El castillo embrujado

El castillo embrujado

Un paseo por el castillo de Riba de Santiuste y su entorno

Con una figura majestuosa, el castillo de Riba de Santiuste ejerce un extraño embrujo desde su escarpado emplazamiento sobre el río Salado. El impacto que produce en el vistante es de asombro y recogimiento al contemplar tan magna fortaleza, obre todo por las afiladas crestas que rodean al edificio medieval. Tal vez todo este halo ‘esotérico’ ha contribuido a crear una leyenda de la existencia de un fantasma que vaga por sus estancias –y que el programa ‘Cuarto Milenio’ ya intentó grabar en su día–, cuando la organización Nueva Acrópolis andaba restaurándolo, hace más de una década. El aspecto abismal de esta fortaleza, situado en lo alto de un agudo peñón, su estado en ruinas con decenas de buitres sobrevolando sus torreones, alimenta la base de los temas esotéricos que parecen fascinar a tantos.

Ubicado para defender la población que da nombre al castillo, hay que retroceder más de un milenio en el tiempo para descubrir sus orígenes. Si bien parece haber constancia de existir en su emplazamiento un castro celtibérico, fueron los musulmanes quienes levantaron una atalaya defensiva para defender esta zona fronteriza con los reinos cristianos.

Fue durante el reinado de Alfonso VI y su gran avance sobre territorio musulmán al tomar la taifa de Toledo –1085–, cuando esta fortaleza comienza a cobrar su importancia por su estratégica situación de paso entre las dos mesetas.

Posteriormente fue testigo de las guerras civiles que asolaron estas tierras con el tira y afloja entre Castilla y Aragón. En 1451, el monarca navarro Juan II sería quien conquistase el castillo de Riba de Santiuste desde donde podía ejercer una efectiva rapiña sobre Sigüenza y toda su comarca. El obispo seguntino Fernando de Luxán se encargó personalmente de expulsar a los navarros. Para ello reclutó soldados entre la población, armando incluso a los judíos –que tenía prohibido el uso de armas–, además de invertir en artillería y explosivos. De esta manera, puso sitio al castillo y lo tomó en dos meses.

Lógicamente, a los castillos les sientan muy mal las épocas de paz; máxime para un castillo roquero, que no admite su reconversión a un tipo más moderno, adaptado a la artillería, ni tampoco abandonar su empleo militar y pasar a servir como residencia palaciega. Aparentemente conservó una pequeña guarnición entre sus muros hasta fechas bastante tardías. A su mando había un alcaide de la fortaleza, nombrado por el obispo de Sigüenza y al cual había debían pagar un impuesto anual (cifrado en una gallina), exacción que a pesar de lo exigua levantaba lógicas protestas entre los pueblos vecinos, que ya no veían en el castillo mas que una reliquia –y lo que es peor– una carga. Dichos pueblos se habían independizado en la práctica del señorío episcopal, comprando su autonomía a la Corona, por lo cual habían roto los lazos que les unían con el su antigua “capital”: la Riba de Santiuste, población que iría mermando en relación inversa al crecimiento de sus vecinos.

Así que todos quedan invitados a desentrañar o por lo menos conocer estos misterios entre vetustas piedras.

Un río bello y nada ‘Salado’

Zigzagueando entre las rocas y oradándolas como si fuese un cuchillo afilado, el río Salado se abre paso desde su líquido parto cerca de Paredes. A su paso por Valdelcubo se le une el río Berral, y desde Sienes el río Buitrón, momento en el que hace su visita por Riba de Santiuste. Continúa su viaje hacia las salinas de Imón donde se abraza al río de la Laguna, continuando a las salinas de Gormellón uniéndose el río Cercadillo, hacia Santamera. Posteriormente forma el embalse hasta la presa de Huérmeces, donde continua el curso hasta el pueblo de Baides donde nutre al río Henares, que tras pasar por Guadalajara y Alcalá de Henares, muere en el río Jarama. Este es el lento y sosegado viaje del río de nombre Salado, aunque sus aguas sean dulces y cristalinas, que además proporciona una esplendorosa y bella vitalidad a todo el entorno por el que discurre, con espectaculares vuelos de halcones peregrinos, buitres leonados y águilas imperiales. Estos terrenos de color rojizo , son ricos en sales solubles que se erosionan con facilidad por el paso del agua, dando lugar con a grandes valles. En estas zonas la característica del suelo y su uso secular han dado lugar al asentamiento de una vegetación propia de parameras, con encinas y sabinas dispersas, entre matorrales aromáticos de cantueso , mejorana o artemisia . Donde los ríos interrumpen las llanuras y al amparo de la fertilidad del suelo y su humedad, crecen los bosques de ribera de sauces y chopos. En algunos puntos del recorrido se observan bosques de encinas , quejigos , rebollos o pinos .

Cómo llegar
A 85 kilómetros de Guadalajara, se va por la carretera de Barcelona (N-II) hasta el kilómetro 104 y por la CM-1011 hasta Sigüenza, para luego seguir por la CM-110 en dirección a Atienza y tomar, a los 14 kilómetros, la desviación señalizada hacia Paredes de Sigüenza.

Dónde dormir y comer
Para dormir: Casa Rural Castillo de la Riba en La Riba de Santiuste. Tlfno. 629327760 o www.toprural.com/castillolariba Hostal Salinas de Imón. C/ Real s/n. Imón. Tlfno. 949 397311 o www.salinasdeimon.com
Para comer: Restaurante La Sal en Imón. Real 48, Tfno: 949 397 227.www.lasaldeimon.es
Restaurante SABORY en Hiendelaencina. Plaza Mayor 9. Tfno: 949 899 019.

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