su presencia salvadora en cada acontecimiento de la vida.

Como hizo en su día con los discípulos de Emaús, el Resucitado sale a nuestro encuentro, camina con nosotros, nos explica las Escrituras y nos entrega  su Cuerpo y su Sangre como alimento y bebida de salvación. Pero, todos corremos el peligro de vivir distraídos y no descubrir el deseo de Absoluto que late en nuestros corazones. En ocasiones, parece que no estemos suficientemente convencidos de que la resurrección de Jesucristo es también nuestra victoria y nuestra esperanza.

El impulso de la nueva evangelización, que tiene como objetivo fundamental suscitar, consolidar y fortalecer la fe  en aquellos hermanos que se han alejado de Dios, exige de cada evangelizador una confesión convencida de la Resurrección del Señor. Si la fe en Cristo es débil, también será débil el testimonio de los cristianos. Sin embargo, cuando existe una firme adhesión a Cristo resucitado y una experiencia gozosa de su amor, entonces es posible emprender una nueva acción misionera con un renovado ardor espiritual.  

Conscientes de que la única esperanza para el hombre de hoy, como para el hombre de todos los tiempos, está en Cristo resucitado, confesemos con el beato Juan Pablo II: “Tú, Señor resucitado y vivo, eres la esperanza siempre nueva de la Iglesia y de la humanidad!; ¡Tú eres la única y verdadera esperanza del hombre y de la historia!; ¡Tú eres entre nosotros la esperanza de la gloria (Col 1, 27) ya en esta vida y también más allá de la muerte!”.

Que el testimonio y la intercesión de la Santísima Virgen haga más fuerte nuestra relación con Cristo, el Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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