Marchamalo restaura su picota

Marchamalo restaura su picota

La Concejalía de Patrimonio continúa con el plan de conservación y promoción del patrimonio histórico de Marchamalo, actuando sobre el rollo jurisdiccional de la localidad para evitar el profundo deterioro que sufría. Se ha realizado un proceso de consolidación, limpieza, saneado y eliminación de sustancias ajenas, pegado y cosido de piezas y fragmentos en riesgo, sellado de grietas, relleno y reposición de juntas. Esta actuación viene a sumarse a la reciente señalización de los edificios y elementos históricos de la localidad, la recuperación del Banco de la Paciencia, o del puente de San Miguel, en el parque al que da nombre.

El Ayuntamiento de Marchamalo continúa adelante con su plan de conservación y puesta en valor del patrimonio municipal, una determinación que quedó patente con la creación de la Concejalía de Patrimonio, y que poco a poco va dando sus frutos. A la recuperación de elementos con cierto valor histórico, como el Puente de San Miguel, situado en el parque al que da nombre, o el Banco de la Paciencia en la Plaza Mayor, se ha sumado recientemente la instalación de paneles informativos junto a todos los edificios y otros vestigios históricos de la localidad, así como el profundo trabajo de restauración al que ha sido sometido la picota, concluido la pasada semana.

El Rollo Jurisdiccional de Marchamalo, conocido popularmente como la picota, es uno de los elementos arquitectónicos de valor patrimonial más antiguo, datado en 1627, año en el que la localidad adquiere su condición de Villa, se encontraba en muy mal estado de conservación. Hecho en piedra caliza, el proceso de degradación de la misma estaba avanzando rápidamente, con el capitel y la basa casi deshechos, siendo necesaria una intervención urgente.

 

Su emplazamiento en el exterior le somete a todo tipo de agentes ambientales como los cambios bruscos de temperatura, la lluvia, las heladas, humedades por capilaridad, la contaminación ambiental y la acumulación de depósitos de materiales orgánicos, obligando a un tratamiento principalmente conservador, aunque también de reconstrucción parcial, respetando las pérdidas y la pátina pétrea como parte de la propia obra y testigo histórico y actuando sobre ella con criterio arqueológico.

 

El estado de la piedra ha obligado a una inversión cercana a los 3.800 euros para completar las distintas fases de intervención, con una consolidación previa, limpieza, saneado y eliminación de sustancias ajenas, pegado y cosido de piezas y fragmentos en riesgo, sellado de grietas, relleno y reposición de juntas. Como tratamiento final, se le ha aplicado un producto consolidante e hidrofugante que refuerza su estructura, además de una acción repelente al agua, preservando a la pieza de los agentes atmosféricos.

 

Una vez concluidos los trabajos, efectuados por Elena García, Licenciada en Bellas Artes por la UCM en la especialidad de restauración de obras de arte, y Urbano García, técnico en maestría industrial, se puede volver a apreciar las diferencias en el color y en el tallado original de los diferentes elementos pétreos que constituyen la obra, entre el capitel y la basa, el fuste y el pedestal, que antes se encontraban camuflados bajo costras de suciedad y distintos materiales orgánicos.

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