Los feriantes, nómadas de la diversión Vídeo: Antonio Perez Díaz. Guadaqué.

Los feriantes, nómadas de la diversión

En vísperas de ferias, en esta ocasión inmersos ya en las fiestas de Nuestra señora la Virgen de La Antigua, la vida trata de recuperarse tras el el periodo vacacional; los planes de trabajo y los de ocio se superponen porque en esta castellana tierra es costumbre despedirse del estío con una buena fiesta. Antes el motivo era que las faenas del campo iban concluyendo y era momento de ferias profesionales, ganaderas, agrícolas, etc; hoy en día es simplemente la tradición. Y mucho de tradición tiene la feria y sus feriantes, los chiringuitos y su olor a fritanga y música a todo trapo. Con la pequeña ciudad de cachivaches festivos y casetas en plena construcción damos un paseo por el recinto ferial que este año se mostrará mucho más activo con la inclusión de actividades musicales en el gran escenario ubicado en la entrada de la rotonda de los Scouts.

Paseando la calle del ocio, que así se llama el paseo principal de las instalaciones del ferial no hallamos apenas público. Aún es demasiado pronto y la gente anda distribuida por la ciudad viendo exposiciones, que hay un montón de ellas muy interesantes abiertas, cuando no en los festejos dedicados a la alcaldesa de honor. Tendrán días de sobra para probar exquisiteces, jugarse  algo en la tómbola o subirse al Drakkar Vikingo. Además no han llegado todos y los que lo han hecho se emplean con ganas en la instalación; alguno ha madrugado más y ya aporta sus aromas al ambiente ferial. También la llamativa noria ha dado ya unos cuantos giros.

Los operarios se refrescan en tomas de agua pues la ola de calor no ha hecho recesos para los montajes, pero no les falta costumbre.  Algunos de ellos llevan toda la vida en esto y no ven nada especial en ello.

Enrique Rubio  lleva viniendo a Guadalajara casi antes de nacer. Es el dueño del Tren de la bruja, atracción que lleva cuarenta y seis años acudiendo a las fiestas de la capital arriacense.  Ahora cuenta con un par de atracciones más para diversificar, pero el es feriante, “una vida que se extingue... Cada vez hacemos menos falta en este mundo de distancias cada vez más cortas. Ahora cogen el coche y en dos horas están en un parque temático... Y hay muchos sitios donde ya no nos dejan usar caravanas así que nos estamos asentando. Cada vez los feriantes hacemos vida más normal”. Su conversación es amable pero dura; no deja un segundo de hacer sus tareas y a menudo interrumpe la conversación para dar indicaciones a algún operario.

“La crisis ha sido difícil para todos y se entiende que no sea tanta la afluencia de gente, porque si no pueden subir a los chicos a las atracciones no los traen. Como digo, la vida nunca ha sido fácil pero ahora parece que ya somos los últimos.” 

Lo cierto es que al feriante las cosas le están cambiando muy deprisa.  Antes su vida discurría entre feria y feria pero ahora tienen una casa, una hipoteca... gastos que hay que sacar de los beneficios que quedan. “Bajaríamos los precios de las atracciones pero no daría para pagar el sitio, pagar a los trabajadores, los consumos... Si pagásemos menos podríamos cobrar más barato”.

Prosigue el camino con la imagen del feriante duchándose como puede con la manguera enganchada en la boca de riego mientras dice “duchándonos así y con cables de la luz pasando;  no han pensado en que puede hacer falta la higiene para quienes construimos la feria”. En efecto aparte de las instalaciones del punto de encuentro no se aprecian estructuras dedicadas a los operarios.

El Tren de la Bruja, Super Mario Bros, el Drakkar Vikingo,  pistas de coches de choque, caballitos, la noria....  alrededor de cincuenta atracciones se ubican en la parte superior, lejos del enorme escenario instalado en la zona más próxima a las casetas de peñas. Entre medias los chiringuitos que pondrán a prueba los paladares.

Encontramos flamante, recién pintado con los colores paisanos, la caseta de la morcillas de Torcal. Son ya veintiséis los años que monta el kiosko. Nos comenta desde la puerta su propietario, José Luis Sierra, que lleva 26 años en la Feria de Guadalajara , “¿te has fijado qué bonito ha quedado?. Con  los colores de Guadalajara, morado y blanco....  Y la terraza, te has fijado en la terraza?” Pues la verdad es que si debemos de fijarnos un poco, sobre todo porque las morcillas de Torcal son una institución en las ferias de Guada y el resto del año, naturalmente.

Al lado vemos alguien nuevo. Es el Kiosko del Casino que no se pierde una este año y se le ve por todas partes. Al ser su primer año están expectantes ante los acontecimientos. Exteriormente el “chiringuito” se muestra sobrio y elegantes, no demasiado diferente de los demás, pero su terraza es un auténtico chill-out donde disfrutar de la Feria de otra manera. Para su gerente “con esta experiencia el Casino está donde está la gente de Guadalajara. Este año que es para nosotros el primero, que viene con novedades por eso de los conciertos que se programan en el escenario instalado a apenas cien metros y esperemos que la afluencia del público sea mayor.

La calle casi está cerrada con pequeñas construcciones de lona, metal y madera. Rebasarán fácilmente la cincuentena y cada una de ellas ha pagado 3500 € para ubicarse. También las casetas de peñas están montadas, aunque no se ve más actividad que la del vigilante jurado. Estarán haciendo acopio de energía para sus particulares olimpiadas festivas.

Ahora sólo falta que las labores de cada cual acaben, los equipos musicales empiecen a disputarse la hegemonía sonora – incluso una máquina de algodón de azúcar deja adivinar unas torres de sonido tan grandes como ella-  y que el sol se vaya a descansar al trasmonte para disfrutar de neones y colores vivos, de alegría y gesto, ese que los niños ponen unos días al año en esta efímera ciudad de la diversión que se construye cada año detrás del Ferial Plaza.





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