José Antonio de la Fuente, alcalde de Valdeconcha José Antonio de la Fuente, alcalde de Valdeconcha

Se nos quemó el Doncel

Anochece en Valdeconcha con olor a socarrina y el miedo todavía en el cuerpo. En la plaza mayor, que lleva por nombre Constitucional, aunque aquí todos la llaman de la Fuente, hay revuelo y conversación en distintos grupos y no se habla de otra cosa que del incendio, que rompió el hastío veraniego este mediodía, llenando de gritos, carreras y humo, este pequeño pueblo, que como otros muchos de la Alcarria, se cuadruplica en agosto.

Un grupo de jóvenes, más callados, sentados en un banco, miran absortos, hacia la estrecha panorámica que se dibuja calle abajo, donde los paredones de casas se abren hacia el monte, al otro lado del río Arlés que circunvala la villa y antaño regaba fértiles huertas, pero que hoy ni siquiera ha servido de cortafuegos.

En ese ventanal callejero, la negrura de la noche va dibujando marcas incandescentes en los altos, que se alternan con algunas sirenas y sombras, pero justo enfrente, como si de un gran velón se tratara, una llama solitaria oscila y se eleva repetidas veces, a ratos parece que se ahoga y vuelve a aparecer.

Es el tronco del Doncel que arde, un pino que cuentan los vecinos de Valdeconcha debía tener ya unos 300 años. Era enseña y símbolo de un pueblo, hasta el extremo de que todo el paraje por donde se propagaban las primeras llamas del incendio lleva su nombre: la cuesta del pino.

Como el olmo machadiano, este pino también estaba viejo y hendido por el rayo, pero a los paisanos les bastaba el vestigio leñoso de su porte para recordar y contar a los nietos que la sombra de este pino era el reloj de sus abuelos, y con ella sabían cuándo almorzar, o cuándo regresar a casa, mientras andaban afanados con el labrantío. Es más, aseguran que todo el cerro era antaño un gran olivar, y que primero brotó entre los olivos este pino y luego otros cientos.

Esta bella leyenda que primero cuentan unos jóvenes, ofreciéndonos una cerveza fresca y excusándose porque en el pueblo no hay bar, la repite también otro paisano anciano, que barrunta en solitario su nerviosismo a la puerta de su casa, contemplando las huellas del lamido de las llamas en el murete renegrido de su casa de piedra.

Y también cita la misma leyenda el alcalde, que regresa casi sin fuelle, desde detrás del frontón, donde se ha instalado el puesto de mando, donde acaban de comparecer las autoridades. José Antonio de la Fuente, que así se llama el alcalde, quiere trasladar cuanto antes a sus vecinos las novedades, que son buenas. El incendio está estabilizado y perimetrado, dicen que se han quemado 500 hectáreas y que ha llegado hasta el término de Fuentelaencina, por el barranco del Hijal. “Ya ves parece que se ha quemado menos de lo que creíamos, pero se nos ha quemado el Doncel, que era nuestro gran árbol, el padre de todos, un pino piñonero enorme”, se lamenta el alcalde, que aún lleva algo tiznada la cara y vuelve a atender presto el reclamo del teléfono móvil.

“Ya estamos en nivel 1, y dicen que no hay ningún peligro para el pueblo”, cuenta el alcalde, recordando como por la mañana, en apenas una hora se han visto rodeados por el fuego y con todo el pueblo lleno de humo. “Ha sido una angustia, pero ya se ha pasado”, se dice calmándose así mismo.

El alcalde ahora solo tiene palabras de agradecimiento, para los mediosde extinción “que han venido muchos y rápido”, para los vecinos “que se han volcado con todo”, y para la provindencia, “porque otra vez nos hemos salvado”. Con otra vez se refiere a ese 2005, cuando un mes después justo del gran incendio de los pinares del Ducado, Valdeconcha también ardía, “aunque entonces las llamas no llegaron al pueblo, también se nos quemó mucho, pero aquello dijeron que fue un rayo”.

“Algo habría que hacer para prevenir estos fuegos, dicen que ha sido una empacadora, y otros de Guadalajara por una cosechadora, que se yo, pero algo habría que inventar”, recapacita el alcalde, quien acaba el razonamiento para sus adentros.

Esta noche será intranquila para los vecinos de Valdeconcha, pero si el viento no da más sustos, esperan que mañana pueda quedar extinguido el incendio. Dentro de una semana celebran sus fiestas, en honor a San Roque, pero esta vez no podrán festejar la sombra de ese pino llamado Doncel, que a tantas generaciones dio la hora. Y hay tantos donceles que ya han ardido…

Visto 4447 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.