FOTO: ARCHIVO FOTOGRAFICO "MARCELINO ROA". Fondos del CEFIHGU. www.cefihgu.es FOTO: ARCHIVO FOTOGRAFICO "MARCELINO ROA". Fondos del CEFIHGU. www.cefihgu.es

Cines de Guadalajara: La caída del Imperio

Con el derribo del Cine Imperio, se cierra una parte imprescindible de la historia cinematográfica de la ciudad de Guadalajara. El Teatro Cómico/Cine Imperio, otrora conocido como cine Novelty “La Bombonera” o Cine Isabelo Romano, inaugurado en 1911 por el empresario Marcelino Gómara,  fue la primera sala arriacense que se diseñó directamente, además de para teatro, para proyección cinematográfica, incluyendo algunos elementos fundamentales como la cabina de proyección. Pero la historia de la cinematografía en Guadalajara es extensa, incluimos aquí un repaso de los principales locales desde 1897 hasta 1995, año este último, de la apertura de los Multicines Guadalajara, salto cualitativo desde el punto de vista de la oferta cinematográfica, que puso fin a las salas de proyección única, objeto de este reportaje.


Nombres como cine Imperio, cine Moderno, Coliseo Luengo, cine la Prensa, terraza Imperio, terraza Actualidades, forman ya parte del recuerdo de aquellos que tenemos ya algunos años, salas de cine desaparecidas, referentes del pasado en una Guadalajara bastante diferente a la actual, pero que conserva al menos las calles, que nos servirán de guías en una visita nostálgica. Aunque habrá que empezar mucho antes.

El cine en Guadalajara ya comenzaba hace dos siglos, en el lejano 1897 con el Teatro Principal de Guadalajara, aunque también había, desde 1898, decenas de barracas de cine que se instalaban, a partir de las fiestas de octubre (lo que serían las ferias actuales) en las Plazas del Jardinillo (o Diego García) y Santo Domingo (o Marlasca), así como en el Paseo de la Concordia.

1897-1911 “¡Cinematógrafo, sí…pero decente!”

Vayamos por partes. El Teatro Principal, era propiedad del Ayuntamiento de Guadalajara y se situaba en la calle Mayor Alta y plaza del Jardinillo, prolongó su existencia hasta los primeros años treinta, cuando fue derribado para levantar en su lugar el actual edificio del Banco de España. Los días 13, 14 y 17 de noviembre de 1897, organizadas por el empresario ambulante Antonio de la Rosa, con Ezequiel Castelló en calidad de arrendatario del Teatro y siendo alcalde de la ciudad Manuel María Valles, se celebraron las primeras funciones de cine en Guadalajara, que corrieron a cargo de una compañía “ilusionista, nigromántica, cinematográfica y de fantasía” de la que formaba parte Madame Baylach, una adivinadora del pensamiento. A partir de 1899 y hasta 1926, año en que se proyectaron las últimas películas, el vetusto coliseo experimentó reformas de mayor o menor importancia casi todos los años. En 1905 ciertos filmes picantes suscitaron combativos comentarios de prensa, como el titulado “¡Cinematógrafo, sí... pero decente!”, textualmente según el rotativo La Crónica:

“Nos ruegan muchas personas, dignas por todos conceptos de ser atendidas, llamemos la atención al empresario del Teatro, con el fin de que cuando se celebren sesiones cinematográficas no se exhiban al público cuadros de la ínfima calidad del titulado Primera noche de boda, que el domingo anterior dio lugar a que algunas señoras y señoritas se retirasen de sus localidades y otras hiciesen marcadas muestras de desagrado por presentar escenas que atentan con descaro a la moral y a la decencia. De seguir por el camino iniciado, verá la empresa alejarse del Teatro –que siempre fue escuela de buenas costumbres- a las muchísimas personas que acuden allí y que todos sabemos es el punto de reunión de la gente de buen tono”.

 En 1909 se ensayó por primera vez en Guadalajara la combinación de cinematógrafo y fonógrafo, es decir, una especie de primitivo cine “sonoro” gracias a la precaria sincronización de las imágenes con sonidos grabados en cilindros de cera. En 1913 la empresa de José Sáenz instauró las “soirées cinema-artísticas” o “jueves de moda” para proyectar películas de las casas francesas Pathé Films o Gaumont que por su alta calidad y gran duración (de entonces datan, en efecto, los primeros medio y largometrajes) no podían pasarse en las habituales sesiones de cine con números de variedades intercalados (o, más bien, al revés). Hacia 1912-1913 Emilio Vico Blas, sastre y cartero, explicaba al público los argumentos de los filmes mudos que carecían de rótulos.

Un año después de la apertura del Teatro Principal en 1897, comenzaron a instalarse decenas de barracas de cine, principalmente durante las fiestas de octubre, en las plazas del Jardinillo (o Diego García) y Santo Domingo (o Marlasca), así como en el paseo de la Concordia, las cuales pronto ostentaron pomposas  denominaciones: por ejemplo, Cinematógrafo de la Sociedad Fonográfica Española (1902), Palacio de Proyecciones (1907), Palacio Luminoso (1909-1910) y Salón de Variedades (1910-1911).

En 1905 se anunció la proyección en la barraca de Maximino Centenera, situada en la plaza del Jardinillo, de la cinta que recogía los trabajos de desmonte en el entorno del panteón de la condesa de la Vega del Pozo, una película de la que nada más sabemos, pero que sería, a día de hoy, la segunda más antigua impresionada jamás en Guadalajara y la primera rodada y vista aquí (la primera, posiblemente sea el reportaje de la visita de Alfonso XIII al parque aerostático y otros lugares de la capital en 1904, que se conserva en la filmoteca española).

El Salón de Variedades de la plaza de Marlasca fue clausurado por el gobernador civil aduciendo incumplimiento de determinados requisitos legales (en esta ocasión el cine era inocente, pues el verdadero problema radicada en los escándalos provocado por los repetidos “deshabillés” y “obscenidades” de una escultural artista de variedades), y aunque los responsables del local intentaron enajenarlo y hasta burlar sin éxito la orden mediante su apertura sin permiso, el último gran barracón cinematográfico de Guadalajara fue derribado en junio de 1911.

También en los años diez se exhibieron películas en el Cuartel de la Compañía de Aerostación (en el día de San Fernando) y al aire libre en el paseo de la Concordia, en el paseo de las Cruces (o del doctor Fernández Iparraguirre), en la plaza del Conde de Romanones (hoy de los Caídos) y en el jardín del Casino.

FOTO: ARCHIVO FOTOGRAFICO "MARCELINO ROA". Fondos del CEFIHGU. www.cefihgu.es

1911. Teatro Cómico/Cine Imperio. Programa de hoy: Cine

En el año 1911, el 15 de octubre se inauguraba el Teatro Cómico/Cine Imperio. Los programas incluían proyección de películas. Este Teatro Casino de la calle Alfonso López de Haro y plaza de Bradi (construido a espaldas de la iglesia de San Nicolás en parte del jardín de Valentín Ayuso), cuyo propietario y primer empresario fue Marcelino Gómara, uno de los pioneros del negocio del cine en Guadalajara.

Reformado en 1933 por el empresario Florencio Perrote, se convirtió de inmediato en el Cine Novelty (conocido popularmente como La Bombonera) y en el periodo republicano canalizó un público de clase media.

En 1936 sufrió un incendio que afectó gravemente al escenario. Durante la guerra fue rebautizado como Cine Isabelo Romero y después de este periodo  pasó a denominarse Cine Imperio, con el que ha llegado hasta nuestros días, si bien se encuentra cerrado desde hace años, en un estado de total abandono y bajo permanente amenaza de demolición, la cual ha sido llevada a cabo ahora por mandato del Ayuntamiento de Guadalajara.

Cartel de mano troquelado del cine del teatro Liceo 1945.

1920. El Cine pasa a ser espectáculo habitual de masas

Sería en 1919, el 14 de octubre, cuando se abrieron las puertas del Teatro Casino o Teatro Liceo de la calle del Carmen.

Lo hizo con una representación de zarzuela, pero ya a principios de 1920 se organizaron sesiones de cine. En este aristocrático teatro se celebró el día 11 de mayo de 1929 la primera proyección en nuestra ciudad de cine con sonido óptico (es decir, registrado fotográficamente sobre la misma película portadora de la imagen) por el procedimiento Phonofilm patentado por el norteamericano Lee de Forest, con un programa consistente, entre otros números, en tangos argentinos por la Orquesta Boor, jotas por Chacón, un recital de cuentos por el payaso Ramper y bailables argentinos por la pareja Lime y Marieta.

 En junio de 1930 se exhibió en prueba y con sonido sincronizado por el sistema Filmófono (dos discos gramofónicos en sendos platos giratorios) la película de José Buchs El guerrillero Juan Martín el Empecinado, casi cuatro meses antes del estreno oficial en Madrid.

Los empresarios del Teatro, señores Trabado y (desde mayo de 1932) Jiménez de la Plata, fueron los verdaderos impulsores del cine sonoro en Guadalajara. Prueba de ello es que, el 26 de marzo de 1932 se inauguró la temporada de primavera de cine hablado y musical con la proyección de la Revista Sonora Fox, dibujos animados de la Universal y el filme de D. Howard Del mismo barro, y el 23 de marzo de 1933 se inauguró la primera instalación fija de cine sonoro en la ciudad (un equipo RCA Photophone de la casa SICE) con la película de la Paramount El teniente del amor.

Durante la guerra, el local fue incautado por el grupo juvenil comunista Prensa y Cultura y pasó a llamarse Cine Teatro del Pueblo, antes de adoptar una vez terminado el conflicto el nombre de Teatro Liceo y sucumbir ante la picota en el aciago año de 1965.



1933. El cine sonoro se asienta definitivamente en Guadalajara

En 1927 abría sus puertas el Teatro Ateneo Instructivo del Obrero en la calle Enrique Benito Chavarri, recibió la denominación de Cinema Ateneo en coincidencia con el momento en que la casa Julio César, su arrendataria, dio comienzo a las funciones regulares de cine.

 Meses después, el 19 de agosto, se proyectaron en sesión reservada a autoridades, periodistas y otros invitados las primeras películas rodadas por Tomás Camarillo en Guadalajara.

En agosto de 1933 Félix Jiménez de la Plata tomó las riendas del Cinema Ateneo e instaló los equipos de cine sonoro en octubre, como también hizo Florencio Perrote en el Novelty, por lo que 1933 debe ser considerado el año de la definitiva y completa implantación del cine sonoro en Guadalajara.

 Ya con la denominación de Cine Moderno experimentó reformas en 1944 (cuando se transformó en la primera sala de la ciudad con dos proyectores) y en 1960. La remodelación integral del año 1995 le cambió parcialmente el nombre, fijándolo en Teatro Moderno.

También podríamos citar el Cine de Acción Católica y el Cine Victoria, inaugurados ambos en 1953. El segundo de ellos, situado hasta su desaparición en los años sesenta en los bajos del nuevo edificio del Casino, respondió a la iniciativa de un vecino de Chiloeches, fundador de la sociedad de inversión Apis Alcarreña.

Como no recordar también el Cine La Prensa de los años setenta (el de los legendarios programas dobles que a veces duraban hora y media) y para las actividades del efímero Cine-Club Estudio (1952), el Cine-Club Don Bosco (1973) y el Cine-Club Alcarreño (1976), éste con casi treinta años de funcionamiento, porque sus proyecciones, verificadas en lugares tan dispares como el Colegio Salesiano, el Cine La Prensa, el Salón de Actos del Centro Cívico Municipal y el Teatro Moderno, han alimentado todo este tiempo la cinefilia de miles de guadalajareños. En la actualidad no esta del todo claro cual será su sala de proyección, no ha acabado su peregrinaje.

Cartel de mano troquelado del cine de la Terraza actualidades.



1946 Las terrazas de Guadalajara

Existieron una vez en Guadalajara, cines al aire libre, las desaparecidas terrazas de verano: Cine España (1946), construida por Protasio Luengo, la Terraza Imperio (1951), obra de Florencio Perrote, y la Terraza Actualidades (1950), junto a la capilla de Luis de Lucena, de la que fue gerente el mismo señor Cascajero, promotor luego del Cine Victoria. Por otro lado, el Auditorio Municipal y su cine de verano se inauguraron en 1985.

Los empresarios de las primeras terrazas eran también los empresarios de algunas salas cerradas (Imperio, Coliseo Luengo y Cine Victoria).

1968 El Coliseo Luengo, el gran cine

El Coliseo Luengo fue, en el momento de su apertura, la sala de mayor aforo de la ciudad. Ocupó el solar de la terraza de verano Cine España. El fallecimiento en 1994 de su propietario, Salustiano Luengo, y la irrupción de los Multicines Guadalajara, que pronto acapararon gran parte de la demanda, condujeron a su cierre en febrero de 1996 (casi exactamente cien años después de la primera función de cine en el Principal), lo que, por añadidura, dejó a Guadalajara huérfana de un espacio adecuado para representaciones teatrales hasta la entrada en funcionamiento del Teatro Antonio Buero Vallejo.

Esta es la breve historia de las salas cinematográficas en nuestra ciudad, cuando uno pasea por sus calles y recuerda los viejos emplazamientos le da por plantearse, “¿Cómo serían estas salas?”, “¿Tendrán algo que ver con los actuales multicines?” Con la destrucción del Cine Imperio sólo nos dejan el Teatro Moderno como única respuesta, y unas imágenes que poco a poco se van apagando como si se tratase de un fundido a blanco.

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