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El nuevo “filón rico” de Hiendelaencina es su patrimonio

El nuevo “filón rico” de Hiendelaencina es su patrimonio

Santa Cecilia, Santa Catalina, Santa Teresa, San Carlos, La Fortuna, La Suerte, la Verdad de los Artistas, La Perla, El Relámpago, la Tempestad, La Vascongada, El Tiburón, La Bodera, La Carolina, La Constante, son algunos de los nombres que conocen muy bien los habitantes de Hiendelaencina. Son las minas de plata de la sierra norte de Guadalajara, que en el año 1844 cambiaron el devenir de  la historia de la mayoría de los pueblos situados en la falda de la gigantesca montaña llamada Alto Rey,  ahora, si se cumplen todos los planes y expectativas, volverán a ser fuente de progreso.

Ángeles Layuno Rosas, es profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Geodesia de la Universidad de Alcalá. Desde el año 2008, ha realizado diferentes trabajos acompañada de sus estudiantes, destinados a intentar descubrir pasajes de la historia de la minería en la zona y hacer que la población y zonas limítrofes se dinamicen y  saquen provecho de su rico patrimonio, descubriendo todas las posibilidades, todo lo que estas minas pueden contar de la historia.

El viaje al pasado de Hiendelaencina, en el que guió al público de manera muy didáctica, se enmarca dentro del ciclo de conferencias sobre el patrimonio Industrial de Guadalajara y provincia, ya que la localidad minera de Hiendelaencina, tiene un lugar muy destacado por derecho propio, por su historia y por un proyecto de futuro que cada vez solidariza a más personas.

Ángeles nos cuenta que estas minas empezaron a explotarse en 1844. Hasta ese momento la población de Hiendelaencina era de aproximadamente 200 habitantes, pero al encontrarse nuevos yacimientos de plata, empezó a necesitarse más  mano de obra, la población aumentaba exponencialmente y la gran eclosión fue, al encontrarse el denominado filón rico, había mucha plata que extraer, la demanda de mano de obra atrajo ya no sólo a la gente de los pueblos cercanos, sino de las provincias limítrofes e incluso de Madrid, luego se perdió el filón rico y la demanda de trabajadores cayó, pero unos años después volvió a aparecer y con él las inversiones, incluso extranjeras, en 1857 ya contaban con más de 9.000 habitantes,.

Por la lejanía de este lugar con los núcleos urbanos, la ausencia de ferrocarril e incluso de carreteras (la primera carretera del lugar, la de Jadraque, se realizó en 1916), la plata debía procesarse en el lugar de la extracción, no era rentable de ninguna manera, llevar el material recogido a otro lugar para ser procesado, por lo que las minas contaban con sus propios edificios y sus propias maquinarias.

Por lo cual en la actualidad, tenemos en Hiendelaencina el barrio minero, que se creó en la zona del pueblo más próxima a las minas y una gran cantidad de edificios pertenecientes cada uno a una mina, como pueden ser Santa Teresa, San Carlos, La Fuerza y la joya de la corona, Santa Catalina, todas ellos con un grave estado de deterioró, más que por el tiempo pasado, por el vandalismo que se suele cebar, desafortunadamente, con los lugares deshabitados.

Desde el museo-centro de interpretación turistica, creado recientemente en el pueblo, su directora, Julia Bruna, autora del estudio, “Del mundo agrario al mundo industrial. El cambio demográfico y social en Hiendelaencina (Guadalajara, siglos XVIII-XX)”, quiere crear una serie de rutas turísticas, un paseo por las minas que conformaron la historia del pueblo minero alcarreño. También existen unas centrales hidroeléctricas en el río Bornova que, gracias al difícil acceso a las mismas se conservan en bastante buen estado y son un atractivo turístico de primer orden por sí mismas. Especial mención merece también el poblado de La Constante, creado para los trabajadores de una mina en Gascueña de Bornova, del que prácticamente solo quedan fotos de aquella época.

Siendo más prudentes, desde el Ayuntamiento, a corto plazo planean abrir el museo que está prácticamente terminado y consta de una planta baja, donde se proyectarán videos informativos y una planta superior dotada de vitrinas, paneles explicativos y algunas maquetas de las minas y como proyecto a largo plazo, hacer visitable la mina Santa Catalina, que es la pieza mejor conservada, pero hacen falta inversiones y mucho trabajo, por ahora sólo se plantean, para el año que viene, la limpieza de los accesos y la consolidación de algunos antiguos elementos allí instalados. Pasos prudentes pero constantes, hacia un proyecto en el que las minas  pueden volver a producir todo el progreso que introdujeron en el siglo XIX, ya lo dice Ángeles Layuno, que, a base de ir con sus estudiantes es muy conocida y querida en el pueblo, “a veces me preguntan los del pueblo, ¿Ángeles, has encontrado el filón rico? y yo les respondo, he encontrado el filón más rico que ha habido nunca en Hiendelaencina, el patrimonio”.

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