El Mercado de Abastos de Guadalajara, entre la agonía y la resistencia

El Mercado de Abastos de Guadalajara, entre la agonía y la resistencia

Acercándose desde la Cuesta del Matadero hacia el casco antiguo la vista se antoja bonita e incluso fotogénica, con la basílica de la Antigua y el Mercado de Abastos flanqueando la torre blanca del Ayuntamiento que se recorta en el azul del cielo. Sólo destroza la imagen esa mancha enorme de poliuretano amarillo que algún día aisló de las inclemencias del tiempo a lo que ahora es un solar al pie de la C/Dr. Mayoral. Por suerte, hay que darle la espalda para entrar al edificio del Mercado de Abastos de Guadalajara.

El Mercado de Abastos se ubica en el corazón de la ciudad desde que en 1887 se inaugurase tras haber sido edificado a partir de los diseños del arquitecto municipal Mariano Medarde. Desde entonces, sus muros recios de mampostería y ladrillo visto han sido testigos del devenir de la ciudad. Su plaza albergaba en sus orígenes el edificio principal, destinado a la venta de comestibles, y dos pórticos a modo de lonjas donde se comercializaban telas y grano. El paso de los años, la ampliación de la ciudad, la proliferación de comercios y un complicado acceso al centro histórico han ido relegando al olvido al que fuese un importante núcleo de actividad urbana. Sin embargo, aún hay vida tras los muros del Mercado de Abastos.

Cualquier guadalajareño conoce este emblemático edificio, aunque solo sea por haberlo visto desde fuera, inmerso en el mar de puestos que lo rodean los martes y sábados, cuando se instala el mercadillo en sus inmediaciones y la zona se llena de comerciantes que muestran su género, clientes cargados con bolsas y reclamos para la compra.

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Comparado con el bullicio y la frenética actividad de los días de mercadillo, el entorno del Mercado de Abastos se antoja desierto un jueves cualquiera por la mañana cuando nos adentramos en sus entrañas a conocer la situación de quienes lo sostienen y quienes lo frecuentan. 

En la planta baja hay algo de movimiento por la inauguración del programa "¡Ven al Mercado de Abastos!" que el gobierno local ha planteado de cara a dinamizar la zona. A media hora de comenzar el evento, los organizadores se afanan en ultimar los preparativos: la mesa que presidirá el acto al pie de las escaleras que dan a la primera planta, las sillas del público en frente, el equipo de sonido, las mesas para la cata del Aceite de La Alcarria...etc. Alrededor, los comerciantes de las carnicerías organizan o limpian el género mientras un par de clientes hacen la compra. Parece que hay cierta expectación.

El puesto nº8, la carnicería de Nemesio Alejandre, lleva abierto desde 1977. Mientras su dueño limpia un buen pedazo de carne comenta que el Mercado de Abastos va "como la Bolsa" aunque, después de reírse,  rectifica añadiendo "no hombre, es estable: ni muy flotante ni muy mal, aunque a los que tenemos los puestos aquí nos gustaría mucho más público y vender mucho más". Piensa que la crisis ha perjudicado mucho al mercado: "hace unos años todo el mundo tenía mucho más dinero para gastar en todo. Ahora no es así, ahora todos andamos muy justitos y se gasta mucho menos".

Un grupo de jóvenes, de unos dieciocho años, ocupa buena parte de las sillas preparadas para el acto. Llaman la atención; no es la clase de público que uno espera encontrar en una conferencia sobre aceite de oliva. Me comentan que son alumnos de la Escuela de Hostelería y todo cobra sentido. Sobre el aspecto que presenta el Mercado de Abastos dicen que "da la sensación de que se acaba todo, que no hay nada de dinero aquí y pierde la fama que tenía". Otro apunta que "ni siquiera sabía que existía esto". Creen que el abandono del mercado es un problema de competencia ya que "en los supermercados las cosas están más baratas", pero también opinan que es un modelo de negocio que no resulta atractivo para los jóvenes y que "hay poca variedad, demasiada carnicería junta...".

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Variado y de calidad, el sello de identidad

Efectivamente, la primera impresión del mercado es que no hay variedad, pero si uno dedica un momento a pasear la mirada por los distintos establecimientos, apreciará que la oferta es bastante amplia: carnes, salchichas, aves de caza, congelados, casquería, una pollería especializada, gran variedad de quesos y embutidos...etc. En Alsanz, el puesto de ultramarinos que se ubica a modo de isleta en la planta baja del mercado, se vende desde repostería y caramelos hasta encurtidos de todo tipo, pasando por las legumbres y las infusiones. En carnes Jabardo existe incluso una "sección gourmet" con vinos, conservas y otros productos llamativos como crema de boletus, miel de eucalipto o vinagres exóticos de frambuesa y mango. Por supuesto, los productos vegetales también están representados en las fruterías y verdulerías de la primera planta. Lo cierto es que el Mercado de Abastos abre el apetito a cualquiera.

"Aquí se sigue dando una oferta que no hay en muchos sitios de la ciudad, dentro de las carencias que tiene y de lo que le falta, y es gracias a eso a lo que nos mantenemos porque se da una calidad de producto bastante buena y muy aceptable en relación al precio". Así se manifiesta Juan José Redondo, el dueño de la Pollería y congelados Redondo, comercio que abrieron sus padres hace ya cincuenta y tres años, aunque "los hay más antiguos", asegura.

Del ajetreo al olvido

"El mercado era el centro neurálgico de Guadalajara porque realmente las tiendas que había en la ciudad hace muchos años eran muy escasas y los centros comerciales eran nulos; entonces la gente acudía mucho al Mercado de Abastos, donde se encontraban productos que la gente demandaba. Era una zona con muchísimo ambiente". Esta imagen del mercado que evoca Juan José, no sin cierta nostalgia, contrasta "bastante mal" con el panorama actual.

Ambiente, lo que se dice ambiente, no hay. Al margen del revuelo en torno a la organización de la jornada ¡Ven al Mercado!, no hay indicios de una gran actividad cotidiana en el mercado. Da la sensación de que el Mercado de Abastos se ha quedado atascado en el tiempo y el mundo ha seguido moviéndose sin él. Quizás tengan algo que ver las grandes tuberías de metal (de ventilación, supongo) que se retuercen como orugas gigantes recorriendo el edificio de lado a lado y de abajo arriba y que, junto a las barandillas de metal verde, aportan al conjunto cierto aire industrial. Es curioso, el mercado tiene un toque vintage, esa evocación al pasado que tan de moda está: los productos frescos detrás de las vitrinas, la figura del tendero, el trato directo, el envoltorio tradicional en lugar de las bandejas prefabricadas... pero carece de afluencia de consumidores que puedan valorarlo.

El espacio está limpio y cuidado, a pesar de las baldosas blancas que aparecen descascarilladas aquí y allí, hay papeleras bien distribuidas, intercaladas con varios árboles en maceta que aportan color al espacio y unos bancos de madera arrinconados junto a una pared. Imagino que normalmente se ubican frente a los puestos, donde hoy se va instalando el público que espera el inicio de la conferencia... me pregunto cuánta gente se sentará a diario, si aún quedan mañanas concurridas en las que los clientes busquen reposo en los bancos mientras esperan su turno.

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Dieciocho años cerrando puestos

En 1998 se produjo la reapertura de todo el mercado tras un periodo de obras prolongado. Desde entonces, Esperanza atiende al otro lado del mostrador de su frutería en la primera planta, donde el abandono del mercado es mucho más evidente. Aquí los cierres metálicos hasta el suelo ocultan lo que fueron otros establecimientos, algunos nombres aún se leen rotulados sobre las puertas. Solo dos fruterías han sobrevivido a los estragos del tiempo y los vivos colores de los cítricos y las verduras de temporada contrastan notablemente con la tristeza que genera el vacío del resto del piso.

"Llevamos mucho tiempo así, hace un par de años se jubiló otra señora que tenía el puesto aquí arriba pero realmente...hay puestos que enseguida cerraron poco después de la reapertura. Hace 18 años", afirma Esperanza quien añade que, desde entonces, "no se han abierto puestos nuevos, aunque sí que ha habido gente intentando pedirlos".

Ciertamente, el panorama resulta desolador. Aunque el Mercado de Abastos alberga capacidad para 24 comercios, sólo ocho de ellos permanecen abiertos al público. También sobra espacio en segunda planta, donde se instalan los agricultores los martes y los sábados para vender sus productos, "últimamente solo vienen tres", lamenta Esperanza. "Cada vez esto va a menos, las grandes superficies están abarcando cada vez más y la gente va más a lo cómodo. Aquí solo queda gente mayor y gente del barrio".

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"Aquí no hay quien aparque"

Hace "por lo menos veinte años" que Enriqueta es una clienta habitual del mercado, me asegura mientras espera a que le atiendan en la carnicería Jabardo. Opina que el programa de conferencias no es suficiente para revitalizar el mercado ya que la problemática es algo más compleja: "Casi todo está cerrado. ¿Y por qué está cerrado? Porque viene poca gente. ¿Y por qué viene poca gente? Pues porque la zona centro se está quedando deshabitada", recita del tirón de forma contundente. Después, reconoce que si ella puede seguir comprando aquí es porque vive cerca y no tiene que coger el coche: "el problema es que aquí no hay quien aparque".

La misma opinión mantiene Juan José Redondo que lamenta lo aislado que ha quedado el Mercado de Abastos por la mala accesibilidad del casco antiguo: "los transportes públicos antes pasaban por la misma puerta, al cabo de unos años dejaron de pasar por la puerta para pasar por la Cuesta del Matadero y ya por ahí no pasan todos los que pasaban antes. Mucha gente que teníamos de periferia, de los pueblos anexos, de Iriepal, Taracena, Valdenoches... han dejado de venir porque al final o les dejan en la estación de autobuses o les dejan en la Concordia y, claro, luego tienen que ir cargados con las bolsas".

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Con vistas al futuro...

La crítica situación del Mercado de Abastos ha llegado al Ayuntamiento donde diversas propuestas se afanan por encontrar la solución ideal que dinamice y revitalice el mercado: una propuesta de los socialistas que incluía un proyecto de rehabilitación del edificio fue aprobada en pleno a finales de enero y el equipo de gobierno busca en las actividades el gancho idóneo para atraer público al edificio... Lo cierto es que la inauguración del programa "¡Ven al Mercado de Abastos!" ha conseguido llenar la planta baja del mercado, aunque aún es pronto para evaluar el éxito de esta iniciativa. El tiempo dirá.

Mientras tanto, Nemesio Alejandre, valora positivamente la propuesta "todo lo que sea promover y hablar y tratar de atraer a la gente al mercado es bueno" aunque "siempre se pueden pedir muchas cosas más".

En la misma línea se sitúa Juan José Redondo: "esto es una espinilla y el mercado necesita una operación. Hay que rehabilitar esto, darle una imagen distinta, reabrir los puestos, intentar atraer a la gente al mercado y a la zona. Me parece una iniciativa bastante acertada y positiva, súper positiva, pero ya te digo... insuficiente. Aunque por algo hay que empezar."

Quién sabe si el Mercado de Abastos volverá a ser un lugar de referencia para los guadalajareños, si conseguirá sacudirse a tiempo el polvo que se asienta en los lugares olvidados, si se abrirán los cierres de los viejos puestos y será capaz de atraer a compradores y turistas, mayores y pequeños, con la calidad de siempre y las propuestas de ahora. Lo cierto es que el mercado está sobre la mesa y habrá que jugar bien las cartas para mantenerlo a flote.

Y es que el debate de supervivencia de los Mercados de Abastos tradicionales es algo que se ha venido repitiendo en las últimas décadas en todas las ciudades con el imperativo de adaptarse o morir, y que en ciudades como Madrid, o Sevilla, han convertido estos centros en mercados gourmet, con actividades culturales, y otros valores añadidos como la hostelería o el ocio, como ocurre con el Mercado de la Cebada o el de San Miguel.

 Mientras tanto, en el de Guadalajara, ocho establecimientos siguen resistiendo en el corazón del mercado, abriendo todos los días de diario para que no deje de latir, esperando a encontrar la fórmula para reinventarse.

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