Un viaje por la historia y la geografía de los templarios en España

Un viaje por la historia y la geografía de los templarios en España

La escritora e historiadora María Lara presentó ayer su libro "Enclaves templarios" en Guadalajara

Si nos hablan de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, tal vez la memoria nos juegue una mala pasada. Si en cambio reducimos el título a tan sólo la Orden del Temple o, mejor aún, a los caballeros templarios, se esclarece en la mente la imagen icónica de una orden religiosa formada por monjes-guerreros que, pese a una existencia de tan sólo 200 años -que en materia de Historia apenas son nada- consiguió dejar una fuerte impronta en el imaginario posterior.

De todo ese proceso que llevó a los templarios a acumular cuantiosas riquezas y a construir un metódico sistema bancario en tiempos de guerra, así como de su final trágico, es de lo que habla “Enclaves templarios” (Edaf, 2013), el nuevo libro de la escritora e historiadora alcarreña María Lara, aunque principalmente lo que propone es “un viaje por España a partir de más de 500 lugares que fehacientemente pertenecieron a los templarios”.

“Un viaje que no sólo es geográfico –le explicaba ayer la escritora a Guadaqué, un poco antes de la presentación de su libro en Guadalajara- sino también cronológico y cultural. Una guía ilustrada y muy amena que permita conocer los monumentos […] y dar cuerpo a lo que fue el recorrido de los caballeros templarios en tiempos de la Reconquista por España”.

“Desde 1119, cuando surgen, hasta principios del Siglo XIV, los templarios […] están consiguiendo su auge y sembrando también lo que va a ser el motivo de su decadencia”, comenta Lara, a tenor de que la faceta como banco de la Orden del Temple terminó por granjearles numerosos enemigos que no podían pagar las deudas contraídas con los caballeros.

“Uno de los artífices de su destrucción es Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, que al no poder devolver la deuda que había contraído su abuelo Luís IX, decide lanzar todo tipo de anatemas contra los templarios y así, contra un banquero al que no le puedes devolver el dinero, Felipe IV lo que piensa es quitárselos de en medio” detalla Lara.

El Fuerte de San Francisco, enclave templario

La idea del libro comenzó a germinar en 2004, “cuando empecé a estudiar los orígenes del Fuerte de San Francisco de Guadalajara”, prosigue la historiadora, que continuó luego “investigando sobre el paso de los caballeros templarios por toda España” y, en los dos últimos años, realizó un trabajo “especialmente intensivo” para recopilar la información necesaria para el libro.

Precisamente el fuerte sería uno de los enclaves templarios mejor documentados en la provincia ya que, en tiempos de la reina Doña Berenguela, señora de Guadalajara, se construye allí un monasterio para el Temple en el que “van viviendo una serie de caballeros hasta que, cuando se disuelve la orden, las infantas Isabel y Beatriz […] dan la fortaleza a los franciscanos”, comenta la autora del libro.

Aparte de la capital, otros lugares de Guadalajara conservan huellas del paso de los caballeros templarios, como Albalate de Zorita, donde “se puede decir de una manera verídica que estuvieron” y se encuentra como enclave la ermita de Cubillas. Además, la tradición sugiere que la ermita de Santa Coloma, en Albendiego, o la iglesia de San Bartolomé, en Campisábalos, también pudieron pertenecer en su momento a los templarios, según Lara.

“De ser nombrados primero los pobres caballeros de Cristo”, los templarios “luego fueron muy ricos”, pero no dejaron de lado la parte de los principios religiosos. “Ellos eran guerreros y monjes. No al  50%, sino al 100% en cada una de las dos facetas. Por ejemplo, no podían mirar dos veces a una mujer a la cara, no fuera que se enamoraran […] Tenían que tener un control total de las pasiones y por otro lado tenían que llevar también la guerra como su objetivo”.  

Asimismo, la Orden del Temple estuvo rodeada también de “dosis muy importantes de enigma y misterio”. “Cuando llegan a Jerusalén, el rey Balduino les deja las caballerizas del Templo de Salomón y allí los primeros caballeros se dedican a buscar algo; un tesoro imaginamos, pero es que nunca dicen qué estaban buscando, nunca se les escapa ni una pista siquiera”.  

De esa forma, “cuando llega la caída, ese secreto juega en su contra, porque se considera que es un grupo iniciático, que desarrolla ceremonias siniestras, que tiene símbolos extraños” y porque, los enemigos de los templarios, aprovechan la coyuntura para “conseguir que esos caballeros que tanto habían hecho por mantener los Santos Lugares y por financiar a los jinetes que iban a las Cruzadas, se vean como los malos de la película y acaben siendo lanzados a la hoguera”, resume María Lara para terminar.

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