Desde las 10 de la mañana realizarán visitas guiadas por las instalaciones de las salinas de Saelices de la Sal. Desde las 10 de la mañana realizarán visitas guiadas por las instalaciones de las salinas de Saelices de la Sal.

III Jornada Blanca, este sábado en Saelices de la Sal

Si quieres conocer como es el proceso artesanal de extracción de la sal, no puedes perderte este sábado, 3 de agosto, la II Jornada Blanca, que realizan en Saelices de la Sal, donde desde las 10 de la mañana realizarán visitas guiadas por las instalaciones.

A las 12.00 horas dara inicio la inauguración de la exposición fotográfica Mar Morales, a las 14.00 horas una comida popular, a las 18.00 horas conferencia "Saelices de la Sal, Cultura y Naturaleza" a cargo de Andrés García Bodega y a las 20.00 horas concierto a cargo del grupo SAOGHAL (Música Celta).

 Sobre las Salinas de Saelices de la Sal

Los primeros documentos relativos a la extracción de sal en Saelices de la Sal se remontan al 1203, y, posteriormente, se cuenta con varias referencias a este tipo de explotación; si bien el aspecto actual de las instalaciones se atribuye al siglo XVIII. Hasta la transición entre la Edad Media y la Edad Moderna, la propiedad de las salinas recayó en distintos señores bajo el control del Rey; pero a partir de esa época la explotación pierde su independencia y se integra en el gran grupo de las salinas de Atienza, pasando a formar parte también del Patrimonio Real.

A mediados del siglo XVIII las salinas contaban con una producción considerable (cuatro mil fanegas); aunque no hay certeza de que en esta época se hubiesen ejecutado las obras de renovación que diesen a las instalaciones su actual apariencia.

En 1872 las salinas fueron adquiridas al Estado por un particular, que inició su explotación privada.

Tras la Guerra Civil, periodo en que tuvieron las salinas daños notables, se pusieron de nuevo en funcionamiento, sustituyéndose las norias por motores; primero movidos por combustible y más tarde mediante energía eléctrica. Pero su explotación duró, como mucho, hasta comienzos de los años 70, en lo que a la elaboración de sal se refiere, y hasta comienzos de los 80 –concretamente 1981-, en lo que atañe al aprovechamiento del agua salada, que se vendía para diferentes actividades industriales.

Recuperar las salinas de San Juan ha sido un proceso largo que se inició hace más de una década con un proyecto coordinado por el entonces Ministerio de Medio Ambiente, y que posibilitó la restauración del conjunto de inmuebles destinados a la explotación salinera compuesto por dos pozos y norias, cocederos, balsas, canalizaciones, almacén de sal y ermita. Todo el conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, en 2005.

Ponerlas en funcionamiento ha sido posible gracias a un convenio con la Diputación Provincial de Guadalajara, con el Ayuntamiento de Saelices de la Sal, que es el propietario de la salinas, de modo que hoy trabajan en ellas tres salineros, que se han formado para ello con ayuda de antiguos trabajadores de la localidad. Estas salinas son las únicas del interior peninsular que producen sal de forma artesanal.

Aunque casi toda la sal se destina a deshielo en los planes provinciales de viabilidad invernal, ya han iniciando una línea de comercialización de sal para uso alimentario, con sacos de un kilo que venden por tres euros y tarros de cristal de cuarto dme kilo por cinco euros para la flor de sal, la sal más apreciada de cristalización más delicada, que es la que se produce a primeras horas del día, según comienza a calentar el sol y que se extrae prácticamente colándola. 

Y es que el sol, el viento y el saber empírico adquirido durante generaciones, se encarga se encargan de la cosecha de la sal, que cada año se extiende desde julio hasta septiembre, a partir del agua salada que se extrae del pozo y que tiene un 18% de salinidad, más que el agua del mar. La extracción del agua del pozo se hace mediante una noria, ahora con un pequeño motor eléctrico, pero antaño con arrastre de mulas.

El agua se embalsa en un comedero, donde además de decantar impurezas, toma temperatura y concentra aún más su salinidad en una primera evaporación. De ahí y por un sistema de canaletas construidas con madera de sabina muy resistente,  se riegan las eras, que son pequeñas albercas empedradas,  con una débil pendiente y muy poca profundidad, unos 15 centímetros, donde la sal se va cristalizando a medida que se evapora el agua.

Con unos rastrillos especiales, canteados en metal, se arrastra la sal del fondo y se amontona, y luego con palas se va sacando en pequeños montones junto a las eras para que el sol y el viento se encargan de secarla antes de llevarla al almacén.

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