Encarna Huerta Sánchez, y Pedro Sánchez Domingo rodeados de toda la familia. Encarna Huerta Sánchez, y Pedro Sánchez Domingo rodeados de toda la familia.

Unos centenarios de Almonacid son pareja desde hace 86 años

Son pareja desde hace 86 años, y llevan casados 73. Con motivo del cumpleaños de Encarna, que el 14 de diciembre llegó al siglo de vida, el Ayuntamiento de la villa almorcileña se ha unido a la familia para hacerles a ambos un reconocimiento a su trayectoria vital, y a Encarna, entrega de una placa y un regalo.

Almonacid de Zorita. 19 de diciembre de 2016. El Ayuntamiento de Almonacid reconoció ayer la trayectoria vital de dos mayores, Encarna Huerta Sánchez, y Pedro Sánchez Domingo. Pedro nació el día 8 de febrero del año 1915, mientras que Encarna lo hizo el día 14 de diciembre de 1916. Los dos lo hicieron en Almonacid de Zorita y en la actualidad viven en la Residencia de Mayores Virgen de la Luz de la villa almorcileña, lugar en el que se celebró el emotivo acto.

Aunque en nuestros días ya no sea tan infrecuente llegar a cumplir esa edad, lo que sin duda  sí que es una excepción es que lo haga un matrimonio, que lleva siendo pareja desde el año 1930, y casado desde el día 30 de septiembre de 1943. Consecuentemente, llevan la friolera de 73 años felizmente casados y 86 comprometidos. Por esta razón, Elena Gordon, la alcaldesa de Almonacid, le hizo entrega ayer de una placa conmemorativa y de un regalo a Encarna, con motivo de haber alcanzado el siglo de vida, incluyendo además en el homenaje a Pedro, que en 2017 cumplirá 102 años.

Ninguno de los dos lo tuvo fácil en su niñez. Ambos provienen de familias largas, de seis hermanos cada una, y con pocos recursos. Se hicieron novios subiendo y bajando la cuesta de la carretera de Almonacid de Zorita, camino de Albalate, en Semana Santa. Ella tenía trece años, y él acababa de cumplir quince.

El padre de Pedro estuvo en la Guerra de Cuba. Y él mismo tampoco se pudo librar de la batalla. En el año 1936 tuvo que huir de su casa y de Almonacid, dejando atrás a su familia y a su novia. En aquella confrontación sin sentido, Pedro combatió en ambos bandos, con una fijación: volver a encontrarse con su querida Encarna.

Combatió en el frente de Teruel, en la Sierra de Albarracín, en Cuenca y estuvo destinado, como  pontonero, en Zaragoza, “construyendo puentes y sin saber nadar. Si me llego a caer al Ebro, me ahogo”, recordaba ayer el anciano, con el que aún se puede hablar. Estando lejos de su pueblo natal, le encargó a un soldado amigo que le diera razón de él a su enamorada. “Quería a toda costa que supiera que estaba vivo”, recuerda Pedro.

Aquel amigo cumplió su palabra y, al llegar a la villa almorcileña preguntó por Encarna a la primera muchacha que vio. Casualmente, era ella misma.  El almorcileño pasó nada menos que seis años sin poder regresar a su pueblo y, por lo tanto, sin ver a Encarna, que lo esperó hasta su vuelta. Pese a que no sabía escribir –aprendió tiempo después en la escuela de adultos- la hoy centenaria le compuso unas coplas a Pedro y se las arregló para que se las registraran en una carta y para enviárselas a Teruel. Ella misma las recitaba ayer para toda la familia, pero sobre todo para el gran amor de su vida, que aún lo sigue siendo: “Desde Almonacid te mando, a la Sierra de Albarracín, un buen tomo de cariño, porque no puedo ir allí. Ya te termino diciendo, con un apretón de manos,  que la recibas con tanto gusto, como yo a ti te la mando. Pedro de mi vida, Pedro de mi amor, todos los días del año, te llevo en el corazón”. Naturalmente, el entonces novio aún conserva la misiva. Saturnino, un hermano de Pedro, algo más joven, no tuvo tanta suerte. Murió en la contienda. 

Por fin, las estrecheces económicas les permitieron casarse y emprender la vida juntos. Contrajeron matrimonio en la Ermita de la Virgen de la Luz, y establecieron su domicilio unos pasos más allá, en la calle de la Travesía de la Virgen de la Luz, número 10, donde aún está la casa familiar. Encarna había sido sastra en sus años mozos en una de las dos sastrerías que hubo en el pueblo. Trabajaba, con buen tino, para muchos clientes de Almonacid y para otros de localidades colindantes, como Pastrana. Después de casarse, dejó el oficio, pero nunca de coser, haciendo encargos para todo aquel que se lo pedía. Además, ha sido una mujer valiente y trabajadora, que ayudaba a su marido en las labores ganaderas y del campo.

Con la llegada de la Central Nuclear José Cabrera a Almonacid, lo hizo  también un desahogo económico para la familia. Además del campo, admitieron huéspedes en su casa, lo que proporcionó a los Sanchez-Huerta unos ingresos adicionales para prosperar. El matrimonio tuvo tres hijos, Maria Luisa –lamentablemente ya fallecida-, Saturnino y Carmen.

Por fin, Pedro se hizo jardinero en la Nuclear, donde se acabó jubilando en el año 1980. Encarna y Pedro tienen seis nietos y nueve bisnietos, pero por encima de cualquier otra cosa, todavía sienten adoración el uno por el otro. Ella prueba la sopa para que no le queme,  y él está pendiente de cualquier cosa que Encarna pueda necesitar. Y todavía se echan sus partidas de cartas, después de comer, en la residencia de la Virgen de la Luz. “Para el Ayuntamiento de Almonacid es un orgullo haber podido reconocer la trayectoria vital de estas dos personas tan queridas en el pueblo, pertenecientes a una generación que tuvo poco, pero que dio mucho y que ayudó a construir la España que hoy conocemos”, afirma Elena Gordon.

Ayer, toda su larga familia les acompañó dándoles su cariño infinito, como ellos mismos se lo llevan dando el uno al otro casi noventa años.

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