PAH Guadalajara, cinco años de lucha

PAH Guadalajara, cinco años de lucha

Parece muy lejano el tiempo en el que no pasaba un día sin que los medios nos bombardeasen con escraches a políticos y sucursales bancarias, familias expulsadas de sus viviendas, suicidios desesperados ante la llegada de la comisión judicial, concentraciones de ciudadanos en los portales para impedir la ejecución del desahucio de una vivienda o el famoso grito de guerra de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, ahora reapropiado por todos: “¡Sí se puede!”.

Desafortunadamente, el hecho de que los desahucios no copen ya la agenda mediática, no implica que dejen de ser una realidad en el Estado español. Eso lo sabe bien la PAH, que funciona también aquí en Guadalajara y que, a día de hoy, sigue teniendo mucho trabajo que abordar.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca surge en nuestra ciudad a raíz del grupo de trabajo de la Comisión Política y Económica del 15M local, cuando un grupo de personas deciden trabajar sobre un proyecto real y empiezan a dar forma a la PAH. Era agosto de 2011 y ya en septiembre comenzaban a llegar las primeras familias afectadas.

Cinco años han pasado desde entonces y la PAH Guadalajara no ha cesado en su actividad. Todas las semanas los afectados y activistas, que a menudo es lo mismo, se reúnen en asamblea y hacen un seguimiento de los distintos casos, plantean acciones y resuelven dudas. No les fue fácil, sin embargo, conseguir un espacio donde reunirse; por suerte, Paco, el presidente de la Asociación de Vecinos Castilla, tuvo claro que había que facilitar las cosas a quien está desempeñando “una labor social”.

En la terraza de esta asociación vecinal, aprovechando las tardes de sol de otoño, un pequeño grupo de personas charla café en mano. Hablan de negociaciones, alquileres de vivienda, moratorias… Es “la Acogida” de la PAH, el momento en que miembros veteranos de la asamblea reciben a personas que acaban de contactar con la plataforma buscando ayuda en su situación. Aquí se analizan las particularidades del caso con el que acude el afectado, se le asesora y se le explica en qué consiste la PAH, cómo actúa y qué puede esperar de ella.

Tras “la Acogida” y como por goteo, distintas personas de la asamblea van apareciendo y se suman al grupo de la terraza. Se saludan, se abrazan, traen buenas noticias y también alguna decepción. Cuando llega la hora fijada para la asamblea, se trasladan al interior del local y, en un abrir y cerrar de ojos, ya están todos instalados, sentados en círculo, con los cargos para el buen funcionamiento repartidos y metidos en materia mientras los más pequeños corretean y colorean alrededor.

Con la asamblea bien empezada se abre la puerta y aparecen, sofocados, Samanta y Antonio. La asamblea estalla en aplausos: su desahucio ha sido paralizado. Llegaron a la PAH hace apenas unas semanas con una orden de desahucio fijada para el 2 de noviembre y con el panorama desolador que les había dado su abogado: “ya no hay nada que hacer”. Afortunadamente, tocaron la puerta de la PAH dispuestos a quemar todos los cartuchos: “yo no pensaba ya que hubiese gente así de buena en el mundo”, decía Samanta, “nos han llamado todos los días, nos han acompañado, no hemos estado solos desde que llegamos”. La misma visión compartía Antonio, agradecido ante sus nuevos compañeros: “desde que entrasteis en juego se ha dado la vuelta la tortilla”. Una voz le responde al otro lado de la sala: “gracias a vosotros por atreveros a luchar y demostrar que no sois culpables de vuestra situación”.

Y es que la clave de la PAH reside en involucrar a los afectados para que sean ellos quienes cojan las riendas de su caso y tomen sus propias decisiones. Mamen, una de las primeras afectadas en integrar la PAH, fue también portavoz de la asamblea y sigue militando de forma activa en el colectivo. Ella comenta al respecto que la gente acude a la PAH desnuda de recursos, abatida y desmoralizada; entonces “comienza un proceso de entender qué es lo que estás viviendo, un proceso de aprendizaje y de toma de conciencia”.  La lucha es de cada uno contra el banco y la PAH se encarga de empoderar y capacitar a los afectados para que puedan hacerle frente. “Intentamos que ese proceso llegue de manera natural, yendo a las asambleas, escuchando a los demás, haciendo preguntas, rodeándose de apoyos…”.

Nadie está solo en la PAH. Resulta fácil, viéndoles, adivinar la red de confianza y compañerismo que les une. Comparten una historia y una lucha común y la empatía y la solidaridad que eso genera les hace parecer una gran familia. Allí están todos para escucharse, para aconsejar, bromeando para liberar tensiones cuando hace falta, animándose cuando el cansancio o la impotencia afloran y celebrando cada pequeña victoria. Esa fortaleza grupal les hace “imPAHrables”.


Encierro en el en el BBVA del Jardinillo en protesta contra el desahucio de María coprestataria de la hipoteca de su hijo. Foto: Nacho Izquierdo

“Aunque les joda, María no está sola”

Esta fue una de las consignas coreadas en la pelea por uno de los procesos más emblemáticos de la PAH Guadalajara. María, que hace unas semanas cumplía 79 años, es su protagonista y, su caso, la mejor evidencia de la gran respuesta social que es capaz de generar este movimiento.

María llegó a la PAH a principios de 2012 y su caso cobró fuerza unos meses después, el 14 de noviembre, con un encierro en el BBVA del Jardinillo durante la huelga general. Para entonces, ella ya llevaba varios meses visitando el banco con la PAH tratando de negociar una solución para su caso.

Ella era coprestataria de la hipoteca de su hijo, a quien el banco ya había ejecutado su vivienda; a pesar de ello, aún quedaba deuda y el BBVA pronto requirió también la vivienda de María. Actualmente su proceso está parado en la vía judicial pero, como ella misma asume, “eso no quiere decir que esté resuelto, en cualquier momento puede llegar alguien y moverlo de nuevo”.  De hecho, María sigue recibiendo llamadas de las oficinas bancarias reclamándole las deudas e instándole a buscar a alguien que se las pague. “Es una presión continua la que yo tengo. Si suena el teléfono y el número no es conocido, ya me altero que no puedo ni hablar… si veo una carta que creo que puede tener que ver con el banco…”, se le quiebra la voz, “yo con esta presión es que no puedo seguir”.

No solo su ánimo se resiente por la incertidumbre, económicamente su situación también se ve afectada. En 2012, viendo la posibilidad de un desahucio inminente como el de su hijo, María acudió a un centro de día donde pasaba las jornadas, pero este recurso cerró y a María la derivaron a una residencia. Aunque lo que ella quiere es volver a su piso, el miedo a poder quedarse en la calle la mantiene en una situación compleja. “Imagínate que María vuelve a casa porque le han dicho que su caso está parado en los juzgados y el BBVA decide reanudarlo, a los tres meses María puede quedarse en la calle y sin plaza en la residencia” explicaba Mamen. Así que, María está pagando una residencia en la que no quiere vivir y que, además, le dificulta afrontar los gastos de su hogar (el IBI, la comunidad, el agua…). “Es absurdo que tenga que tener este doble gasto cuando es su casa, una vivienda libre de cargas que ella tenía ya comprada y pagada”, sostiene Mamen.

Al primer encierro por el caso de María le siguieron otros dos. El 4 de enero de 2013, alrededor de 40 activistas tomaron el BBVA y lo ocuparon durante 12h exigiendo una solución para María.  Ya de noche, una Unidad de Intervención Policial (UIP) desalojaba a los ocupantes que, lejos de desanimarse, advirtieron que volverían. Efectivamente, dos meses después, la oficina volvió a recibir la visita de la PAH, empeñados en demostrar que “María no está sola”. “De todos esos encierros tienen los chicos multas”, dice María, recordando la represión administrativa que sufrieron quienes la acompañaron.

María recibió una última oferta hace más de dos años, “me ofrecieron la vivienda mientras yo viva, pero  lo rechacé porque la casa tiene que ser también para mi hijo”, comenta. Recientemente se han retomado las negociaciones con el BBVA para lograr la condonación de la deuda y que la vivienda de María no se ejecute. “Ya se han llevado una vivienda, lo justo es cerrar el grifo”.
 “Me han dado buenas palabras, aunque sin comprometerse a nada” comenta María sobre su última reunión con la directora del Departamento de Asuntos Sociales de su oficina. No obstante, tiene esperanzas, ya que su lucha en la PAH le ha devuelto la energía y la vitalidad: “he llorado mucho, pero también me he reído, me han dado mucho cariño y me han dado vida para seguir luchando” dice asegurando que volverá al BBVA a cerciorarse de que esas “buenas palabras” no caigan en saco roto.

Especular con un derecho fundamental

“Sobre la vivienda se crean un montón de afectos. Perder tu casa, donde has visto crecer a tus hijos, donde has vivido grandes momentos y en la que has puesto esperanza, no es una cuestión material ni una cuestión de dinero, es una cuestión personal” apuntaba Diego, militante, abogado y portavoz en la PAH. Quizás este es el motivo por el que en la plataforma tienen la percepción de que su lucha es bien recibida por la ciudadanía.
“Todas las operaciones económicas y financieras que los bancos realizaban con una voluntad clara de arruinar a las familias las hacían traficando y negociando con un derecho fundamental que es la vivienda” denunciaba Diego sosteniendo que una vivienda es un espacio “de desarrollo humano”, donde uno viva para mejor y no donde tenga que sobrevivir. “La vivienda no es un almacén”, apuntaba.

De ahí que la PAH sea crítica con las llamadas soluciones habitacionales, ya que existen casos en la asamblea como el de Patri a quien Bankia ofreció un alquiler social en una casa con unas condiciones sanitarias terribles: “humedades, suelos levantados, mugre… eso era asqueroso”, recuerda Mamen, “da la sensación de que, como vas a ser desahuciado, puedes aceptar cualquier cosa, vivir en cualquier espacio y encima dar las gracias”.
Los activistas acordaban que estas soluciones habitacionales implican un plus de humillación a la gran carga psicológica que llevan sobre las espaldas los afectados. “Este el desprecio absoluto de las corporaciones financieras, somos materia de almacenaje y no sujetos de derecho” apuntaba Diego.

¿De quién es la culpa?

La presión sobre los afectados es inmensa. Han firmado una hipoteca y no han podido hacerle frente, por lo que es común el sentimiento de fracaso y la culpabilidad. El manido discurso de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” ha hecho mella y ha logrado, en cierta medida, que la población asuma la responsabilidad de la crisis y sus consecuencias. Por eso hay un largo proceso hasta que los afectados comprenden el alcance de su situación  y reparten responsabilidades.

La primera, la de los bancos: “cuando das un producto envenenado es un acto voluntario y consciente, sabes que estas distribuyendo en el mercado hipotecas que van a condicionar la vida de la gente y esa es otra de las demandas de la PAH, hacer un juicio y castigo a todas las entidades financieras que, entre otras cosas, han arruinado el país”, señalaba Diego. A este abogado, durante un juicio, un fiscal le espetó que a su cliente nadie le había obligado a firmar la hipoteca. “Claro, los trileros tampoco obligan a nadie a participar en sus juegos pero saben que están engañando para hacer negocio… la única diferencia entre el trilero y el banquero es que el trilero no cotiza en el IBEX35”.

Pero la responsabilidad de esta problemática social no recae solo en la banca; la PAH denuncia que esta serie de malas prácticas se llevaron a cabo “con el consentimiento de un sistema detrás, de unos políticos y unas leyes definidas para defender a los bancos”. Mamen apuntaba también a los notarios “que en ningún momento ejercieron la responsabilidad de defender los intereses de la partes”, a los registradores de la propiedad y las empresas de tasación “que supuestamente eran independientes pero lo que hacían era facilitar que no nos dieran el 80% de hipoteca, ni el 100%, sino en ocasiones hasta el 120%”. Todo un juego de intereses que comenzó con la liberalización del suelo y contó con la complicidad de numerosos agentes hasta que explotó la burbuja inmobiliaria.

“Yo no digo que yo no tenga responsabilidad en esta situación, claro que la tengo, pero no soy la única y lo que no es justo es que sea yo quien la pague y que, además, mi responsabilidad implique quedarme en la calle” observaba Mamen.

Okupar Recuperar viviendas para ejercer derechos

En este sentido fue tremendamente sonada la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que la PAH planteó a las instituciones con el fin de regular la dación en pago. Con más de tres millones de pisos vacíos en manos de entidades financieras y el fracaso de la ILP que fue “tirada a la basura” en el Congreso, la PAH decide crear sus propias soluciones: la Obra Social de la PAH. Es decir, “si tú no me amparas como habitante de este territorio y no proteges mi derecho a una vivienda, yo me lo voy a garantizar”.

La Obra Social de la PAH consiste en el realojo de familias que han perdido su vivienda o van a ser desahuciadas en los pisos que las entidades financieras tienen abandonados esperando que los precios vuelvan a subir. En Guadalajara la Obra Social de la PAH se traduce en “Alienda”, un bloque vacío perteneciente al Banco Sabadell en el que la PAH ha realojado a tres familias.

 “Nosotros no okupamos, nosotros recuperamos viviendas de forma legítima. Son nuestras, de la ciudadanía, porque son propiedad de bancos que han sido rescatados con nuestro dinero y sin ningún tipo de contraprestación social” apuntaba Mamen. Cuando la Obra Social de la PAH recupera una vivienda acude al banco en cuestión para avisar de que están allí y tratar de llegar a un acuerdo de alquiler justo en función de los ingresos y las posibilidades de las familias.

Este paso que algunas familias deciden dar “asumiendo una serie de consecuencias” es muy importante pues implica que han comprendido “que tienen derecho a una vivienda y que lo pueden ejercer”, señalaba Mamen, “y que ese derecho está por encima del derecho a la propiedad privada, que es lo que siempre te espetan en juzgados y notarías”, matizaba Diego.

El papel de la Justicia

Según comentaban los activistas, la organización ciudadana en torno a la PAH ha sido necesaria porque ni instituciones ni poderes judiciales están de parte de los ciudadanos. “La administración de justicia es pro-banca, no se podrían entender los abusos y las consecuencias de la falta de vivienda sin la complicidad del poder judicial” denunciaba Diego. Una situación que consideran se evidencia especialmente en Guadalajara a la que consideran una especie de "oasis bancario" en el que no hay una limitación del poder judicial a los abusos de los bancos.

Recientemente, tres madres jóvenes con niños a su cargo que ocuparon viviendas abandonadas pertenecientes a Bankia, Bankinter y Caja Duero han sido condenadas a penas de multa “que podrían convertirse en privativas de libertad, la cárcel, si no tuvieran dinero para abonarlas”. “Su delito es no tener vivienda, no es otra cosa, no es quitarle el patrimonio o robarle la cartera a alguien, ¿cuál ha sido el perjuicio sufrido por el banco? Ninguno, y la respuesta institucional del Estado es la represión y el castigo por no vivir en la calle”, criticaba el portavoz de la PAH.

Los activistas apuntan que el desprecio a los afectados alcanza cotas absurdas “tenemos una sentencia de la Audiencia Provincial que niega estado de necesidad de una afectada porque consume tabaco”, explicaba Diego, “los pobres no tienen ni derecho a la ansiedad”.

Municipios libres de desahucios y Oficinas Antidesahucios

En cuanto a las instituciones de gobierno la plataforma lanzó “El Contrato PAH”, una serie de compromisos que las diversas candidaturas podían sumar a sus programas en las elecciones municipales. En la provincia esta campaña surte efecto en Cabanillas, donde Ahora-IU Cabanillas la planteó como condición mínima para apoyar la investidura del alcalde, convirtiéndose Cabanillas en un “municipio libre de desahucios” en el que las familias pueden acudir al Ayuntamiento a resolver su situación. Esto se contagia a otras localidades como Torrejón del Rey donde se crea una comisión que agrupa a los distintos partidos políticos, los servicios sociales del Ayuntamiento y la PAH. “Ahí si hay respaldo institucional”, comentaba Mamen, “eso es posicionarse con la ciudadanía y no los discursos”, añade en referencia a Guadalajara donde el contrato PAH fracasó “gracias a C’s” motivo por el cual la PAH acudió a la Plaza Mayor el día de la formación del pleno “a señalarles también como responsables”.

En cuanto a la Oficina Antidesahucios de la Junta, la PAH acepta que es un recurso que venían reclamando y en cuya Comisión de Seguimiento participan “desde una postura de crítica constructiva y proposición”. No obstante, rechazan la línea política de las oficinas: “son un poco un gestor de la debilidad del afectado, no ponen en discusión el papel abusivo de la entidad financiera” señalaba Diego, quien apunta que éstas se limitan a seguir los pasos de un protocolo legal. “Cuando tú estás entre medias de un fuerte y un débil, en la práctica, si no te involucras, estás favoreciendo al fuerte”, continuaba el abogado, “lo primero que tienen que hacer es posicionarse al lado de las familias”.

“Si a un banco que se niega a negociar se le prohíbe, por ejemplo, participar en concursos públicos las cosas cambiarían, reforzaríamos a las familias y con las dos partes al mismo nivel podríamos construir soluciones”, añade Mamen.

La PAH, creadora de conciencia social

“Nos están jodiendo la vida y nos están matando, se desahucian familias pero también hay gente que se está suicidando. Cuando te centras en tu proceso te olvidas de tu salud, de tu familia, de todo… no es solamente perder tu casa, es perder tu vida” recuerda Mamen ahondando en las consecuencias de los desahucios. “La banca ha impulsado una sociedad decadente en la que los lazos se destrozan, hay no sé cuántas familias cuyos miembros se reprochan los avales que se han hecho y se fracturan ante las amenazas de desahucio” comentaba Diego.

De ahí que el proceso de empoderamiento de la PAH sea tan importante para los afectados. Un proceso en el que se coge rodaje a base de ir encontrando y superando trabas, pero un proceso también de concienciación y aprendizaje legal en el que se crean personas capacitadas para defender sus casos y para acompañar a otras afectadas al banco a negociar. “Cuando hacemos entrevistas a los nuevos afectados y explicamos que hemos vivido lo mismo que ellos, se sorprenden de que no seas abogado o psicólogo… lo más importante es que el apoyo que nos damos es entre iguales”, comenta Mamen.

Pero además, la PAH, es un colectivo político y eso se traduce en que personas que llegan como afectadas y que “nunca se hicieron preguntas sobre el funcionamiento de la economía, de los bancos y su papel…etc.” acaban viviendo una transformación gradual que les convierte en “gente capacitada para entender la sociedad e incluso dispuesta a pelear para transformarla”.

“Por eso la PAH es un peligro para los poderes, para los políticos, la justicia, o el sistema financiero, porque no es un espacio en el que vienes, resuelves y te vas; es un espacio en el que se forman conciencias críticas y con criterio propio” señalaba Mamen. En la asamblea hay gente que ya ha resuelto sus problemas de vivienda pero siguen participando en ella porque han comprendido que es una cuestión de "correlación de fuerzas” y que “el apoyo, luchar, organizarse… todo eso sirve”.

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