Fotografía: Entrada al aljibe del Infantado Foto. Grupo Abismo. Fotografía: Entrada al aljibe del Infantado Foto. Grupo Abismo.

Una bodega se esconde en los bajos del Palacio del Infantado

"Lo que oculta el palacio. Arqueología en El Infantado" ha sido la primera conferencia del ciclo "Arqueología en Guadalajara. Trabajos inéditos" y "Arqueología en los castillos de Guadalajara" que ha programado el Museo de Guadalajara para los próximos meses.

La conferencia fue impartida por María Luz Crespo, directora de los trabajos arqueológicos que se llevaron a cabo en los años 2006 y 2008, en el contexto de unas obras de emergencia para solucionar un problema acuciante de humedades que afectaba a muros, suelo "e incluso podría correr riesgo la propia fachada del Infantado".

A lo largo de la conferencia, Crespo fue desgranando la sucesivas sorpresas que fueron apareciendo a medida que avanzaban los trabajos, apoyándose en los documentos de Layna Serrano y comparándolos con las pruebas que arrojaba la labor arqueológica.

Así, por ejemplo, los trabajos de canalización y drenaje de aguas en el Patio de los Leones para evitar filtraciones, revelaron que el patio se asienta sobre légamo, es decir, sobre el suelo original, lo que destruye la hipótesis de Layna Serrano en la que sostenía que el patio original debió ser más alto que el actual y que se habría rellenado y achatado con las reformas del quinto Duque del Infantado.

Otra de las sorpresas aparece en el zaguán cuando, intentando localizar por donde iban las conducciones del edificio, se procedió a levantar todo el suelo topando con una galería subterránea excavada y con bóveda de ladrillo que parece corresponder, por su orientación y medidas, a un conducto subterráneo que mandaría construir el quinto duque en las reformas de 1571 y 1572 para que fuese a parar a un aljibe.

Una galería similar, aunque de menor tamaño apareció en el Patio de los Leones, cancelada a propósito con piedra y cal en la parte cubierta del patio. Aunque no existe documentación al respecto, se piensa que pudiese estar destinada a abastecer una gran fuente que habría en el patio y que viene citada en las memorias del humanista y viajero austriaco Jerónimo Münzer, aunque se desconoce realmente su antigüedad.

El sótano del palacio fue visitable en la década de los ochenta cuando existía allí el museo etnográfico que "tuvo que cerrar por un problema de filtraciones que hacía que se inundara periódicamente y por otros problemas de filtración de gasoil (de la caldera) que también salía por el subsuelo". Además, una de las estancias del sótano, que queda al otro lado de la fachada principal por debajo de la plaza del palacio, alberga dos pozos "que rebosaban agua". Hasta 2006 no se produjo la obra destinada a desecar el sótano.

Al hacer sondeos en el sótano para descubrir de dónde venían las filtraciones apareció otro de los secretos que ocultaba el palacio. Al otro lado del muro de la fachada principal se localizó "una galería llena de agua, que pronto se descubrió que no era una galería sino una bodega". Una bodega subterránea, que hubo que vaciar, y que tiene "todas las características de las bodegas del casco urbano de Guadalajara". Una bodega que, según apunta la directora de los trabajos, estaba excavada en légamo, con un cañón principal que toma forma de "L", nichos o sisas para las tinajas, sección ojival y una longitud de 21m de largo por 2m de alto y que se desconoce su origen aunque "lo que sí es seguro es que se dejó de utilizar en 1571 o 1572, cuando fue cerrada". 

Al fondo de dicha bodega había un suelo de ladrillo que resultó ser la bóveda de un aljibe que ya se sabía que existía pues, aprovechando la sequía del 2000, un equipo de espeleólogos había descendido por uno de los pozos del sótano hasta dar con el aljibe. Desde el suelo de la bodega se pudo acceder al aljibe, que comparte características mudéjares con el de Cifuentes o el de Molina y que, aunque se desconoce su fecha de construcción, ya se referían a él como "el aljibe viejo" en el s.XVI y abasteció de agua limpia al palacio hasta 1936.

"El problema del palacio es que no conocemos casi nada de él", así se refería la arqueóloga María Luz Crespo Cano a las múltiples incógnitas que esconde todavía el que seguramente sea el monumento estrella de nuestra ciudad y candidato a ser declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad.

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