Una nueva teoría sobre la aparición del lenguaje

Ignacio Martínez Mendizábal explicó la nueva teoría del origen del lenguaje.La ciencia se equivoca. Así ha pasado con la teoría del lenguaje, que sostenía que los humanos podíamos hablar (y el resto de animales no) porque tenemos la laringe más baja que las demás especies. Pero esta idea se fue al traste cuando el investigador norteamericano Tecumseh Fitch, y otros después de él, descubrieron que otros animales como el ciervo rojo o el perro, descienden su laringe para conseguir sonidos más graves. Entonces, ¿por qué los humanos articulamos palabras y los perros no? Los paleontólogos de Atapuerca han dado una posible explicación.

Ignacio Martínez Mendizábal, del área de Paleontología del departamento de Geología de la Universidad de Alcalá de Henares, expuso esta teoría en la delegación de la UNED de Guadalajara, dentro del exitoso ciclo Jueves de la Ciencia, que hoy ha concluido.

Él es el encargado de coordinar esta investigación que, de momento, parece que está arrojando resultados creíbles o que, al menos, encajan con una posible explicación. Claro, que también parecía encajar la idea de que era determinante para el habla el grado de flexión basiocraneal y la anatomía del hueso hioides.

El propio Martínez reconocía que él había defendido esta teoría, que se ha reproducido en numerosa bibliografía. ¿Cuándo empezaron a intuir que no podía ser la explicación? La Sima de los Huesos de Atapuerca ha sido de enorme ayuda. Allí, hay muchos cráneos que estudiar y con los que trabajar y, examinándolos, han llegado a la conclusión de que estas premisas no eran determinantes.

¿Y entonces, por qué hablamos?

El hioides, en la imagen, ya no tiene nada que ver./ Javier Trueba.Tras exponer estos antecedentes, Martínez introdujo cómo se les ocurrió la idea que ha llevado a iniciar una nueva investigación y, por ende, una teoría alternativa. "Si hubiésemos sido mujeres, quizá se nos habría ocurrido antes" bromeaba el paleontólogo, refiriéndose a la premisa que se ha convertido en la piedra de toque de la investigación. Han dejado de basarse en la capacidad de producir sonidos y se han centrado en la capacidad de escucharlos. "Los hombres hablamos mucho, si escuchásemos, habríamos llegado antes a esta idea" concluía el chascarrillo.

Lo que han hecho hasta ahora es estudiar en profundidad cinco de los cráneos de la Sima de los Huesos de Atapuerca, uno de los yacimientos más ricos del mundo, que se atribuyen a la especie Homo Heidelbergensis. Se les han realizado exhaustivos TAC para poder reconstruir el oído de estos homos (las partes de tejido blando, porque los huesecillos se conservan).

Esta sería la primera parte de su investigación, relativa a la fisiología. Pasaron a la segunda parte, que se refiere al medio.

Mejor en la sabana que en el bosque

Enseñaba Martínez un audiograma de un elefante (que no han realizado ellos). Puede parecer fácil de obtener, pero realmente no lo es. Los audiogramas se realizan poniendo a las personas unos cascos por los que oyen determinados sonidos. El paciente debe indicar, pulsando un botón, por qué lado oye en el momento en que detecta el sonido. Hacer esto con un elefante entraña varios problemas, ("como que no tengan dedos con los que apretar el botón" bromeaba Martínez).

Se enseñó al elefante para que realizase la prueba con éxito y se comprobó cómo es su patrón. Al compararlo con los patrones de otros animales, se ha llegado a la conclusión de que los animales pequeños escuchan mejor en tonos agudos, mientras que los animales grandes hacen lo propio en tonos graves.

En la Sima de los Huesos tienen muchos ejemplares con los que estudiar.Visto esto, se preguntaron: ¿Cómo oyen los monos que son los más parecidos a los humanos? Recopilaron audiogramas de distintas especies y comprobaron que tienen un patrón muy distinto del humano. Es en forma de W. Esto significa que oyen mejor a un KHz, pero luego, hasta los 5Khz oyen peor, justo en la zona donde mejor oímos los humanos.

Pensaron que quizá se debiese al medio en que viven. Y la explicación cuadra. A saber, en los bosques, que es donde viven la mayoría de los monos, hay un elevado nivel de ruido y además, están las copas de los árboles que provocan un efecto de reverberación en los sonidos. Así, en los bosques es fácil comunicar mensajes cortos a larga distancia que se trasmiten con facilidad gracias a la reverberación.

Por eso, a los monos les resulta útil escuchar en esa franja del espectro. Por el contrario, un tipo de mono que vive en la sabana africana, los Tota (Chlorocebus aethiops), tienen un patrón distinto. Esto se debe a que su hábitat carece de árboles, es decir, que es un medio más apto para decir más cosas a menor distancia. Por eso, el desarrollo de su oído es diferente y oye en otras frecuencias.

La conclusión de esto es que cada medio favorece un tipo de comunicación.

La investigación

Con estas dos premisas, se comenzó la investigación. Una vez conseguida la reconstrucción del oído de los homínidos, aplicaron la Teoría de la comunicación de Claude Shannon, que enumera tres teoremas fundamentales sobre cómo se trasmite la información. Shannon viene a decir que para que se produzca la comunicación hay que tener en cuenta la capacidad del canal (en este caso el oído) y cómo se codifica la información (mucha o poca información).

Acudieron a ingenieros de Telecomunicaciones para que realizasen un modelo con el que poder realizar audiometrías a los fósiles de los cráneos. Lo consiguieron, pero había un problema. Una de las variables se refería a tejido blando que, como cualquiera intuye, no se fosiliza. Ellos determinaron usar la variable correspondiente a un humano adulto actual. Hicieron experimentos con cráneos de monos y resultó. Así que, extrapolaron la conclusión a los cráneos de los homínidos.

Han realizado múltiples audiogramas y han obtenido resultados increíblemente parecidos a los que damos los humanos del siglo XXI: un ancho de banda de 3.120 KHz. Por el contrario, los de los monos ofrecen valores que no llegan ni de cerca al 3.000.

Esta última charla del ciclo de la UNED interesó a muchas personas.Conclusión

Si los homínidos estudiados oían igual que nosotros y es importante oír para poder hablar, pues se puede deducir que, los Homo Heidelbergensis ya tenían la capacidad de hablar. Sin embargo, esto no es determinante, es decir, que el equipo de Martínez está aún realizando este estudio y midiendo más cráneos y realizando más audiogramas, puesto que sin estadística no se puede inferir nada realmente demostrable.

Por último, indicaba Martínez que los humanos en realidad son un "experimento" de la naturaleza,  a saber: se han hecho estudios con grandes monos y se ha visto que son pre-verbales, pero no son capaces de hablar porque el medio (bosque) en que viven potencia que les sea más útil para la supervivencia emitir sonidos cortos y fuertes.

Por el contrario, los Tota que no tienen un cerebro apropiado para ser pre-verbales, habitan un medio (sabana) que propicia la capacidad del lenguaje. Hasta tal punto que es una especie capaz de "articular" tres palabras distintas para huir de tres depredadores: serpiente, leopardo y águila. "¿Qué pasaría si pusiéramos un mono pre-verbal en la sabana, con su mayor capacidad cerebral y un medio propicio para enviar mensajes más largos a menor distancia? Pues ya lo sabemos, sucedió con el primer homínido, la naturaleza hizo su propio experimento" señalaba el paleontólogo.

 

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