25 años recuperando el folklore de Guadalajara

Mª Carmen, Esperanza y Maribel mostrando la cestería.El folklore es arte. Ver cómo las manos desnudas van creando pequeñas (o grandes) joyas, revestidas de una utilidad que, hoy, no sabemos descubrir, o mejor, que no atinamos a emplear; siempre produce un poco de paz. Del mimbre, cestas; de la madera, “lavadoras de mano”; del algodón, ropas o encajes; del barro, botijos y ánforas. Antes, todo esto nacía de la necesidad del uso. En la actualidad, de la necesidad de no dejar morir los recuerdos.

La Escuela de Folklore de la Diputación cumple 25 años. Su parto fue necesario, las tradiciones de Guadalajara se estaban hundiendo en un bucle de olvido, desidia y abandono. Un cuarto de siglo después, han sobrevivido a la extinción, es más, han conseguido criar en cautividad cientos de aprendices que se empeñan en mantener vivo, no sólo entre las páginas de la enciclopedia, el saber del pueblo, su arte, sus costumbres.

Trajes tradicionales femeninos.El recorrido por los distintos oficios no es triste, sino todo lo contrario. Mª Carmen Sánchez enlaza los mimbres con maestría; en un periquete, ha hecho una cesta. Sus alumnas y su hija, en derredor suyo, observan su arte. En una mesa, al lado, una pequeña muestra de otros objetos tejidos sin más herramienta que unas manos, mimbre y agua. “Si no se moja, se reseca y se parte” explica Mª Carmen, que lleva 19 años enseñando este oficio.

“Quien hace un cesto, hace ciento” le saluda un amigo, mientras alaba el producto del trabajo. A lo que, galana, responde Mª Carmen: “si le dan mimbres y tiempo”. Precisamente, la materia prima es lo que escasea por Guadalajara. “Pero en Cuenca, hay mucho. De momento, tenemos mimbre de sobra” apunta la hábil profesora. Además, añade que se está recuperando en nuestra provincia. Aunque, la labor que está haciendo es de mimbre blanco, también tiene buz, mimbre de color rojizo.

A primera vista, no parece fácil, pero Maribel y Esperanza, dos de sus alumnas, aseguran que no es difícil. “Exige esfuerzo y habilidad, pero he tenido alumnas, sin embargo, que han venido por prescripción médica. Una alumna que vino con el túnel carpiano, se le ha pasado” cuenta Mª Carmen. Habla del oficio con una intensidad que impresiona. Afirma que le gusta mucho, y se le nota. Sus alumnas la halagan, muestran sus “joyitas, mira cómo son”. Todo tiene un uso, además del puro placer de alegrar la vista.

iFélix Nolasco.En frente, Félix Nolasco está terminando una “lavadora de mano”, pero no es la clásica tabla de lavar de canales paralelas, sino que forma pequeños cuadrados. “Estas últimas a la hora de lavar, el jabón y el agua se reparte y se aprovecha mucho más, además, el roce era mucho mejor. En las paralelas, el agua se va por los lados” explica el carpintero.

A los que no guardan memoria más allá de las lavadoras eléctricas, Félix les recuerda que en Guadalajara había siete lavaderos, pero, ahora, sólo queda un pequeño resquicio en el Alamín. “No está exactamente donde estaba antiguamente, aún queda, pero hay que saber dónde está” manifiesta el profesor y enumera otros: en el Fuerte, al final del parque Sandra…

Sobre su actual utilidad, Félix reconoce que ya es sólo de adorno, pero se hacen otros utensilios de madera que sí conservan su uso. En cualquier caso, este arte no se puede medir en función de su utilidad. Es arte, disfrute.

Luis Alberto Larriba.El torno más antiguo de Europa

Luis Alberto Larriba gira el torno de Zarzuela de Jadraque, no es de pie, “el de pie es más moderno, romano; pero éste torno es más antiguo, pre romano. En el British Museum, conservan uno igual que éste que data de Mesopotamia, hace 6.000 años”. Impresiona que se siga usando, más aún cuando ves lo que unas manos pueden lograr hacer con un simple montón de barro, obtenido de la misma zona donde se usa éste torno ancestral.

Tiene el alfarero muchos paisanos interesados en su trabajo: le preguntan por el modo en que se gira el torno, para qué usan las cenizas que están al lado, en una suerte de mesita. Luis, paciente, va respondiendo que este torno es el primer modelo que se conoce. A pesar de que lleva 27 años enseñando el oficio, sigue aprendiendo. “Todos los veranos, voy a Zarzuela de Jadraque a dar un curso y aprovecho para que los mayores me enseñen. Les digo a los abuelillos que voy a aprender, porque no hay que dejar que esto se pierda” apunta Luis.

Explica que en Zarzuela había muchas familias que se dedicaban a la alfarería. Ahora, ya no y muchos de los abuelos que lo hacían, ya no tienen fuerza, pero cuando ven a Luis trabajando, le van dando indicaciones. Cuando la alfarería era negocio, cada familia tenía sus propios dibujos y marcas, que les permitían distinguir sus trabajos del resto, cuando los metían en el horno, para cocer el barro.

Estos no han sido los únicos oficios que se han exhibido en el centro San José, también, se ha podido ver encaje de bolillos (explicado por la profesora Esther Ródenas), esmaltes (con Mª Jesús Ródenas), labores tradicionales (con Margarita García) y restauración etnográfica (con Mª Luz Vaillo).

Visitantes viendo la exposición.Exposición y bailes

Observar todo esto causa admiración y obnubila. Además de satisfacer la curiosidad. Ésta no cesa e invita al visitante a pasearse entre las fotografías de la exposición “Un paseo por la Escuela de Folklore”, ubicada en el centro del Hall del centro San José. Fotografías, documentos y, ante todo, muchos recuerdos de antiguos alumnos, profesores, actividades… Permanecerá ahí hasta el 14 de junio, expuesto para que todos hagamos ese recorrido de recuerdos.

Se mostraron trajes tradicionales masculinos y femeninos.La vista y el oído se echaron mucho más atrás para contemplar bailes y trajes de otra época, acompañados por el sonido de la tradición: jotas, seguidillas, marchas, pasodoble, rondas… Como en cualquier desfile de moda, los modelos mostraban al público (que casi llenaba el aforo del salón de actos del Centro San José) sus trajes, con mucho garbo.

Primero, les tocó el turno a las indumentarias masculinas. Luis era el encargado de ondear la bandera de Alcoroches ataviado con el traje de Jadraque. Julio mostraba el traje Alcarreño típico; José Antonio, el traje del Cardoso de la Sierra; Vicente, el traje de Alcarreño de gala y Pedro, el traje para grandes ocasiones: el que lucía, sirvió para acudir a las bodas de Alfonso XII (1878). Por último, Miguel Ángel desfilaba con el traje típico de mielero y Miguel, con un traje de faena de segador.

A continuación, sus parejas María, con el traje de Cardoso de la Sierra; Nazaret, el traje de verano de la Alcarria Baja; Enriqueta, el traje más antiguo que tenemos en la provincia, el usado para la boda de Alfonso XII; Mª Ángeles, un traje de faena. Los hombres salen de nuevo, para irlas recogiendo de forma salerosa, divertida y, algunos, un poco chulesca, mientras la música suena. “Así se demuestra la gracia” se oía al verlos.

Antiguos alumnos bailando.No dejaron de enseñar el traje de los Vaquillones, las botargas… Además, se subieron al escenario antiguos alumnos de la escuela para bailar “El pollo de Maranchón”. “Hace muchos años que no lo bailan, pero qué arte, quien tuvo, retuvo” decían tras verles bailar. El espectáculo estaba dirigido por Sara Moratilla, Begoña Larrañaga, Antonio Trijueque, Antonio Carmona, Eduardo del Castillo y José Carlos Esteban.

Y la danza y la música continuaban: “Cuando tenga tantos años,
Como palos una silla,
Si no te quiere tu madre,
Vente conmigo chiquilla”.
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