Los dulces artesanos de Guadalajara

Los dulces artesanos de Guadalajara

En esta ocasión acercamos hasta nuestro rincón gastronómico no una receta, sino todo un recetario. Es un nuevo libro que nos entrega recuerdos y sabores de antiguas épocas, realizado con la pulcra maestría de Aache Ediciones, gracias a la generosidad que los hijos del autor, ya fallecido, han demostrado al poner al alcance de todos las recetas personales de quien fue “maestro de la dulcería” en la Guadalajara de postguerra.


Antonio Ferrero Boya (1921-2005) artesano del dulce, está reconocido por su aportación a la artesanía del dulce en Guadalajara, siendo sus especialidades más notables los famosos "feos", las pastas de almendra, las pastas de piñones, el turrón de yema, los merengues de café, el huevo hilado, los bizcochos borrachos, las trenzas de hojaldre y el roscón de Reyes. De su vida sencilla y laboriosa poco puede decirse que no tenga que ver con los obradores de las pastelerías. Nacido en Benavente (Zamora), con pocos años y recién casado, se instaló en Guadalajara y nunca salió de aquí, porque siempre dijo que la ciudad alcarreña siempre le había tratado muy bien. La paciencia infinita del señor Ferrero ha sido, quizás, el secreto mejor guardado que, durante más de cincuenta años, hizo que casi toda Guadalajara "se chupase los dedos" con sus exquisitas elaboraciones. Siempre con el lema de "querer hacer las cosas bien", Antonio Ferrero recordaba en la última etapa de su vida la satisfacción que le producía ver a "los chicos y chicas" de Guadalajara comer sus dulces por las calles. Han querido sus hijos cumplir con un último deseo del autor de estas “genialidades gastronómicas”, y que no era más que dejar a la posteridad, en forma de libros, las recetas de sus elaboraciones.

Para cuantos de jóvenes nos acercamos muchas veces a los escaparates de la confitería Villalba, en la calle mayor de Guadalajara, y sentíamos cómo se nos hacía la boca agua al ver aquellas golosinas maravillosas que endulzaban las tardes infantiles (los feos, los hojaldres dulces, los merengues de café, las pastas de piñones…) es ahora emocionante comprobar que todas se han reunido, escritas y fotografiadas, en este libro que es como un tesoro precioso, como un pasaporte a la infancia, y como un legado generoso del que el autor quiso que nos apropiáramos todos. Sus hijos Antonio y Milagros han sabido recoger aquel deseo de su padre, y han conectado con la sociedad no solamente rehaciendo aquellas suculentas nimiedades, sino recogiendo en este libro tan cuidado los afanes de Antonio Ferrero.

La Diputación Provincial de Guadalajara ha entendido también, a la perfección, que ayudando las ediciones de libros como este ayudan a mantener viva la raíz generosa de esta tierra, que de tantos modos se expresa. Un libro sonriente, colorista, sabroso, inolvidable. No se puede pedir más. Hay que tomarlo en las manos, disfrutar con la vista, segregar saliva, y ponerse a la tarea de reproducir, de cualquier manera, estas delicias…

Fuente (AAeche Ediciones)

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