Río Negro, un buen vino para iniciar el camino de los Pueblos Negros

Río Negro, un buen vino para iniciar el camino de los Pueblos Negros

La apuesta de una familia emprendedora en lucha contra los elementos

Pocos daban crédito a lo que veían, cuando la familia Fuentes Fernández decidió adquirir a finales de los noventa una enorme finca de 600 hectáreas en la zona más alta de Guadalajara, rozando los 1000 metros de altitud para dedicarla a... hacer vino. ¿Están locos?, decían los sabios de lugar, con este clima hostil, con frecuentes heladas, con enormes diferencias térmicas de hasta veinte grados entre el día y la noche... ¡No lograrán nada!, concluían los expertos que todavía tenían en la memoria los estragos de la filoxera que habían dejado sin vides a casi toda la provincia. Cuando además decidieron llamar a la finca y la bodega Río Negro, los más pesimistas, aunque graciosillos, indicaban: “Sí, negro, como vuestro futuro”.


Pero ninguno de los críticos tenía en cuenta el empeño, la tenacidad y la audacia de Fuentes, su esposa y luego sus hijos que hacían una apuesta arriesgada, pero que estaban convencidos de ganar. Naturalmente que sabían que el empeño no sería fácil, pero estaban dispuestos a trabajar lo que hiciera falta para conseguirlo. El resultado hoy, quince años después, es una calidad de vinos blancos y tintos que merecen medallas de oro y calificaciones por encima de los 92 puntos en los principales concursos y guías. Además, han conseguido añadir un atractivo más a esta zona en torno a la villa de Cogolludo, a las puertas de los Pueblos Negros, de la Sierra de Ayllón y del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, lleno de bosques de robles, encinas, pinares y monte bajo.

Porque es en esta parte de Guadalajara, alejada de la única denominación de origen que hay en la zona, Mondéjar, donde comenzaron las plantaciones en una superficie de 42 hectáreas con varietales como Tempranillo el pilar de sus vinos tintos, acompañada por Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot; mientras que para blanco se cultiva la Gewürztraminer que, no sin dificultades, se ha adaptado a la zona dando magníficos resultados. Pese a los malos augurios iniciales, en realidad se trataba de recuperar la tradición vitivinícola de la zona, ya que durante siglos el pueblo donde se ubica la finca vivió de la viticultura. De hecho, en el escudo de Cogolludo se representa un ramo de uvas. Y en una de sus iglesias hay una Virgen sentada sobre una vid y con uvas en las manos.

Ventajas entre las dificultades

Lo que para muchos eran dificultades, para los propietarios de Río Negro fueron oportunidades. La altura del terreno, uno de los de mayor altitud para viñedos de Europa, es en realidad garantía de conseguir los mejores vinos; el terreno, compuesto de pizarra negra que da nombre al antiguo río ahora seco que cruza la finca, y guijarro aporta un buen drenaje a estos terrenos de por sí bastante austeros, incluso calor en las frías noches al calentarse por el día debido a la insolación. En colaboración con el Instituto de Investigación de la Viña y el Vino de la Universidad de León, y bajo la dirección de el enólogo e investigador Juan Mariano Cabellos, responsable desde el inicio del proyecto, de todo lo relativo al viñedo y la bodega, se seleccionaron las mejores parcelas en base a un análisis previo del suelo y su adecuada orientación, se realizó el seguimiento de la evolución del terreno y de cada cepa, lo que permite además de alcanzar una mayor calidad del fruto, ser respetuosos con el medio ambiente.

La vecindad con la Sierra de Ayllón, límite natural entra las provincias de Segovia, Soria y Guadalajara en esa zona, permite que la precipitación anual de lluvia esté por encima de la registrada en las zonas de meseta colindantes. Además, incide en que los veranos sean menos calurosos, con temperaturas máximas inferiores en, al menos, 5ºC a las zonas de meseta, y con noches más frescas. Estas características se manifiestan especialmente en la época de maduración. Así, a lo largo del mes de septiembre se alternan días cálidos sin excesos, con noches frescas y con un alto destivel térmico entre la noche y el día, lo que influye decisivamente en un proceso de maduración pausado, lento, adquiriendo la uva un sazonamiento adecuado que transmite al vino posteriormente todo su potencial.

Las vides tienen formación a un solo brazo en espaldera a 70 centímetros del suelo, para evitar daños por heladas tardías de primavera y poda en pulgares. Desde el inicio del proyecto se ha extremado el cuidado a todo el ciclo de la vid, asegurando así la máxima calidad de los racimos que llegan a la bodega. Por esta razón, se emplea exclusivamente uva procedente del viñedo. Se realizan dos podas en verde eliminando los sarmientos indeseados, limitando la producción por cepa y asegurando, por tanto el adecuado equilibrio vegetativo. Así se obtiene la mayor concentración de todos los elementos minerales y nutritivos que aporta el suelo y una maduración con un sazonado idóneo de los racimos. Las labores que se emplean son respetuosas con la cepa y el medio ambiente, como el paso del intercepas para evitar herbicidas, el uso de abonos naturales y específicos para cada parcela y la eliminación de sarmientos para evitar enfermedades.

La vendimia se realiza en cajas de 18 kilos. Durante el desarrollo de la uva en la cepa no se sobrepasa nunca un rendimiento superior a 1´5 kg/cepa para asegurar la calidad y óptima maduración de los racimos. También se realiza una selección de uvas para desechar aquellas que no se encuentren en el adecuado estado sanitario o de madurez. La cercanía de los viñedos a la bodega provoca que desde que se vendimian los racimos, la posterior selección de estos en bodega y su entrada en los depósitos de fermentación trascurra un tiempo mínimo.

Espectaculares resultados

Para el siguiente proceso, el que se realiza en bodega, se extreman los cuidados, por eso cuentan con toda la tecnología necesaria para elaborar vinos de gran calidad: depósitos de acero inoxidable con doble camisa para controlar la temperatura, con sistema de bazuqueo automático, de diferentes dimensiones e incluso forma, al incorporar también depósitos troncocónicos y tinas de madera para fermentación. También las barricas tienen toneles de gran calidad, con un 60% de barricas de roble francés y de un 40% de roble americano, que cada cuatro años son renovadas. Los vinos descansan aquí, en condiciones de temperatura y humedad óptimas, durante un período de un año en barrica y otro año más dentro de la botella. Igualmente, la bodega de crianza está dotada de un sistema de control de humedad, temperatura y renovación de aire, que permite asegurar condiciones idóneas y estables de crianza y conservación de los vinos, tanto en barricas como en su periodo de envejecimiento en botella. Con todo ello, en estos momentos la producción se sitúa en unas 100.000 botellas al año, que se venden en puntos muy elegidos de la geografía nacional y también en países como Alemania, Inglaterra, EE.UU, Méjico o China.

Pero, claro, lo importante al final es disfrutar de sus vinos. Saborear el blanco no es tarea fácil ya que con un producción de apenas 5.000 botellas con frecuencia hasta es difícil encontrarlo en la bodega. El Gewürztraminer tiene una nariz muy intensa y compleja, con notas de fruta tropical y fruta de hueso y un fondo floral muy agradable. Sorprende especialmente en boca, donde se diferencia claramente de otros con la misma uva, no se muestra goloso sino seco y estructurado. Con un gran equilibrio entre acidez y alcohol y un cuerpo muy interesante que permite disfrutarlo con una gran cantidad de platos. Un vino amplio y redondo con un largo recuerdo, muy agradable y lleno de matices. Con personalidad propia.

El tinto es un coupage de las variedades que cultivan, con el esqueleto de la Tempranillo (65%) y el aderezo de la Syrah (20%), Cabernet Sauvignon (10%) y Merlot (5%), siendo estas las proporciones aproximadas aunque variables año tras año. Los tintos de 2009, 2010 y también 2011 son redondos y equilibrados, aunque cada uno con sus matices. Con cuerpo pero fácil de beber por la sedosidad de su tanino. Con un muy buen equilibrio entre la acidez y el alcohol puesto que posee de ambos en buen nivel pero perfectamente compensados, buena señal para que el vino tenga una larga vida. La crianza en barrica aparece aportando complejidad al vino pero sin empañar su carácter varietal. Se nota la calidad de la madera.

Comienzo del camino

La visita a la finca Río Negro bien puede ser el comienzo de una excursión por los alrededores que, como sus propios vinos, estará llena de sorpresas. Para empezar, Cogolludo, asentado sobre una colina, junto al valle del Henares, con unas bellas vistas. Su Plaza Mayor, amplia y de estilo castellano, se encuentra dominada por la espectacular fachada del Palacio Ducal de Medinaceli, una de las primeras y más importantes obras renacentistas, con sillares de caliza almohadillados al estilo florentino, ventanas de gótico isabelino y la cresta decorada con florones y escudos. Lamentablemente, buena parte del interior está en ruinas, pero lo que se adivina en el patio exento de doble columna es, además de una belleza, otro signo de identidad y un mínimo avance de lo que en su día debió ser este palacio. En conjunto, la villa puede exhibir su frase favorita llena de humor: “Tu pueblo será bonito pero el nuestro es Cogolludo”.

Varias iglesias, conventos y ermitas adornan su perfil que destaca sobre la vegetación de monte bajo mediterráneo, donde las jaras, romero, tomillo, cantueso y espliego aparecen en los claros. Más cerca de la sierra van apareciendo grandes masas de pinares entre los que corretean ginetas, zorros, garduñas, comadrejas y gato montes junto a sus hermanos mayores el jabalí, el corzo o el venado y los más pequeños como conejos, liebres, perdices, codornices y tórtolas sobrevolados por el azor, el halcón, lechuzas, búhos y mochuelos y también algún buitre o águila.

Y aquí puede comenzar el camino hacia los Pueblos Negros, un puñado de localidades serranas, que han conservado su ancestral y rústica fisonomía arquitectónica, basada en la utilización de la roca de pizarra para la construcción de sus calles y casas. Este mineral, con su característico color negro, impera en los inmuebles que componen el casco urbano de estos pequeños poblados. Las austeras aldeas, se mimetizan con el entorno en perfecta simbiosis, conformando un elemento más del paisaje, sin distorsionar la perfecta armonía de esta silvestre naturaleza. Esta es una ruta para recuperar la memoria perdida de nuestros abuelos, la necesidad de volver sobre nuestros pasos y saborear lo auténtico.
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