Dos pechos cercenados para la fiesta de las mujeres

Fiesta de Santa Águeda, CogolludoCon una tregua de sol, plena de luz reflejada desde el manto blanco de nieve del Ocejón, y dos días de retraso en el calendario, pues puede más el asueto que el santoral, Cogolludo celebraba ayer, 7 de febrero, su fiesta mayor de las mujeres: Santa Águeda.


En esta santa italiana, virgen y mártir, depositaron muchos pueblos de España, entre ellos media docena de la Campiña, sus anhelos feministas, varios siglos antes de que se inventara la palabra paridad. Y con la con la triquiñuela de la bendición se convierten en alcaldesas por un día, y en reinas de sus casas, simbolizando en peleles manteados a los maridos.

Aunque ahora haya 1.221 mujeres que en España son alcaldesas (el 15%del total de alcaldes) y en Guadalajara 47 (aquí la media sube hasta el 16%), las mujeres no renuncian a la tradición que les permite tomar el bastón de mando en  esta jornada, aunque en ocasiones se lo arrebaten a otra fémina.  Piensan que sigue siendo necesaria la reivindicación, y sobre todo la fiesta. Y eso que luego suelen ceder el mando al poder establecido. Así,  la lista de alcaldesas de honor de Cogolludo de los últimos años está plagada de políticas con cargo, como la diputada nacional Clementina Díez de Baldeón (2005), la entonces consejera de Industria Araceli Múñoz (2003), o María Antonia Pérez León, que lo era en 2006, cuando todavía, sólo ejercía como gerente del Hospital.

En esta ocasión, y aunque este es un pueblo con alcalde socialista, la elección de las mujeres  de Cogolludo para su alcaldesa de honor se fue a la bancada del PP. Se quisieron traer a María Dolores de Cospedal, sabiendo que en su doble cargo de presidenta del PP en Castilla-La Mancha y secretaria nacional, tenían el tirón mediático asegurado. Pero no pudo ser. En su lugar  fue alcaldesa de Honor la diputada regional por Guadalajara y portavoz del PP en las Cortes regionales, Ana Guarinos.  

Y allí estaba, vestida de alcarreña y con traje propio que no prestado, esta aragonesa que ya se siente guadalajareña, haciendo realidad un sueño incumplido: el de ser alcaldesa, aunque fuera por un día en Cogolludo, en vez de por cuatro años en Molina de Aragón.

En un salón de plenos, abarrotado de mujeres y de flores,  donde la media docena de hombres que se atrevieron a estar, se quedaron orillados en una esquina y de pie, Guarinos recibía su bastón de mando.  Era Flora, la alcaldesa mayor de la Hermandad de Santa Águeda, que a su vez lo había recibido en la víspera del alcalde oficial, Ángel Sierra, quien le entregaba el mando. También le imponía una cinta de miss alcaldesa, la medalla de la Corporación y la entregaba una cesta con obsequios de regalo.


Virgen y mártir


Bregada en oratoria desde su escaño en el parlamento regional, Guarinos  prescindió de la chuleta para contarnos lo que ya sabíamos, que “las mujeres hemos conseguidos muchos avances legales y reales pero todavía nos queda mucho camino por recorrer”.  A la izquierda de su tribuna, tres mujeres de ordeno y mando confirmaban la premisa: la consejera de Cultura, Soledad Herrero; la presidenta de la Diputación, María Antonia Pérez León y la diputada nacional María Ángeles Font.

Recordó Guarinos a la santa mártir, y el escabroso suceso de sus pechos cercenados. Ahora las mujeres son menos santas, pero más mártires (la acotación es mía en obligado recordatorio a las víctimas del machismo).   Seguía el discurso e Inés Martin (la directora de la Oficina de Turismo de Cogolludo) ejercía como  apuntadora desde el primer banco, rememorando los 400 años de historia de esta fiesta en la localidad.

Al final remató no tan breve como había prometido,  pero sí en directo, con otra consigna de igualdad. “Mientras  la sociedad no reconozca que somos iguales, seguiremos trabajando –dentro y fuera de nuestros hogares-, como lo hemos venido haciendo hasta la fecha por nuestro futuro, sintiéndonos orgullosas de ser quiénes somos y lo que somos”.  Unos ¡vivas!, a la santa y la alcaldesa de honor, cerraron el discurso y las mujeres se arrancaron entonces con la coplilla. “Todas contentas, todas contentas, las mujeres están, el pueblo de Cogolludo con ellas se alegrará”.

Ana Guarinos fue la alcaldesa de honorBaile, misa y limonada

Con los pasos dobles de la banda Provincial de Música, y el marco incomparable de la fachada renacentista del palacio Ducal, arrancó el primer baile en la plaza, antes de acudir a la misa, por  la cuesta arriba que en Cogolludo, como en casi todos los pueblos de esta provincia coloca a los templos en lo más alto.

Ahora la fiesta continúa con la patrona en procesión, no sin antes subastar cada uno de los palos de las andas. La crisis hace rácana la devoción y no hay puja que supere los cuarenta euros, ni que iguale la estatura de las porteadoras.  Así que la santa, que en este pueblo en vez de llevar la imagen macabra de dos senos cortados en una bandeja, lleva un cáliz, bajó y subió la empinada cuesta a vaivenes. Delante los cinco cabezudos, con la panda de chiquillos, luego la banda, un poco aterida ya por el frío; después la santa, y luego la compaña, donde casi todo eran mujeres, excepto algún foráneo.

Otra subasta más para meter a la santa a cubierto y para vender las rosquillas y dulces “con light”, como pregonaba la subastera. La consejera se hizo con una bandeja, con la que luego invitó a todo el que quiso.
Vuelta a la plaza, cuesta abajo y un poco más de baile con limonada, mientras se termina de asar el cordero que el restaurante Hermanos Martínez ha preparado. Como la norma impide que ningún hombre se siente a la mesa, sobran los consortes y los oficiantes.

No hay siesta, sigue la fiesta. Ahora tocaría chocolate y churros en el Palacio Ducal, cuya llave de hierro del tamaño de una barra de pan, porta una de las “águedas”, pero  como el monumento casi en ruinas, sigue a la espera de las obras, las mujeres se marchan a la disco Madison, donde hay más intimidad y sobre todo más calor. Quedan pocas horas para mandar y para escaparse de los maridos. Hay que aprovechar. Y todas tan contentas.

 

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