El panteón de los marqueses de Villamejor, padres del conde de Romanones, es el más destacado del cementerio de Guadalajara. El panteón de los marqueses de Villamejor, padres del conde de Romanones, es el más destacado del cementerio de Guadalajara.

175 años en la historia del cementerio de Guadalajara

Tras las sombras de los altivos cipreses y a espaldas del Palacio del Infantado, se encuentra la historia más silenciosa de la ciudad de Guadalajara tan visitada en estos días, en ese cementerio municipal que ya alberga 3.815 sepulturas temporales, 71 panteones; 6.291 sepulturas perpetuas, 497 nichos y 442 columbarios y que guarda los restos de algunos próceres alcarreños como Mayoral, Fernández Iparraguirre o Guitián, y de muchos ciudadanos anónimos, en una dilatado existir de 175 años, que ha visto crecer la ciudad viva y también su campo santo que acoge a nuestros muertos.

La Guadalajara del último tercio del siglo XIX era todavía una ciudad amurallada, con apenas 7.000 habitantes y poco más de 1.000 viviendas, donde en 1840 aún existían y cerraban las portillas de la murallas.

De esta fecha data la inauguración del actual cementerio municipal, cuyo proyecto corresponde a José María Guallart, planteado en esta época en que la ciudad se propuso abordar el retraso urbanístico, la falta de viviendas y el ensanche del casco antiguo, con la creación de nuevos barrios como el Amparo o el Arrabal.

Los enterramientos en templos parroquiales estaban saturados y el antiguo cementerio, que se ubicaba en el haza de la “Lentejilla”, en un terreno de labor cerca del Henares, también.

El primer recinto del nuevo campo santo apenas si era un cuadrilátero de setenta metros cuadrados, lo que hoy se conoce como Patio 1, en cuyo interior se establecieron cuatro cuarteles para sepulturas y un anillo de nichos, con muro perimetral y la fachada principal hacia la huerta de lo que hoy es el Archivo Histórico Militar y entonces Academia de Ingenieros.

Fue en 1877 cuando se hace la primera ampliación, con la renovación del arbolado, construcción de sala de depósito y autopsias, la vivienda del guarda y capilla, así como la verja de hierro que conforma la fachada principal, y ampliando su superficie con el conocido como Patio 2, donde se empezaron a construir panteones.

En las primeras ampliaciones se descubrieron en su subsuelo restos de necrópolis medievales de las comunidades judía y hebrea.

A partir de 1890 continuaron las obras de mejoras y ensanche y la realización de un tercer Patio, que concluyó en 1898, fecha en la que la Corporación Municipal acuerda poner nombre a los tres patios. El primero y más antiguo, se dedicó a la patrona de la ciudad, nuestra Señora de La Antigua, el segundo a la Soledad y el tercero, que entonces era el más moderno a Santa Ana, ya que este era el nombre de la marquesa de Villamejor, que había sufragado su construcción a cambio de terreno para realizar el panteón familiar. 

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El panteón de los marqueses de Villamejor

El panteón de los marqueses de Villamejor, D. Ignacio Figueroa y Doña Ana Torres, padres del conde de Romanones, sirvió muchos años de referencia artística de la ciudad, según afirmaba Juan Diges Antón en su Crónica del Turista de Guadalajara (1914). Es el panteón más grande del cementerio de aspecto neoclásico, con dos metros por encima del suelo rematado con cúpula, tambor de vitrales y una gran cruz, y más de tres por debajo, en lo que es la cripta que incluye capilla. La arquitectura de este gran panteón, construido según los planos y bajo la dirección del arquitecto Manuel Medrano, cede todo su protagonismo a la escultura labrada por Manuel Garnelo.

“Su color de piedra clara, sus bronces y los elementos funerarios de capiteles y frisos (el reloj de arena, la guadaña, las palmetas y las lechuzas) le confieren cuando el sol cae de costado, en el amanecer o ya en la atardecida, un solemne significado de meditación, de fuerza telúrica”, apunta el cronista provincial, Antonio Herrera Casado. En el interior, al que se accede tras pasar por la puerta de recia contextura metálica, se ve el altar al frente, y a los lados los catafalcos de los marqueses, realizados en mármol sobre garras de león y adornados con los respectivos escudos nobiliarios.

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Otros espacios singulares

Además de este gran panteón, otros más modestos como los de la familia Chavarri, el de doña Josefa Corrido de Gaona, la tumba de doña Cándida Hompanera o el túmulo en forma de ermita de la familia Ripollés-Calvo, en el segundo patio, tienen también sus construcciones relevantes. La última construcción de relevancia es el pateón de los condes de Romanones, alzado a comienzo de los 50 del siglo pasado.

Además hay que reseñar como espacios singulares dentro del cementerio el panteón de la Tropa, que alberga los cuerpos de los soldados de las campañas de África, el de los Caídos de la Guerra Civil y  el conocido como Cementerio Civil, en el patio número 4.  

Este Cementerio Civil es el terreno de las antiguas fosas contiguas a una zona de ejecución de presos políticos que estuvo activa hasta 1944, año en que fueron inhumados centenares de cuerpos de víctimas del franquismo, donde cada 1 de noviembre rinden homenaje colectivos como el el Foro por la Memoria de Guadalajara, PSOE o IU. Aquí pedían hacer un pequeño monumento de  reconocimiento a los fusilados, pero finalmente el Ayuntamiento colocó una placa que no dejó satisfechos a estos colectivos. En el cementerio municipal existen otro espacio donde se ubican los restos de los fusilados que fue rehabilitado por los familiares de las víctimas en los años 80 con sus propios fondos.

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Hoy en día, el cementerio municipal cuenta con siete patios en los que actualmente está dividido el recinto, los tres primeros patios son los construidos en el siglo XIX, el cuarto en 1927 y los tres restantes son de la última década del siglo pasado y duplican su superficie.

El total de inhumaciones hasta el año 2012 es de 52.467. En lo que va de año, se han efectuado 322. 

Es en este 1 de noviembre y la víspera, es cuando el cementerio municipal recibe más visitas, más de 20.000 cada año,  se inunda de flores todas las sepulturas.

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