El oro de la sierra

La Arquitectura Dorada se extiende en el entorno del Alto ReyMuchas personas conocen la Arquitectura Negra de Guadalajara. Sin embargo, a muy pocos kilómetros del Ocejón –punto neurálgico de dicha propuesta– se encuentra otra de las opciones interesantes que ofrece la serranía de Guadalajara. Se trata de la ruta de los pueblos dorados, que en esta ocasión se localizan en el entorno del Alto Rey. Se conocen por este nombre debido al material empleado en la construcción de sus edificaciones, el gneis, una piedra que al tener contacto con el Sol cuenta con una luminosidad diferente a la pizarra.

La localidad que abre la propuesta es Hiendelaencina, en cuyo casco urbano se pueden distinguir dos partes bien diferenciadas. Por un lado está el Barrio de Abajo, en el que se encuentran múltiples ejemplos de edificaciones de arquitectura popular. Y, por otro, el ensanche realizado durante la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX, debido al aumento de población que hubo con motivo de las explotaciones mineras de plata existentes en la localidad.

Es precisamente este hecho el que llevó a la localidad a alzarse como segundo municipio en número de habitantes de la provincia –llegó a tener cerca de 10.000 vecinos–. Un pasado que ahora el Ayuntamiento está queriendo impulsar con la construcción de un museo de la plata, la elaboración de varias rutas naturales por el entorno y la conversión en visitable de uno de los pozos. Incluso, se han llegado a organizar unas jornadas mineras el pasado mes de noviembre y unos talleres de mineralogía hace poco más de 15 días.

El material constructivo predominante en la zona es el gneisLa zona más antigua del municipio se trata de un núcleo “completo”, recuerdan Tomás Nieto y Esther Alegre en su Guía de la Arquitectura Negra. “La singularidad de Hiendelaencina aumenta cuando se observa que el Barrio de Abajo conserva intacta la estructura urbana, calles, callejones y plazuelas, propias de un enclave de repoblación de los siglos altomedievales” continúan los expertos.

Entre las fiestas que se desarrollan en el pueblo destaca la Pasión Viviente, que tiene lugar el viernes santo por la mañana –suele comenzar a las 12.15 horas–. En la misma participan más de un centenar de personas –todas vinculadas con la localidad–, que hacen posible una cita que se alza como la más antigua de este tipo en Guadalajara –sus orígenes datan de 1972–. A dicha propuesta se deberá unir la feria de ganado y que, junto con la de Cantalojas, son los únicos eventos de estas características que se programan en la provincia.

El viaje continúa

Si se sigue por la carretera que parte de Hiendelaencina hacia el Alto Rey, se llega a Villares de Jadraque, otro ejemplo importante de la Arquitectura Dorada. Del conjunto destaca su iglesia parroquial, de una nave de planta cuadrada y con espadaña. Sin embargo, en este municipio también se pueden distinguir multitud de viviendas que se circunscriben a los tipos arquitectónicos analizados.

Pero si por algo es conocido Villares es por sus vaquillones. Se trata de una fiesta tradicional propia del carnaval –tiene lugar el sábado previo al miércoles de ceniza– consistente en que varios vecinos de la localidad se disfrazan con arpilleras, capas rojas, sombreros y unas amugas en cuyos extremos delanteros se distinguen unos cuernos, mientras que en los traseros cuelgan unos cencerros. Con esta indumentaria se dedican a perseguir a los viandantes, para lo que cuentan con la compañía de los zorramangos, unos personajes que, con una vestimenta diferenciada, “actúan según su libre albedrío”, tal y como recuerda José Ramón López de los Mozos en su libro Fiestas tradicionales de Guadalajara.

La iglesia románica de BustaresEl siguiente municipio es Bustares, lugar en el que convergen dos rutas de interés turístico. Por un lado la de la Arquitectura Dorada y, por otro, la del Románico Rural. Es precisamente el templo bustareño, dedicado a San Lorenzo, el responsable de esta situación. Es un santuario construido en el siglo XIII, en el que existe una portada arquivoltada y una espadaña recia con sillares de granito. En el interior se atesoran una cruz procesional labrada en plata del siglo XVI y una talla de alabastro en la que se representa a la Virgen de la Trapa, y cuyo origen se remonta a más de 200 años.

Sin embargo, la iglesia no es el único elemento patrimonial de importancia que se puede encontrar en la localidad. Está la fuente vieja, edificada en tiempos de Carlos IV, así como diversos ejemplos de edificaciones populares. Como ocurre en otros enclaves de la zona, las cubiertas de los edificios se encuentran protegidas por la teja curva. La excepción son los aleros, en los que la piedra aparece.

La joya de la corona

Pero, sin duda alguna, el pueblo sobre el que pivota la Arquitectura Dorada es Las Navas de Jadraque. Se trata de un municipio al que se llega por una pequeña carretera que parte de Bustares y en el que prácticamente todos los inmuebles respetan la fisonomía de la zona. Incluso las calles están soladas con piedra. Entre sus edificios más singulares, se encuentran la iglesia parroquial o el lavadero. Todo ello conforma una auténtica joya digna de visitar.

Otros municipios de la zona que también se enmarcarían en esta ruta, y que bien merecen un paseo, son El Ordial, Aldeanueva de Atienza, Arroyo de Fraguas, Prádena de Atienza o Gascueña de Bornova, cuya iglesia –también románica– resalta por poseer una portada con un arco dentellonado.

La importancia de la naturaleza

Un ejemplo de Arquitectura DoradaSin embargo, no todo es arquitectura en esta ruta. En la misma también se pueden encontrar enclaves naturales de gran relevancia. Uno de ellos es el Alto Rey, que con sus 1.852 metros se alza como una de las cimas más elevadas de la provincia. En lo alto de la cumbre –desde que se pueden divisar las Torres Kio de Madrid– se emplaza una ermita, cuyo aspecto actual procede de finales del siglo XVIII, aunque se cree que su origen fue anterior y que pudo estar relacionado con los templarios.

En este lugar, el primer sábado de septiembre se realiza una romería en la que participan siete municipios del entorno. Durante la jornada, además de oficios religiosos al aire libre, se puede disfrutar de una comida de hermandad o de otras propuestas tradicionales.

Además, en la vertiente norte de esta sierra se encuentra uno de los parajes más singulares de Guadalajara: el valle del río Pelagallinas. En el mismo, además de inmensos pinares, existen verdes praderas o antiguas construcciones para el ganado. Además, en una de las riberas de este afluente del Bornova se puede distinguir un abrigo rocoso conocido como La Cueva del Oso que, por su inmensidad –y por las pozas aptas para el baño que el riachuelo hace a sus pies–, es merecedor de una visita.

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