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La esencia de la Alcarria

La esencia de la Alcarria

En pleno estío, desde principios de julio a mediados de agosto, la Alcarria brinda su última bocanada de primavera con las floraciones del espliego y el lavandín.  Lo saben las abejas, que apuran en esta época su recolección de pólenes y néctares, pues es ésta su mejor despensa para aguantar el frío invierno, tras  haber agotado la escasa floración de romero allá por mayo. Es la cosecha de medianil de la miel, plagada de aromas de mil flores que con merecida fama se ganó el nombre de la tierra. Y lo sabe el caminante, que encuetran en los paseos de verano, al caer la tarde y cuando la calima lo permite, el embriagador  aroma, casi mareante, de estos matojos, que se agarran al páramo como lapas.


Antaño, según acababa la cosecha de cereal y la mies ya estaba trillada, volvían las hoces a los campos a por el espliego, en los pueblos de la Alcarria y aún en los de la sierra molinesa.  Las mujeres se daban buena maña con las zoquetas, para recolectar estas otras espigas moradas, que no dan harina, sino esencia. Primero se cosechaban los sitios con mayor abundancia y lozanía  y, por último donde las matas estaban más separadas y tenían menor altura. Más altura de tallo significaba más peso recogido con el mismo esfuerzo. Puesto que la planta se vendía por arrobas a las destiladoras, la trampa consistía en cosechar a primeras horas del día, para que el rocío sumara peso. 

El aceite, que procede de la flor espigada, se obtenía después en los mismos alambiques que en el invierno servían para fabricar orujos. Con esta esencia se perfumaba las aguas de colonia y los jabones de grasa y sosa, aunque también se llevaba a la botica, para recetas curanderas.

Historia de una maleta

Esta tradición es harta conocida y se guarda en la memoria de muchos pueblos. Lo que ya no es tan conocido, es que fue  precisamente en la Alcarria, donde se "domesticó" el cultivo del espliego, con una variante híbrida, el lavandín, allá por la década de los sesenta, cuando la emigración del campo a la ciudad había dejado ya en desuso casi todos los alambiques.

Según cuenta Juan José Lope, cuya familia mantiene la destilería de aceites esenciales más veterana de las tres que hay en la Alcarria, todo empezó con una maleta.  Ángel Mayoral, un vecino de Barriopedro, que marchó a la vendimia a Francia, vio las plantaciones de la Provenza y cuando terminó la vendimia, en octubre, se trajo unos cepellones en la maleta,  los sembró en Fuentelaencina pero no agarraron. Como tenía una hermana en Francia iba todos los años, siguió probando hasta que agarraron. "Fue él, quien introdujo el lavandín en Guadalajara y en toda España", asegura Lope.

Al principio fue todo un "boom", con pleno convencimiento de muchos agricultores sobre la rentabilidad del cultivo, por encima de la de los cereales. "El problema fue la comercialización. No se unificaron las esencias. Unos agricultores le echaban alcohol, otros no, había muchos tipos de planta... Las casas de perfumería y cosmética dejaron de confiar en el producto nacional y se fueron a Francia", relata este joven agricultor, cuyo padre  inició el cultivo en 1967 en el municipio de Cogollor, en esa época dorada, en la que en la Alcarria se podían contabilizar casi 2.000 hectáreas preñadas de lavandín.

No hubo profesionalización ni llegó la modernización y poco a poco se fue abandonando el cultivo, salvo honrosas excepciones, como la familia Lope, en la que tanto el padre como los dos hermanos, Juanjo y Rubén,  han hecho de la esencia su modo de vida. Fue posible porque se apostó por nueva maquinaria, como la cosechadora específica, la investigación en viveros y sobre todo por poner calidad en el mercado, "porque es el único modo en que esto puede funcionar".

A pesar de ser un cultivo que no goza de ninguna subvención oficial, dentro de las ayudas de la Política Agraria Común, PAC, Lope no sólo confía en la rentabilidad de esta producción, sino que trata de convencer a otros agricultores.

Suya fue la iniciativa de promover una asociación nacional, ANIPAM, y tratar de defender un apoyo de la Administración a este cultivo, apoyo del que sí gozan los agricultores valencianos. Quieren apoyos, pero Lope advierte que si llegan las subvenciones habría que limitar el número de hectáreas, para no hundir el mercado.

Para este alcarreño, cuyo compromiso con el campo es total -"es lo que más me gusta", la mejor ayuda administrativa sería cambiar la mentalidad del agricultor, pues este es un cultivo que no empieza a producir hasta el segundo año de plantación, y al cien por cien en el tercero y que precisa una maquinaria específica. La planta dura unos 14 años.

"La rentabilidad está más que demostrada. Cada hectárea de lavandín produce 80 kilos de esencia, con unos rendimientos medios. En el mercado el precio de la esencia es entre 20 a 22 euros el kilogramo, dependiendo de la variedad. Aún restando los gastos, se duplica el rendimiento obtenido por la cebada o el trigo. Y eso teniendo en cuenta que los precios de mercado los controla Francia, que es donde se concentra el mayor cultivo y la mayor industria cosmética, a la que principalmente va dirigida los aceites de esencias".

Por lo demás, el cultivo no tienen grandes complicaciones. No se labra, necesita fertilizantes y herbicidas similares a los del cereal, y al tiempo que se cosecha, cortando los tallos, se tritura, para ser destilado inmediatamente, por un proceso de vapor de agua, condensación en el serpentín y decantación después del aceite en un vaso flortentino, en virtud a las distintas densidades del agua y la esencia.

En la actualidad hay cerca de 1.000 hectáreas de lavandín (un híbrido de la Lavanda) repartidas por toda Guadalajara, aunque las plantaciones se concentran sobre todo entre Brihuega y Cogollor, siendo esta última la plantación más antigua. En Cogollor con unas 240 hectáreas cada campaña destilan entre 8 o 10 toneladas de lavandín, más 1 o 2 toneladas de aceites esenciales.

Guadalajara es la principal productora de cultivos de aromáticas en Castilla-La Mancha, seguida de Albacete, con unas 300 hectáreas y Cuenca con 150.

Juanjo

La destilación

Es en agosto cuando se cosecha el lavandín y se lleva a cabo todo el proceso de destilación. Cada proceso de destilación dura dos horas y 24 minutos, con lo que en un día se llegan a llenar 12 tanques, con 1.200 kilos cada uno. 

La destilación de las plantas aromáticas consiste en separar o ariastrar, por medio de vapor de agua, los aceites esenciales que contienen las partes de la planta sometidas a este proceso. 

Se utilizan calderas con una capacidad entre los 3.500  y 6.000 litros aproximadamente, que admiten una carga desde 500 a 1.500 kg de materia prima. Están dotadas de una rejilla perforada separada del fondo y entre el fondo y la rejilla se aloja el agua necesaria para producir el vapor correspondiente a cada destilación. Sobre la rejilla se coloca la planta, procurando evitar el contacto directo con el agua situada en la parte inferior. 

Los vapores procedentes de la caldera y condensados en el serpentín refrigerante se decantan en un recipiente denominado «vaso florentino», que permite la salida continua del agua mientras que el aceite esencial, menos denso, se acumula en la parte superior del vaso, de donde se extrae. 

Es muy importante evitar que quede planta sin destilar por encima de las 24 ó 48 horas desde su recolección. Cuanto antes se destile una planta, después de su corte, mejor calidad de aceite se obtiene. 

Conquistar el mercado y exportar

En el año 1999, junto a otros socios, la familia Lope realiza la apuesta más seria por la comercialización, creando "Alcarria Flora". Recogen la experiencia de más de veinte años de producción, pero con un concepto de máxima modernidad, y un control analítico en  la obtención de aceites especiales de espliego, lavandín (en sus tres modalidades más comerciales Abrial, Grosso y Súper). 

La producción de estos aceites esenciales se destina fundamentalmente a la industria de perfumería y cosmética, pero también tiene un importante desarrollo su aplicación en herboristería, medicina convencional, aromaterapia y alimentación, trabajando con las principales marcas nacionales.

Entre los compradores de estas esencias se encuentran firmas tan reconocidad como  Gal o Puig. "Una de las colonias del mercado que sé a ciencia cierta está hecha con el espliego de la Alcarria es la de "Álvarez Gómez", desvela Lope, aunque el 70% de su producción lo destina a la exportación a países como Francia y EEUU. La producción de Aceites Esenciales se destina fundamentalmente a la industria de Perfumería y Cosmética, también tiene un importante desarrollo su aplicación en Herboristería, Medicina Convencional, Aromaterapia y alimentación.

Esta planta de destilación de esencias de Cogollor, Alcarria Flira, es una de las grandes productoras nacionales y la más veterana de las tres que hay en la provincia. Las otras dos están en Brihuega, El Jardín de la Alcarria, funcionando desde 2006 y otras de reciente creación.

Las abejas encantadas

El valor añadido para este tipo de cultivo es que tanto el lavandín como el espliego, son plantas que alimentan a las abejas y materia prima para que elaboren esa miel tan peculiar de la Alcarria. En Cogollor, donde se concentra la mayor parte del cultivo de la provincia acuden cada año decenas de apicultores, a colocar cerca de 8.000 colmenas a la orilla de los campos aromáticos. De paso consiguen huir de los nefastos resultados que se produce en la miel cuando las abejas liban el girasol .

La presencia de las abejas favorece la floración del espliego, por el efecto de polinización, aunque en el caso del lavandín dicen que no funciona, puesto que esta planta carece de polen.

Esta simbiosis, sin duda es otro aliciente más para que la administración apoye el desarrollo de este cultivo en Guadalajara, según apunta Lope. De hecho, algunas de estas producciones de miel, significativamente aromáticas, también acaban en los laboratorios de cosmética.

En principio los apicultores no pagaban nada por estos asentamientos, pero ya hay quien les cobra lo que Lope llama burlonamente como "el impuesto revolucionario".

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También un recurso turístico

Al igual que la Provenza francesa ha sabido hacer de sus campos de lavanda, conocidos en el mundo entero, un recurso turístico, La Alcarria también quiere intentar esta apuesta con su patrimonio natural para poner en valor ese otro patrimonio de sus pueblos.

Desde 2012 se celebra la fiesta de la Fiesta de la Floración de la lavanda y las Jornada fotográfica del espliego en Brihuega. Un concierto en mitad de los campos de Lavanda con gin tonic aromatizado con lavanda, para poner el broche final, que fue una de las estampas más espectaculares del programa de televisión “Un país para comérselo”, de Televisión Española.

Encontrase un sábado de agosto varios autobuses de chinos fotografiando los campos de lavanda de Brihuega ya es una realidad. La Diputación de Guadalajara, consciente de este potencial, ya se ha puesto al habla con los productores de la zona y tiene en mente impulsar una Feria del Espliego, que sea foco añadido para el turismo.

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