Molina o la fuerza del sino

Los intentos de la comarca de Molina de Aragón por potenciar sus infraestructuras turísticas parecen guiados por la fuerza del destino y algún mal fario. No es solo el caso del Parador Nacional, que ahora ha quedado en suspenso, cuando las obras ya habían sido licitadas, por efecto de la crisis y los malos resultados de Paradores de España, sino que otros intentos, como el hotel con encanto de “La Subalterna”, también han sufrido y sufren una especie de designio fatal, y no llegan nunca a fructificar, como si las bajas temperaturas de las parameras molinesas dejasen helado cualquier intento de desarrollo.

Sin quitar la razón a los propios molineses, cuando dicen que ésta ha sido una comarca olvidada, que parte de una situación bajo mínimos en base al acceso a los principales servicios (sociales, sanitarios, técnicos y educacionales) y una baja base económica (con una renta per cápita de no llega a los 10.000 euros al año), lo cierto es que inversiones que ha recibido la comarca de Molina en las dos últimas décadas, no han frenado la tendencia al despoblamiento. Puede haber un componente de mala suerte, pero creo que también es hora de poner nota a la gestión de esas inversiones.

Y es que hace ya dos décadas, en 1991, que Molina recibía su primer programa de desarrollo rural Leader, cargado de millones (1.800 millones de las antiguas pesetas de ellos 809 millones se destinaron al Turismo Rural) y empezó a acariciar el sueño de hacer del turismo su principal industria y motor de empleo, en esta comarca, que a pesar de estar integrada por 128 núcleos de población (78 municipios y 49 entidades locales menores), sufre una lenta e inexorable despoblación, desde los años 60, hasta llegar a un índice demográfico cercano a lo que supone Siberia, 2 habitantes por kilómetro cuadrado.

Y no es sólo el problema de la escasa población, sino de lo dispersa que esta se encuentra, pues hablamos de un territorio con 4.300 kilómetros cuadrados, un 5,42% del territorio total de Castilla-La Mancha.

En base a este primer programa Leader, dentro del marco de desarrollo turístico, además de impulsar unas veinte casas rurales privadas en distintos municipios, se recuperaron los edificios de “La Subalterna”, en Molina, y de “La Gerencia”, en Checa, con el fin de convertirlos en hoteles. También se impulsaron otras iniciativas como fueron el camping de Orea, el de Peralejos de las Truchas (abierto en 1993 que cerró tres años después por problemas de permisos en las zonas inundables tras la tragedia de Biescas) y el de Zaorejas (que nunca llegó a abrir).

La Subalterna, un palacio con fantasmas

El caso de la  “La Subalterna” de Molina,  vale de ejemplo y es muy significativo, pues se trata de un hotel de 15 habitaciones, lo que vendría a ser en  capacidad un cuarto del futuro Parador, que en 16 años de existencia no ha estado ni 5 abierto al público, y eso que costó rehabilitarlo 167 millones de pesetas.

Es un palacio caserón del siglo XVI que fue casa de los Molina. Este edificio, propiedad del Ayuntamiento de Molina, al igual que otros tantos, quedó bastante deteriorado tras el incendio que sufrió Molina en 1810. Aprovechando este primer programa de desarrollo rural se acomete su restauración y rehabilitación como hotel.

Fue inaugurado en julio de 1996 por el entonces consejero de Industria, Alejandro Alonso, siendo alcalde Julián Martínez (PSOE). La Junta había aportado 140 millones de pesetas de los 167 que costó la rehabilitación, conformando un hotel, que en principio iba a ser de cuatro estrellas,  con 15 habitaciones dobles, un gran comedor-restaurante y sala de conferencias, entre otras dependencias.

La gestión de “La Subalterna”, al igual que “La Gerencia” fue adjudicada a la empresa Sada Servicios Turísticos, S.l, cuyo administrador Rafael Villalobos, presumía de haber sido gran hostelero en la zona de Doñana. La primera anualidad del alquiler se la habían puesto barata, 600.000 pesetas, y la cuota iría subiendo en años posteriores, con el compromiso de equipar el hotel.
Prometía casi 50 puestos de trabajo y un servicio de calidad, pero en tan solo tres años se comprobó que la gestión era un fiasco, echando el cierre en 1999, con una larga lista de impagos de nóminas y proveedores, hasta el punto que los muebles y el equipamiento del hotel fue embargado por la Seguridad Social.

En 2002, de nuevo el Ayuntamiento, con el socialista Julián Martínez como alcalde, promueve la licitación de la gestión de este hotel, ahora con un pliego de condiciones más severo en cuanto al control, escaldado como estaba por la experiencia anterior. El Ayuntamiento de Molina decide equipar el mismo el hotel, gastándose 16 millones de pesetas, y sacarlo a concurso, con 10 años de contrato, ya como hotel de tres estrellas. Una empresa de Guadalajara, el Grupo VL. Hostelería S.L. y Vilial S.A., fue la adjudicataria, en junio de 2002, con un canon de 15.000 euros anuales.

En noviembre de 2004 “La Subalterna” vuelve a cerrar sus puertas, a pesar de que a la concesionaria, que se declaró en quiebra, se la eximió del pago de la segunda anualidad.

De nuevo el Ayuntamiento, en 2005, ahora con Pedro Herranz (PSOE) como alcalde contrata la gestión de este hotel, aunque ahora por el procedimiento negociado, tratando así que sea alguna de las empresas hoteleras de Molina la que se haga cargo del servicio. La Subalterna vuelve a abrir, en abril de 2006, ya solo con dos estrellas y en manos de APERTUR S.L., con 800 € mensuales de canon en el primer y segundo año. Pero de nuevo cierra antes de cumplir el año, en febrero de 2007.

Cuatro años tardó el actual alcalde de Molina, David Pascual (PSOE) en preparar un nuevo pliego de licitación para sacar a concurso de nuevo la gestión de “La Subalterna”, y lo hizo al filo de acabar su primer mandato, en abril de 20011, después de acometer obras de reforma en el edificio, sobre todo para eliminar humedades y desperfectos por el abandono.

Pues bien, nuevamente el concurso, con un canon de 1.200 euros al mes, ha quedado ahora desierto. El actual alcalde, David Pascual no sabe si la falta de concurrencia es por la escasa publicidad al asunto o si tendrán que volver a modificar el pliego de condiciones.

Los cámpigs, más cerrados que abiertos

Algo parecido ocurrió con el hotel de “La Gerencia Checa”, también con 15 habitaciones en un edificio singular en el que la Junta invirtió más de 71 millones para rehabilitarlo y convertirlo en establecimiento hostelero. Tras cuatro intentos fallidos de adjudicar la gestión, con aperturas y cierres, al menos este sí está abierto en la actualidad.

En el cámping de Peralejos de las Truchas, con capacidad para 198 personas, se invirtieron también unos cuantos millones y estuvo abierto apenas solo tres años, del 93 al 96, y luego cerrado hasta que el Ayuntamiento recuperó de nuevo el proyecto hace dos años.  Y el de Zaorejas, nunca llegó a abrirse, estando hoy las edificaciones saquedas por el expolio y cubiertas por la maleza.

Sí que funciona desde el principio el cámping de Orea, con 450 plazas y la posibilidad de alojarse en tiendas de campaña, caravanas o cabañas de madera.

Con las iniciativas privadas en este primer Leader I, que supusieron una inversión superior a los 360 millones, se logró además  la apertura de nuevos establecimientos turísticos de elevada calidad, con los que sí hubo más suerte. Son inversiones como la del Hotel San Francisco (Molina de Aragón), Hotel El Molino (Villel de Mesa), Hostal El Descansillo (Escalera), Pensión La Espineda (Checa), Hotel Peñarrubia (Zaorejas), Apartahotel Los Quiñones (Peralejos de las Truchas) y Apartahotel (Tordesilos), que todavía permanecen .

Otros tres programas de desarrollo

Y al Leader I le siguió un Leader II (1994-1999), con otros 2.000 millones de pesetas que supuso una inversión de 636 millones solo en  Turismo Rural, y la creación de 386 plazas de alojamiento y 695 de restauración.
Y luego vino un LEADER + (2000-2006) con casi nueve millones de euros, en el que se crearon 460 nuevas plazas de alojamiento y 90 de restauración.

Ahora se está desarrollando un nuevo programa Leader (el cuarto para la comarca) cuya programación se extiende hasta 2013. En este programa se considera que la infraestructura hotelera básica de la comarca ya está creada y se incide más en la promoción de empresas que acompañen con actividades de ocio y otras complementarias al turismo.

Así, según las cifras manejadas por la Junta de Comunidades, en el Plan de Desarrollo Rural para la zona,  la comarca de Molina de Aragón-Alto Tajo contaba, en febrero de 2011 con 1.657 plazas de alojamiento, distribuidas en albergues, apartamentos rurales, cámping, casas rurales, hostales rurales y pensiones, y 1.490 plazas de restauración.

Claro que la propia Junta reconoce que el turismo que llega a la comarca de Molina es muy estacional, que se concentra en fines de semana y puentes, no son estancias superiores a la semana.

Y lo que ya resulta imposible de recontar es cuántas de estas casas rurales, pensiones, restaurantes y empresas privadas turísticas que se crearon en estas dos décadas de programas de desarrollo, han cerrado ya sus puertas, que no son pocas, aunque el balance global siga siendo positivo.

El esperado Parque Natural

Y en el año 2000 llegó la declaración del Parque Natural del Alto Tajo para la comarca, desarrollándose en los diez años posteriores cuatro centros de interpretación en Corduente, Orea, Zaorejas, y Checa, que también han supuesto un revulsivo para el turismo, aunque hay que decir que ahora están cerrados, también por efecto de la crisis y los recortes.

Además hay un total de 30 áreas de estancia diurna, 8 campamentos, 11 rutas y 14 miradores acondicionados.

41.840 personas visitaron y recibieron información en estos centros de interpretación en 2010 según los datos facilitados por los responsables de este Parque Natural, que en septiembre de 2009, recibía la Carta Europea del Turismo Sostenible, lo que se supone iba a traer también nuevas inversiones a la zona.

Y un último apunte para el análisis,  la web turística de la comarca www.turismomolinaaltotajo.com, que se presentó  hace apenas dos años, como un gran proyecto de promoción del turismo en la zona, con un proyecto de inversión de 750.000 euros, dentro del Plan de Dinamización Turística, aportado por el Gobierno central y La Junta,  dejó de actualizarse hace un año, aunque al menos continúa ofreciendo la información de instalaciones turísticas.

El sueño del Parador

Y el sueño de un segundo Parador para la provincia de Guadalajara, no es exclusivo de Molina de Aragón. También lo ambicionó Brihuega, y se lo llegaron a prometer para su Fábrica de Paños, y Cogolludo para el Palacio Ducal, a finales de los noventa, que es cuando también Molina presentaba sus primeras aspiraciones, lideradas por el PP.

Pero todo aquello quedó en aguas de borrajas, hasta que en 2005, después del incendio del Ducado, que arrasó 13.000 hectáreas y supuso la muerte de 11 personas del retén de Cogolludo, Junta y Estado se comprometieron a promover esta infraestructura como medida de compensación para la comarca tras la tragedia.

Siete años de espera, en un largo proceso administrativo, con mucha complejidad sobre todo en cuanto a la disposición de terrenos, hicieron creer que el proyecto nunca llegaría, hasta que, en septiembre de 2011, el entonces responsable de Turespaña Joan Mesquida, llegó a poner una supuesta "primera piedra" y nada más.

Los procesos electorales, primero el autonómico y municipal, y luego el nacional, dejaron en suspenso el proyecto, y de nuevo en enero de este mismo año el nuevo presidente de la SEPI, entonces aún diputado nacional del PP por Guadalajara, Ramón Aguirre, anunciaba su inminente licitación.

El jarro de agua fría llegó para la comarca de Molina la semana pasada, en martes y 13 de marzo de 2012, cuando el ministro de Industria y Turismo, José Manuel Soria, anunciaba que se paralizaban todas las obras de inversión en la construcción de nuevos paradores, como consecuencia de la crítica situación financiera de la propia de Red Nacional de Paradores, con un déficit que ronda los 100 millones de euros. Y aunque el PP insiste en decir que el proyecto no está aparcado, en la comarca vuelve a haber mucha incertidumbre y esa sensación de mal fario.

Así las cosas, el turismo de Molina de Aragón, aunque ahora existe y era prácticamente inexistente hace 20 años, sigue sin ser el brote verde que recupere la comarca, y sería bueno plantearse, sin dejar de ambicionar un Parador Nacional, que tan necesario como éste, lo es el aquilatar el camino hasta ahora recorrido y sobre todo recordar que no siempre las inversiones millonarias trajeron resultados esperados para la comarca de Molina.

Eso y no olvidar el sabio dicho de que sólo aquellos que nada esperan del azar, son dueños de su destino.

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