Cas Medrano en Argamasilla de Alba. Cas Medrano en Argamasilla de Alba.

En un lugar de La Mancha, con don Quijote

“En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” es la frase inicial que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones respecto a cuál sería ese lugar. Diversas candidaturas desean ostentar tal honor, una de ellas es Argamasilla de Alba, reforzada por la mención de la última frase de la primera parte del Quijote: “Los académicos de Argamasilla, lugar de La Mancha, en vida y muerte del valeroso don Quijote de La Mancha”.

Nuestro camino nos dirige a Argamasilla de Alba. La primera salida de don Quijote tras su ideal caballeresco tiene lugar en el primer capítulo, sin Sancho como escudero que no aparece hasta el capítulo VII, momento en que comienza la segunda salida que termina en el capítulo LII, poniendo fin a la primera parte de la obra. Don Quijote es “un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… Se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así. Del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de Manero, que vino a perder el juicio”. Sancho por su parte es “un labrador vecino suyo, hombre de bien ( si es que este título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera”. Es un hombre llano y profundamente humano que, más cerca de la tierra y de la realidad, llega a ser guía y sustento de don Quijote: “Sube, amigo y guía, que yo te seguiré al paso que quisieres”. Con estos personajes comienza el juego básico del Quijote, en torno a la verdad y a la ficción. Amo y criado, caballero y escudero se embarcan juntos en la misma aventura, la búsqueda de un ideal. Sancho con el gobierno de alguna ínsula, su amo, asomarse al mundo para cambiarlo, para llenarlo de dulcineas y caballeros de honor.

Argamasilla es una población cuajada de historia con una arraigada tradición quijotesca. Es opinión generalizada que Cervantes, concibió la escritura del Quijote en la prisión de Argamasilla, encerrado en una celda que no es otra que la cueva de Medrano. Alonso Fernández de Avellaneda, enemigo de Cervantes y autor del “falso” Quijote contribuyó a reforzar esta tesis situando a su “falso” protagonista y sus hazañas en esta localidad.

La fundación de Argamasilla está documentada en las Relaciones de Felipe II. Como ocurrió en otros pueblos de La Mancha, vio incrementada su población a mediados del siglo XVI con la llegada de las familias moriscas expulsadas de Las Alpujarras tras la derrota de la rebelión contra los edictos de Felipe II. Los moriscos impulsaron los cultivos, gracias al dominio que tenían del regadío, en el siglo XVIII se construía el Gran Canal del Priorato de San Juan, que favoreció tanto el riego de las tierras como el abastecimiento de agua.

La cueva de Medrano es un caserón manchego, hoy magnífi co centro cultural, que combina la arquitectura tradicional manchega con diseño y materiales modernos. Aquí se encuentra la cueva-prisión donde se cree que estuvo encerrado Cervantes. Su nombre proviene del de sus propietarios, una infl uyente familia local. A comienzos del siglo XVII pasó a ser propiedad de Juan Ginel, y en 1863 fue adquirida por el infante don Sebastián Gabriel de Borbón con la fi nalidad de realizar en ella actividades culturales. La cueva de Medrano sirvió ese mismo año de sede a la imprenta de Manuel Rivadeneyra quien imprimió una famosa edición del Quijote con prólogo de Eugenio Hartzenbusch. Tras un incendio que la dejó prácticamente derruida, en 1905, con motivo del tercer centenario del Quijote, fue reconstruida y visitada, entre otros, por Azorín y Rubén Darío. En la actualidad cuenta con una galería en la que se exponen obras de Gregorio Prieto, pintor nacido en Valdepeñas, amigo de Picasso, Pablo Neruda y Juan Gris. La cueva de Medrano es una pequeña habitación encalada, excavada en el subsuelo, y por todo mobiliario, un camastro cubierto por una estera y una mesa con quinqué.

Estos elementos recrean el ambiente que pudo tener la celda de la prisión local en tiempos de Cervantes.

La botica de los académicos, mencionados por Cervantes al fi nal del capítulo LII; con los versos del Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc, con ellos se cierra la primera parte de la novela. En recuerdo a ellos se creó la Asociación de Académicos de Argamasilla, cuyo primer local de reunión era la rebotica de la farmacia de don Carlos Gómez, en la plaza de Alonso Quijano. Con ellos, don Cándido, don Luís, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos, se reunió Azorín en 1905. Aquí podemos contemplar el busto del escritor vasco. La plaza de España, conocida como la Glorieta, alberga en sus jardines las esculturas de Alonso Quijano, Sancho Panza y Dulcinea.

En Argamasilla también podemos visitar la iglesia de San Juan Bautista, iniciada en 1542 y terminada su torre en 1913, el castillo de Peñarroya, en buen estado de conservación y el santuario dedicado a la Virgen de Peñarroya, adosado al castillo y el canal del Gran Prior, obra de ingeniería del siglo XVIII para abastecer de agua a las tierras y poblaciones del Priorato de San Juan, es obra de Juan de Villanueva, autor del Museo del Prado de Madrid. En los alrededores de Argamasilla es frecuente ver los bombos, construcciones rurales de paredes ciegas, encaladas en blanco, con una sola entrada y techo abovedado del que sobresale una pequeña chimenea. Utilizadas en otro tiempo como alojamiento de ganado y vendimiadores en época de recolección de la uva.

Lagunas de Ruidera

Estamos ya en la segunda parte del libro. En el capítulo XXII don Quijote se encuentra descansando en casa de Basilio, después de haber asistido al episodio de las bodas de Camacho. Antes de continuar en busca del nacimiento del río Ebro por tierras de Aragón, don Quijote decide hacer una pausa para conocer la cueva de Montesinos. Hacía allí se dirige junto a Sancho, guiado por el primo de uno de los estudiantes que estuvo en las bodas.

La cueva de Montesinos, está en el corazón del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera “a quien dio felice cima el valerosa don Quijote de La Mancha”. Atado con una cuerda de cien brazadas, don Quijote se adentra por la boca del oscuro abismo, cegado de malezas y aves agoreras, tras encomendarse a su amada. Allí don Quijote establece un diálogo con los personajes que pueblan su mente. El propio Montesinos le hablará de hazañas, héroes y encantamiento entre los cuáles está Dulcinea. También se enterará de que el Guadiana no es otro que el escudero del legendario caballero Durandarte, a quien Merlín convirtió “en un río llamado de sumesmo nombre” o de que Ruidera y sus hijas tanto lloraban que Merlín las convirtió en lagunas.

Montesinos es uno de los pocos lugares citados en El Quijote de forma clara y precisa y efectivamente, existe en el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera “famosas ansimismo en toda La Mancha, y aún en toda España.” En ellas entra en juego la fantasía desbordada de don Quijote, que donde hay una roca él ve un palacio de transparente cristal, ante el escepticismo de Sancho y la credulidad del primo. a esta aventura le sigue la narración del retablo del Maese Pedro con su deambular de camino en camino y de desengaño en desengaño. Todos los lugares descritos se pueden encontrar dentro del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, identificándose la ermita con la de San Pedro de Verona, llamada anteriormente San Pedro de Saelices, que se encuentra a orillas del Arroyo Alarconcillos, y el molino de El Tobar, en tierras con este nombre, donde se suele situar la venta de Maese Pedro que tendrá un protagonismo acusado en los capítulos siguientes. Allí dirigimos nuestros pasos.

Ossa de Montiel

Ossa de Montiel está repleta de resonancias quijotescas. En su territorio se encuentra la cueva de Montesinos y nueve de las quince lagunas Ruidera. En el valle de San Pedro, es donde algunos sitúan el encuentro de don Quijote, Sancho y sus acompañantes con Maese Pedro, portador de un retablo con figuras, una suerte de guiñol en que se narra la historia de Melisendra y don Gaiferos. La representación del retablo tiene lugar en una venta que se suele identificar con el molino de El Tobar. La población se reparte en zonas de monte de encinas, robles, sabinas y enebros con amplias extensiones de vid, trigo y cebada. En 1410 el infante don Enrique, hijo de Fernando de Aragón, le otorga el título de villa.

Las calles de Ossa están plagadas de casas bajas, de sillarejo o tapial encalado, muchas de ellas con el característico zócalo azul tan propio de La Mancha. En nuestra visita nos encontraremos con el rollo o picota, del siglo XVI, una columna de granito de cinco metros que hoy se encuentra en el corral de una casa del pueblo; la iglesia de Santa María Magdalena del siglo XVI y el Museo Etnográfico, que recoge buena parte de la historia y las tradiciones del lugar: fotografías, útiles de labranza, vestidos, enseres domésticos y otros objetos aportados por los propios vecinos, dedicando un especial capítulo a la relación entre la población y El Quijote.

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