Las gachas de Morillejo

Las gachas de Morillejo

Las gachas son un producto genuino de nuestra tierra que todavía se cocina en los  hogares de Morillejo. Son plato del invierno, por la gran cantidad de calorías que atesoran y que antes le venían de maravilla a quienes las necesitaban todas para trabajar duramente en el campo y para defenderse de los hielos.


Según contaba Felipa Rodrigo mientras las cocinaba en su casa, junto a la Iglesia del pueblo, era costumbre comerlas antes de salir a trabajar al campo y en las matanzas, donde los lugareños se juntaban por familias para llenar las despensas a costa del animal al que se le aprovechan hasta los andares.

Fotografiado el proceso, la cocinera, su marido, Gerardo Sotodosos, y un servidor, nos sentamos en la mesa del salón, y nos las metimos entre pecho y espalda como debe ser, calientes, de la misma sartén y acompañadas por un buen vaso de churú y por otro de vino.

Ingredientes para cuatro personas:
•    Papada de cerdo (torreznos), panceta.
•    Harina de almortas  (dos cucharadas por persona).  
•    100 ml de aceite de oliva.
•    Pan frito en cuadraditos.
•    Media cucharada de pimentón, cuatro o cinco ajos, sal y agua  (250 ml por persona)

Preparación según la receta de Felipa Rodrigo
Lo primero es poner a calentar el aceite de oliva en una sartén honda. Cuando ha cogido temperatura, se vierte la panceta. En ese mismo aceite, ya mezclado con la grasilla de la carne, se añaden  cuatro o cinco ajos pelados. Una vez han dejado su gusto, siempre sin que se quemen lo más mínimo, porque si se pasan lo estropean todo, Felipa los retira. Hay quien los deja. Es el momento de poner la harina, “siempre de almortas, nunca de trigo”, puntualiza la morillejana, a razón de dos cucharadas por persona. La mixtura se tuesta al fuego, al tiempo que se espolvorea con cuidado de media a una cucharada de pimentón rojo, a gusto de cada familia. A los Sotodosos-Rodrigo, les gustan bien coloraditas.

De la habilidad de la cocinera depende que no se peguen. Para evitarlo, a la masa se le añade agua fría. En todo momento hay que remover bien para que se disuelva la harina, no queden grumos y no se tueste en demasía.  En la misma sartén, las gachas se dejan recocer durante media hora en la que la grasa sube a la superficie. Cuando están listas, Felipa les añade unos trocitos de pan que ha frito previamente.
En su casa no les gusta decorarlas con nada, ni que le sirvan de cama a la panceta. Ellos la comen en un plato aparte. “Es una comida que queda fea en los platos. Por eso se comen directamente de la sartén”, termina Felipa.

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