Juan Ortega intentando torear al imposible segundo toro. Juan Ortega intentando torear al imposible segundo toro.

Un vasco de Alsasua, “nacido” en Navas de San Juan...

Para celebrar, supongo, el desboque del cambio climático, entre otros motivos, se organizó una corrida de toros a 40º C con su equivalencia en 104º Fahrenheit, ¡¡qué más da!!; en la localidad jiennense de Navas de San Juan, (terreno Enrique Ponce), a iniciativa del Ayuntamiento en colaboración con el ganadero anunciado.

Una terna compuesta por Curro Díaz, Juan Ortega y Álvaro Lorenzo con reses de El Cotillo y Collado Ruiz, configuraban un atractivo cartel por su variada manera de entender La Tauromaquia de siempre, dentro de un modo de hacer y sentir la misma; demostrando de esta manera, a quién lo quiera entender, cómo superar carteles de ferias de plazas de categoría. Lo organizaron ellos solitos sin necesidad de acudir al favor o ceder a las variadas imposiciones de los conocidos taurinos del momento  como: Matilla, Nautalia y sus empleados o el mismísimo Simón Casas..; y lograron atraer a variopintas gentes, todas ellas seguidores de los maestros anunciados.

Yo soy vasco de Alsasua, nacido en Navas de San Juan...

Así se explicaba uno de los seguidores más que dispuesto a pasar por los centígrados y los Fahrenheit, arribado a la localidad desde la playa de Conil..; que ya hay que ser, pero que muy vasco para semejante dislate.

Pues ya me explicará cómo se come eso de ser vasco y nacido en Navas de San Juan...

Fácil de entender amigo.., porque los vascos nacemos donde nos da la gana; y si eres seguidor de un torero.., pues se nace donde este torea.., ¡hostias, tú!..

Como buen jugador de mus, me pasó las señas de su debilidad taurina, porque me confesó que en este mes de agosto, el 15 le toca nacer en Madrid; y el 31 en Sacedón..; más que sutil modo de declararse orteguiano.

El festejo celebrado, tuvo como guión y argumento lo permitido por la feble condición, falta de trapío de la mayoría de las reses y su justeza de pitones, (a los que les dieron fiesta) y la escasez de raza y casta. Resaltar la morucha condición del buey lidiado en segundo lugar y el limpio trapío del toro quinto de interesante juego. Como se puede fácilmente comprender, los lotes de las reses a lidiar se tuvieron que hacer, si es que se hicieron, bajo los efectos del calor abrasador del mediodía..; un contradios.

Pero el festejo estuvo entretenido y así Curro Díaz en su primero estuvo en Curro Díaz, con ganas, buena colocación en el cite, cierto mando y profundidad con la derecha, donde agotó las posibilidades del animal quedando casi inédito al natural al quebrarse el toro la mano izquierda. Un sablazo bajero, como los recetados por los lugareños a los almohades por aquellas tierras de las Navas de Tolosa en su batalla del siglo XIII, fue considerado justamente por la presidenta como borrón ignominioso para el segundo trofeo.

En el cuarto, el maestro de Linares estuvo más en Curro, acompañando el buen viaje del animal y logrando ese pellizco que tiene su personal manera de relajarse cuando todo o casi todo le cuadra. Con una buena estocada para reparar daños anteriores logró los dos apéndices.

Juan Ortega se encontró de primeras al mencionado morucho de aviesas intenciones con el que tuvo que vérselas en una lucha, con desigual resultado, a lo largo de un trasteo que no pudo lograr el dominio sobre aquel buey de espléndida capa castaña oscura; es decir como el color de su condición de ilidiable. Con mucho valor buscó y encontró la muerte del toro metiendo con gran habilidad el estoque en su sitio, cuando pareció a la parroquia un imposible su logro.

Al quinto, que tampoco era bueno, un toro con exigencias de dominio, consiguió apaciguarlo trabajando y trabajando con el pitón derecho hasta que el animal se sintió podido. Tanto trasteo por ese pitón, impidió poder verle con largueza por el potable pitón izquierdo, con el que desgranó dos series de naturales con sentimiento, temple y mando que gustó y mucho al conclave. Una serie de adornos por colofón realizados con guapeza dio fin a una buena labor, como conjunto, de una faena muy trabajada. Entrando por derecho dejó una estocada delantera con  perfecta dirección hacia la muerte rápida del animal. Dos orejas tuvo de premio.

Álvaro Lorenzo puede ser un buen torero. Pero para alcanzar ese logro además de lo visto, hecho con gusto, trazo académico y buena composición de la figura, necesita centrarse lo antes posible en dotar a su modo de hacer de ciertos elementos definitorios de su personalidad. El vender el paño con más emotividad, trasladar al tendido su entrega y llevar al espectador su pasión por ser algo en los ruedos; al aficionado, que cree en él, le es necesario percibir ya esas llamadas para afianzar sus creencias en un torero al que se le asignan, con justicia, posibilidades.

Lo mejor y más puro de la tarde corrió de su cuenta y además lo refrendó con limpieza, guapeza y decisión mediante una muerte a su primero realizada gallardamente según los cánones de siempre.

Ficha del Festejo: Plaza de toros de Navas de San Juan; algo más de media entrada. Toros de El Cotillo y Collado Ruiz de muy dispar presentación; febles y desrazados, sin problemas salvo 2º y 5º.

Curro Díaz: oreja y dos orejas. Juan Ortega: palmas y dos orejas.

Álvaro Lorenzo: dos orejas y palmas.

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