Leilani Torres junto a algunas de las nadadoras de categoría Alevín Leilani Torres junto a algunas de las nadadoras de categoría Alevín

Aprendices de sirena

Guadalajara cuenta con un creciente equipo de natación sincronizada

Guadalajara vive deportivamente una curiosa paradoja. Es una ciudad de secano, pero posee una ingente cosecha de estupendos nadadores y socorristas; y de clubes que los apoyan. Por eso resultaba extraño que, hasta ahora, no se hubiese consolidado en la provincia una disciplina en la que España bate registros en cada cita internacional, como es la natación sincronizada.

Algo que finalmente está cambiando, ya que el Club Arriacense de Natación hace temporada y media que se decidió a dejarse persuadir por la ex nadadora olímpica puertorriqueña Leilani Torres para configurar un plantel que, poco a poco, va dando sus frutos, como demuestra la medalla de bronce lograda en marzo pasado, en el VIII Open de Escuelas Comunidad de Madrid.

“Al principio fue súper lento porque es todo un experimento de a ver si funciona, quien va a venir, a quien le va a interesar…”, relata Torres. De una conversación informal en 2009 entre ella y José Alejandro García –responsable del Arriacense- se pasó a montar el equipo en 2012 y, ahora, hay ya un grupo de iniciación, dos de alevines y otro en categoría Infantil, que entrenan dos veces por semana en la piscina Fuente de la Niña; o “Sonia Reyes”, a gusto del consumidor.

Mientras las más pequeñas se ejercitan fuera del agua, sus compañeras un poco mayores tratan de coordinarse para hacer algunas figuras dentro de la piscina. Además del estiramiento de rigor, las primeras “están aprendiendo la remada estándar, que utilizamos para desplazarnos en el agua y para flotar; y luego la patada batidora, que es con lo que las nadadoras se mantienen con el tronco fuera del agua”, según explica Patricia, que ayuda a Leilani con los entrenamientos.

Lo principal es el control del propio cuerpo en el agua, como cabría imaginar. “En la natación sincronizada tienes que ser elegante, moverte con cierta gracia y hacer unas posiciones específicas”, afirma la entrenadora. Y eso es lo que trata de inculcarles a sus pupilas, que este año han aumentado en ocho niñas en Iniciación y, al menos, otras tres más por cada una de las otras categorías, es decir, nueve.

“La competición de escuelas motivó mucho a las niñas y es lo que les ha traído a ir hablando más sobre el deporte, a interesarse, a traer amistades y a que nuestro equipo crezca”, detalla Leilani, que este año tiene planes más ambiciosos para sus chicas: “con metas, con unos objetivos más marcados y también relacionándonos más con la Federación [Madrileña de natación]”.

Una vez las componentes del equipo saben manejarse en el agua individualmente, llega el momento de aprender coreografías. Obviamente, lo importante es la sincronización y, luego ya, “cuando son un poquito más avanzadas, entonces sí que se empiezan a hacer figuras unidas”. El nivel de dificultad, como en todo deporte, va in crescendo con la experiencia.

¿Y la música? También se aprende. Primero, a llevar el tempo. Dice una cita atribuida a José Hierro, que “el ritmo es lo que hace a la poesía persuasiva y no informativa”; pues aquí lo mismo. En el compás está la gracia de una sirena. “La cuestión es contar la música, siempre usar una que lleve un tempo marcado para que las niñas lo relacionen”, dice Torres, que fue seleccionadora juvenil de Dinamarca hace unos años.

“Igual se aprenden el tono de la canción, o en qué parte están haciendo cierto movimiento y luego repetir, repetir y así lo aprenden seguro”. La melodía, pues, va por dentro. Del cuerpo y del agua, ya que “hay una cosa que muchas personas no saben: tenemos un altavoz subacuático”.

Un deporte disciplinado

En cada entrenamiento las niñas trabajan -y se divierten- una hora en el agua y media fuera de ella. Por eso es vital “sacarle el jugo” al tiempo y aplicar una buena dosis de disciplina; algo que le ha traído alguna que otra polémica a la Selección Española por exceso, aunque en Guadalajara no llega a tanto la cosa.

Leilani insiste en que este último aspecto es “súper importante” para que no se nos vaya el vino en catas, que diría alguno. Disciplina y, también, constancia, “ser bastante exigente y repetir, repetir, repetir”, insiste de nuevo. Reiterar no sólo el ejercicio, sino también las correcciones. “Me canso de decir lo mismo y ellas de escucharlo, pero es que así es el deporte, una constante repetición, un trabajo constante. Y sí, es fuerte, bien fuerte”, admite la entrenadora.

A los padres hay que explicarles lo positivo de esto: “hay unos que les gusta la disciplina; hay otros que no están tan seguros de si quieren tanta […] Hay que buscar una mitad feliz”, bromea Leilani, que utiliza argumentos de peso: “necesito que trabajemos todas como un equipo, porque es lo que nos hace progresar. Eso lo entienden y lo agradecen, porque ellos también quieren que sus niñas sean parte de un equipo”, dice.

Eclosión a partir del maquillaje

Como en todo, también tiene que haber apartados más lúdicos. Por ejemplo, durante el campus de verano de natación sincronizada que organiza el Club Arriacense, y que va por su segunda edición, la veintena de niñas que participaron aprendían a coser bañadores, a ponerse gelatina neutra en el pelo para fijarlo adecuadamente, a bailar al ritmo de la música o a maquillarse para una competición.

“La forma de nadar de ellas al tú maquillarlas es totalmente diferente […] Se sienten en situación de competición”, precisa la preparadora, que describe la necesidad de que también haya estas actividades para que lo puramente deportivo no se les haga pesado a las nadadoras. “Queríamos que además de que conocieran el deporte pudieran interactuar con las demás niñas, que se sintieran cómodas”, subraya Leilani mientras manda a las infantiles hacer unos largos en la piscina y evita que se prolongue la cháchara junto al bordillo.

El orgullo del progreso

“Tengo que intentar que hagamos una exhibición aquí en Navidad. Igual una rutinita de un minuto, que a ellas les entretiene mucho y los padres lo agradecen, porque van viendo el progreso” de sus hijas, dice la “míster” del equipo, que no disimula su satisfacción al describir el “orgullo” que muestran las niñas cuando prueban una figura y les sale correctamente. “Por eso siguen viniendo, porque sienten que estamos haciendo algo diferente”, aprecia sin vacilar.

Así también salió un poco la medalla en la competición madrileña. “Estábamos todos en una nube”, dice Leilani que, en un principio, sólo pretendía “que estuvieran sincronizadas […] que se vieran como un equipo” y, no obstante, vio como se traían algo más que eso de premio al esfuerzo realizado.

Para quienes quieran participar, es importante sobre todo saber nadar. El club hace pruebas porque la intención es enseñar directamente natación sincronizada. Con todo, lo principal es “que vengan con la mente abierta, a aprender cosas diferentes y a probar, porque la sincro no te va a salir de un día para otro”. Transformarse en sirena lleva su tiempo, no vale sólo con haber nacido en Guadalajara, esa curiosa tierra sin mar, pero repleta de magníficos nadadores.

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