Natural de Paco Ureña al sexto. Foto: Juan Pelegrín / www.las-ventas.com Natural de Paco Ureña al sexto. Foto: Juan Pelegrín / www.las-ventas.com

Demasiados cuernos y poca casta...

Desde hace unas temporadas; tres.., cuatro a lo más; los ganaderos de bravo trabajan de manera llamativa en el logro de conseguir, para sus reses, unas amplias, llamativas, desarrolladas cornamentas que, aunque representen una palmaria agresión a las características morfológicas de sus variados encastes, buscan el logro de que sus toros sirvan para todas las plazas del universo mundo taurino... o sea: el parné.

Ayer lo hemos podido comprobar en el festejo de Madrid con las reses de “El Torero” y una de “Torrealta”. Cuatro toros de descomunales encornaduras, fruto de una especial selección y alimentación para el logro antes ya citado. Lo demás parece que, según lo visto y el resultado obtenido, no interesaba a sus criadores. Y ahí estamos... demasiados cuernos y poca casta.

Los lidiados más en el tipo de su encaste, 2º y 3º, no es que dieran un juego como para tirar cohetes, pero permitieron el posible éxito de sus matadores. Otra cosa fue que se consiguiera por estos.

Manuel Escribano, que sigue empeñado en seguir poniendo banderillas, muchas veces donde caigan.., se mostró tal cual es como profesional: un torero que para llegar al tendido, con su quehacer, necesita que su enemigo siembre la inquietud en el graderío; y ayer no los tuvo enfrente. Su apreciable tosquedad cuando toca poner más de lo que pone el toro, le hace pasar un quinario para que su labor sea comprendida más allá del agradecimiento por su voluntad. Si a esto se le añade la dudosa colocación de los aceros la cosa baja; y bastante.

Fandiño.., Fandiño, en su soso pero manejable primero, no encontró la inspiración de los hados para suplir las carencias del toro y así vender al tendido, mucho mejor, una labor relativamente pulcra sin buen remate con la espada. En el quinto, que debería ser por tradición bueno, calculé, por sus intenciones y comportamiento, que era hijo de 7 padres..; pero analizándolo con mucho cariño y detenimiento, llegue a la conclusión de que como mínimo era de 27...

Se equivocó, en este toro, de cabo a rabo el de Orduña; porque lo que el bicho mereció fueron, desde el principio de la faena, solamente seis o siete pases por bajo y por la cara para quitárselo de en medio sin más. Intentar lo que intentó, a sabiendas de ser un logro imposible, le acarreó la incomprensión del público y el piadoso silencio de los aficionados. No está de todas formas Fandiño en su tono, todavía. Le queda la corrida de Parladé, que será, a buen seguro, una dura prueba. Ahí.., ahí hay que ir a por todas, porque Madrid, se nota, empieza a perder la memoria. Se lo contaremos.

Paco Ureña, que en vasco significa “salido del mar”... como es del interior, de Lorca, ayer “salió del barro” de Las Ventas, como un ídolo de total consenso y, además, merecidamente. Fueron dos los motivos de tal conformidad: saber poner en su faena lo que no puso el toro primero suyo y hacerlo con honesta estética, ortodoxa pulcritud y criterio. Y para rematar su obra, mató con un extraordinario pinchazo en los rubios seguido de un estocadazo del que, de no haber perdido la muleta en el embroque, estaríamos hablando de la estocada de la feria.

Pero lo bueno estaría por llegar en el último, un torazo con una amplia y astifina cuna como para ubicar a mellizos, que daba escalofríos mirarla. Resultó, el funo, manso en el caballo, pero despertó su buen son en banderillas y declaró su noble condición en la faena de muleta de un Paco Ureña, sencillamente colosal. Colosal porque supo, desde el principio, ubicarse en las distancias que pedía su enemigo y allí desgranó y explicó, con su ya característica sencillez, facilidad y torería, los únicos mandamientos de la ley de La Tauromaquia. Tuvo el lapsus de acortar con la izquierda los terrenos que exigía el toro, pero se rectificó al final con el osado añadido de trazar sobre el barro el recuerdo del mejor toreo de adorno del gran “Antoñete”; y hacerlo, además... ¡¡en Madrid!!. Logró un trofeo. Si la espada no hubiera sido, en su colocación, desprendida... Ureña estaría en volandas todavía.

Posdata. Mi amiga Blanca Corrales me pidió que les contase, al menos, lo sucedido en los festejos donde los toreros alcarreños de nacimiento y sentimiento, hicieran en San Isidro; y ante esa mirada de sus ojos verdes... no pude negarme.

Visto 1342 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.