Ferias y fiestas de Otoño en la Concordia. Fotografía de Alfonso Reyes, 1960. Archivo El Decano de Guadalajara. Ferias y fiestas de Otoño en la Concordia. Fotografía de Alfonso Reyes, 1960. Archivo El Decano de Guadalajara.

El pálpito del corazón de Guadalajara en el Paseo de la Concordia

Pedro José Pradillo presentó su libro sobre la historia del Paseo de la Concordia en la Biblioteca

Lugar de encuentro y de paseo, atalaya para ver los desfiles militares, plaza de celebración de actos religiosos, ubicación para juras de bandera, espacio para la música de la banda, recinto ferial, refugio antiaéreo, sede la la primera y única biblioteca municipal, zona de rally de vespas… Todo esto y mucho más ha sido el Paseo de la Concordia en sus 161 años de historia como zona ajardinada y parque (inaugurado 13 de junio de 1854), convirtiéndose en el centro neurálgico de la ciudad de Guadalajara, desde esa posición estratégica que ya se vislumbraba desde la Edad Media, como gran explanada fuera del recinto amurallado, que era sitio de alarde de caballeros y eras de pan trillar.

Todo esto lo cuenta de maravilla, con el dato histórico preciso y con un excelente referente gráfico de fotografías rescatadas para la memoria, Pedro José Pradillo,  técnico de Patrimonio del Ayuntamiento de Guadalajara y estudioso de la historia de la ciudad ,en su libro “El paseo de la Concordia, historia del corazón verde de Guadalajara”, que ayer tarde se presentaba en la Biblioteca Provincial, con la sala desbordada por un público que se sentía protagonista de una parte de esa historia que se narraba, con brillo de nostalgia en sus ojos cuando eran proyectadas algunas de esas imágenes en las que aparecía el Bar Remo, el kiosko biblioteca Cervantes, o las barcas voladoras.

remo

Y desde el recuerdo y el cariño explícito por este Paseo de la Concordia, que no parque, pues como Paseo lo reivindica quien ha escrito su historia, al conocimiento de su historia con píldoras condensadas de lo que Padrillo escribe, y una magnífica proyección, para acabar reivindicando que el Paseo de la Concordia sea declarado Jardín Histórico, con protección oficial de Patrimonio de Castilla-La Mancha, que evite reformas bárbaras , y que recupere su aspecto más tradicional, con su vocación de paseo, sus especies arbóreas caducas, que permitan el sol durante todo el año y su concepto de explanada, sin esos “horribles montículos ajardinados”, ni esas “fronteras abusivas”, tal como señalaba Pradillo. 

El propio libro, que Padrillo comenzó a documentar a raíz de esa exposición y folleto para el 150 aniversario del Parque de la Concordia, en 2004, y que ahora ha sido editado por AAche, es sufiente aval para esta declaración de Jardín Histórico, como apuntaba el concejal socialista, Manuel Granado, presente en la conferencia, tomando el guante lanzado por Pradillo, al igual que Susana Martínez, de Ahora Guadalajara, para promover la iniciativa en el ámbito municipal. El exlacalde, José María Bris, a quien Padrillo le reconoció haber mimado La Concordia, también se prestaba a empujar el proyecto, como hizo en su día con la iniciativa de declarar el Palacio del Infantado, patrimonio de la Humanidad.

Y es que el libro, que resulta de imprescindible lectura para todo el que se sienta guadalajareño, repasa de manera concienzuda toda la  la evolución y transformaciones que ha sufrido La Concordia a lo largo de la historia, su condición de espacio público referencial y sede de la celebración de diferentes eventos y conmemoraciones, descubriéndonos muchos detalles desconocidos para la mayoría, como ese proyecto municipal de Borobia - Ortego - Meden, presentado por el Ayuntamiento de Guadalajara en 1977, que a punto estuvo de desconfigurar todo el Parque de la Concordia, para convertirlo en mega espacio monumento a los Caídos.

Pradillo también nos cuenta que el nombre “de la Concordia“ sufrió modificaciones. En 1937 y durante 2 años, se llamó “Paseo de la Unión Soviética”; en 1939 cambió el nombre por el de “Paseo de Calvo Sotelo”, denominación que llegó hasta 1981. A partir de este año, el parque recuperó su nombre original.

borobia

Y las obras de adecuación que ha sufrido el Paseo de la Concordia desde su apertura, como la construcción en 1864 del escenario que sirve para la actuación de la banda de ingenieros y la construcción del muro con sillares de piedra tallada, en el talud de la Carrera en el año 1913, con el que se consigue un mirador y eliminar las escorrentías de agua y piedras hacia la puerta de Bejanque. La instalación en 1915 del templete de la música, que posteriormente y debido al nuevo trazado del parque, fue cambiado de ubicación en 1920 y la creación de ese paseo diagonal, en la tranformación de 1941, con el arquitecto municpal Antonio Batllé y Punyed (artífice del trazado en bulevar de la cruces), apara enlazar la Plaza de Santo Domingo con la calle de San Roque y que respondía a la necesidad de los mandos de la Academia de Infantería para la realización del desfile de los alumnos, siendo alcalde Enrique Fluiters.

También repasa esas esculturas de quita y pon que han configurado la imagen de La Concordia en  sus distintas épocas, desde la estatua de Venus en forma de fuente, llamada la “Mariblanca”, en 1949, o el monumento al general Pedro Vives,hasta el monumento a José Antonio en 1973, o el Neptuno del Jardinillo que también estuvo en su día en La Concordia.

Descubrir que el diseño original del parque, de Rodríguez Quijano y Arroquia, responde al de un estadio griego clásico, que el muro de piedra data de 1913,  que en el subsuelo de La Concordia aún se conservan los restos de tres refugios antiaéreos de la Guerra Civil, con su sospechosa puerta de entrada en ese muro de Boixareu Rivera (Carrera de San Francisco como nombre antiguo, apuntaba Pradillo para quiene ahora quieren cambiar el nombre), o que los pilares de la entrada no llegaron hasta 1955, cuando era Parque de Calvo Sotelo, fueron algunas de las perlas de la conferencia de Pedro José Pradillo, que están bien engarzadas en su libro, con todos los antecedentes, y esas fotos buscadas en los archivos, pero también en los cajones de muchos guadalajareños.

Es la historia, pero también el pálpito de La Concordia como corazón de la ciudad, que tan acertadamente nos cuenta Pedro José Pradillo.

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