Vicente junto al director general de Política Forestal y Espacios Naturales, Rafael Cubero. Vicente junto al director general de Política Forestal y Espacios Naturales, Rafael Cubero.

Por dos veces cayó de un helicóptero de incendios y aún lo cuenta

Que el trabajo de retén forestal en la campaña contra incendios es arriesgado huelga decirlo en Guadalajara, donde la memoria de los 11 fallecidos en el incendio declarado 16 de julio de 2005 sigue viva y más aún cuando se acercan estas fechas. Sin embargo, hay historias con otro final feliz, como la de Vicente, un vecino de Zaorejas que es uno de los 350 efectivos que participan este año en la campaña de incendios en Guadalajara, como lo lleva haciendo desde hace 33 años, y que puede contar que ha sobrevivido a dos accidentes con el helicóptero de incendios.

Vicente es un hombre rudo de pueblo, de esos a los que el sol ha borrado la edad en el rostro, a base de surcos tostados y de esos que encaran la vida de manera estoica, serenos ante lo que acontece, aunque sea la peor desgracia. Por eso Vicente, cuando en el verano de 1988 se cayó de uno de los helicópteros contra incendios que operaba en Villanueva de Alcorón, entonces con la estinta ICONA,  no dudó en volver a subirse a otro helicóptero, pues el trabajo de retén era su mejor solución laboral, aparte de algunas tareas ganaderas, en ese pequeño pueblo del corazón del Alto Tajo, que como otros muchos se fueron quedando casi despoblados desde mediados del siglo XX.

Lo que no sabía Vicente es que, dos años después, el 4 de agosto de 1990, de nuevo le acechaba la muerte en un helicóptero de incendios, que se estrellaba en Huertapelayo, tras un fallo mecánico en el motor. Falleció el piloto, y resultaron heridos graves los otros siete ocupantes de la cuadrilla, uno de ellos era Vicente, que sufrió varias fracturas, en ese helicótero que quedó boca abajo y aplastado en el suelo.

Vicente le contaba ayer al director general de Política Forestal y Espacios Naturales, Rafael Cubero, su increíble historia, cuando visitaba el aeródromo de Peralveche, y aseguraba que no tiene miedo a los helicópteros, pero si mucho respeto al fuego, "aunque nada tienen que ver las condiciones en las que trabajamos ahora con las de hace treinta años", apostillaba, "pero nunca se sabe lo que te puede tocar".

Por lo pronto Vicente celebra que vuelve a estar contratado todo el año, pues en esta campaña ya se ha incrementado de 9 a 12 los meses al año el trabajo del os retenes, posibilitando así la realización de tareas de prevención a lo largo del invierno, pero él espera que esta sea su última campaña y que al año que viene pueda jubilarse.

A cambio de un trabajo que incluye jugarse la vida, como Vicente hay unos 1.500 retenes de cuadrillas en esta campaña en Castilla-La Mancha dentro de los 3.000 efectivos que participan, y ellos trabajan en la primera línea de fuego por poco más de 1.000 euros al mes. Una tarea que muchas veces queda olvidada por la sociedad.

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