En el techo del mundo, pero en el suelo de la democracia

El VI Festival de Cine Solidario de Guadalajara está dedicando esta edición al Tíbet. Además, ha rendido homenaje a Vicente Aranda

El Lama Wangchen con Johan, el artista que ha pintado el cartel./ Gracia IglesiasA lo largo de 49 años de ocupación, el Gobierno chino ha ido facilitando el asentamiento de ciudadanos de su país en el Tíbet. En la actualidad, hay nueve millones de chinos viviendo en el denominado ‘Techo del mundo’, frente a los seis millones de tibetanos que aún resisten en su tierra.

Así las cosas, si ahora el Dalai Lama llegase a un acuerdo con Wen Jiabao, primer ministro chino, y retornase al Tíbet “instauraría la democracia, que es en lo que nosotros creemos. En las votaciones, ganarían los chinos y pondrían a uno de los suyos mandando... Pero no queremos pensar tanto”. Esta reflexión la realizaba el Lama Thubten Wangchen, embajador de Tíbet en España y director de la Fundación Casa del Tíbet, que ha sido invitado por el Festival de Cine Solidario de Guadalajara, Fescigu, para tener información de primera mano sobre el país al que este año presta más atención el festival.

Durante su discurso, al Lama no se le veía frustrado o triste, explicaba la lamentable situación en que se encuentra el Tíbet desde hace casi medio siglo con tranquilidad. Con frecuencia, reía. Una risa espontánea, contagiosa, fresca, que trasmite tranquilidad y provoca que sientas afinidad con él. Es esta actitud la que denota la aptitud con que se enfrentan a la situación de ocupación. Esto y sus palabras: “Estamos tratando de encontrar una solución a través de la paz. Hay muchos jóvenes que están hartos y dicen que habría que tomar las armas, pero el Dalai Lama no quiere eso, dice que mientras esté vivo no quiere luchas”.

Sin embargo, las conversaciones con el Gobierno chino no están dando sus frutos. Wangchen explicaba que el Dalai no ha hablado con Jiabao en persona, “por miedo a que lo capturen o algo peor” y ha mandado delegaciones a que hablasen con representantes chinos.

“Las reuniones discurren de la siguiente manera: les saludan, les enseñan fábricas y después de varios días dicen que se han quedado sin tiempo para hablar, que lo harán en la siguiente ocasión. Esto se ha repetido ya siete veces”. La última de ellas fue en julio, justo antes de las Olimpiadas –que los tibetanos miraban con un optimismo que se vio frustrado–. Tras estas conversaciones, quedaron en reunirse para octubre. “Ya estamos en octubre y no tenemos noticias de la fecha de reunión” apuntaba Wangchen –otro lo habría recriminado–.

Si el techo está mal...

El Lama, que lleva viviendo en España 25 años, ha estado luchando por el Tíbet desde la lejanía. Su última acción fue la semana pasada, cuando viajó al Parlamento Europeo para entrevistarse con el Presidente de turno de la UE y explicarle que es necesario que la comunidad internacional tome parte de verdad. “Yo sé que los acuerdos económicos son importantes. El Tíbet no tiene con qué comerciar, pero podemos aportar al mundo espiritualidad y paz”.

Afirmaba vehemente que son conscientes de que hay muchos lugares en el mundo que sufren numerosos problemas y no sólo en los países del Sur. “Sé que España también tiene sus problemas, como la crisis económica” decía y añadía “es curioso que se preocupen ahora de la crisis. Llevan mucho tiempo con una crisis de espiritualidad que a nadie le ha importado. En esto podemos ayudar nosotros, unos simples monjes budistas”.

Para reforzar su argumento, exponía que es necesario que el Tíbet esté bien porque “es el techo del mundo. Si el techo está mal, toda la casa irá mal. No hay edificio que aguante si tiene mal el tejado” aseveraba Wangchen.

Sueño de libertad

De esta forma, mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado, China continúa su ocupación. “Parece que es poca cosa porque cuando miras el mapa ves la India de color rojo grande, China de color amarillo grande y el Tíbet se ve pequeño, pero es cuatro veces España, es un gran territorio” explicaba el Lama.

Además, informó de la riqueza natural tibetana, que es sorprendentemente abundante. “Tenemos uranio, minas de oro, cobre y otros metales. Además, tenemos unos bosques muy grandes. La mayoría de los grandes ríos asiáticos nacen en el Tíbet. Mientras estamos hablando, los chinos están explotando nuestras riquezas” afirmaba Wangchen.

A esto, hay que sumarle que China ha construido en territorio tibetano un almacén de residuos nucleares, donde guarda basura nuclear a otros países a cambio de grandes cantidades económicas. El Lama insistía: “esto es peligroso, porque si el techo está mal, toda la casa estará mal y el Tíbet se denomina ‘techo del mundo’ ”.

Por eso, con humildad, recordaba que necesitan la ayuda de todos, que la comunidad internacional se conciencie y les ayude a recuperar su territorio. “Llevo mucho tiempo luchando por mi pueblo y seguiré haciéndolo, dando a conocer lo que está pasando, hablando,que es lo único que un monje como yo, que no lleva armas, puede hacer. Seguiré explicando mi problema a todos los ciudadanos del mundo que me escuchen”.

Ahora, somos los guadalajareños los que hemos tenido ocasión de conocer de primera mano los problemas del Tíbet.

Inauguración del Festival

Y no sólo los alcarreños de a pie, sino también nuestros cargos electos. Durante la inauguración del Fescigu, la consejera de cultura, Marisol Herrero, la delegada del ramo, Riansares Serrano y la concejala de Cultura del Ayuntamiento arriacense, Isabel Nogueroles; charlaron con el Lama y atendieron con interés sus explicaciones sobre el drama tibetano. El director del Fescigu, Luis Moreno, lo presentaba y escuchaba también con atención.

Aunque no todo fueron tristes noticias de Oriente. También, desde esta zona del mundo llegaron nuenas vibraciones. Las que brotaban de los cuencos tibetanos que hizo sonar Francis, un maestro catalán que cura a través de la música. Además de cuencos, se disfrutó del tonante y grave sonido del didgeridoo (instrumento de viento típico de los aborígenes australianos, alargado y de gran sonoridad).

Hecho en…

El concierto dio paso al inicio del Festival como tal. Las presentadoras del evento, Montse de la Cal y Chus de la Cruz, dieron paso a la primera sección del certamen: “Hecho en Castilla-La Mancha”. Los asistentes descubrieron a través de diversos cortometrajes realizados en la región, gracias al apoyo de la Junta, qué son capaces de hacer con una cámara al hombro los directores castellano-manchegos.

“El cine es un arte comprometido que cada día nos aporta más y sirve para conocer a otras culturas” afirmaba la consejera, algo muy patente en el Fescigu, que en 2007 nos acercaba al pueblo Saharaui, mientras que 2008 lo dedica al Tíbet. Es este carácter el que hace que parezca a ojos de la consejera “un festival digno de apoyo y de contar con proyección nacional e internacional”.

Herrero concluyó definiendo el Fescigu como un festival de “cine solidario, humanista, testimonial” y el “más importante” de todos cuantos se realizan en España sobre esta materia.

Aranda, tan grande

El último acto de la inauguración fue el homenaje a Vicente Aranda. El directo acudió de nuevo a Guadalajara invitado por el Fescigu, que para homenajearle ha realizado el documental “Aranda: 44 años de pasión por el cine”.

Cinefilia se ha puesto en contacto con Imanol Arias, Eduardo Noriega, Pilar López de Ayala, Victoria Abril, Josep Rosell y otros colaboradores del veterano director español a klos que ha preguntado acerca de Aranda.

La producción resultó bella, cercana, cariñosa y un poco socarrona, como el propio director que, a la conclusión, afirmaba “es muy bonito, pero muy abrumador” con una secillez que llegaba al corazón.

Después de los halagos, se puso a disposición del público para mantener un coloquio con ellos, que la directora Cecilia Bartolomé moderó. Antes de contestar las cuestiones de los asistentes al Teatro Buero Vallejo, que es donde se están llevando a cabo todas las actividades del Festival, los entrevistados en el documental de cinefilia también aprovecharon para preguntar a Aranda.

El directos hizo gala de su simpatía, arrancando la risa del público en varias ocasiones, como cuando decía: “Han insistido mucho en mi edad, diciendo que tengo 82 años, pero tengo sólo 81, que hasta fin de año no los cumplo…” y añadía que recordaba la frase de Francisco Ayala (“creo que es suya, pero no estoy seguro”, matizaba) que a los 95 años le propusieron hacer algo y contestó: “no sé si podré porque ya no tengo 80 añitos”. Genial.

Tras la charla, todos los asistentes se trasladaron al Cabaret Café para compartir impresiones en torno a un cóctel al que invitaba el Festival. Buen momento para charlar y recordar. Aranda, por ejemplo, hacía memoria y señalaba “pues sí, yo estuve en Guadalajara rodando las dos partes de “El Lute”, en los exteriores de la cárcel, que entonces, aún funcionaba, los interiores los grabamos en otro sitio”.

El Lama reía y atendía a todos amable. Tendremos la oportunidad de seguir hablando con ellos mañana, porque en la gala de clausura, Aranda entregará el premio que lleva su nombre. Un honor.
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