Los chozones sabineros

La zona boscosa del Alto Tajo poblada de centenarias sabinas esconde unas curiosas construcciones, los chozones. Los pastores, resineros y leñadores que tenían en el bosque su lugar de trabajo mantenían con la naturaleza un diálogo de respeto, integrándose, en su labor cotidiana, con el magnífico entorno que les rodeaba. Por ello, eran la piedra y la madera de sabina, abundantes en la zona, los materiales elegidos para estas singulares edificaciones.


Las piedras caliza se iban colocando con destreza formando un muro circular alrededor de una sabina central de gran porte. A continuación, se extendían de manera radial las vigas y ramas medianas que configuraban la armazón de la cubierta. Por último, se colocaba cuidadosamente la “barda” –techumbre que se urdía con las ramas más pequeñas de la sabina hasta formar un espesor de más de medio metro–. Fueron los aventureros pastores los que a través de la poda y la tala para la obtención de leña esculpieron los sabinares del Alto Tajo. Bajo la sombra que los chozones les proporcionaban en las extenuantes jornadas de labor, algunos de estos pastores dejaron de su puño y letra, a través de pequeños poemas y delicados dibujos, un legajo de la historia plasmada en los pilares y vigas de sus chozones.

Largas temporadas pasaban los pastores en el campo, por lo que los chozones se convirtieron en una construcción habitual destinada al cobijo, también para el ganado. Proliferaron desde la Edad Media por toda la comarca, aunque se desconoce su origen exacto, debido a la inexistencia de documentos escritos que lo registren.

Evolución y conservación

Con el tiempo, los chozones fueron evolucionando en su forma, que fue adaptándose a las nuevas necesidades de sus moradores. Los más antiguos presentan una planta circular –en ocasiones con más de 8 metros de diámetros– alrededor de la sabina que sustentaba toda la cubierta. Los muros, de robustas piedras eran dobles para lograr aislar el espacio que quedaba en el interior de las inclemencias del tiempo y las bajas temperaturas del invierno en la sierra.

La necesidad de más espacio fue el motivo por el que la primitiva planta circular fue sustituida por un modelo de planta rectangular a la que se le añadió el pórtico y un patio exterior delimitado con muros. De esta manera se aumentó la superficie del chozón, gracias a un nuevo entramado en forma de cuadrícula, ahora sustentado en cuatro sabinas. Los más modernos, aparecidos a partir de mediados del siglo pasado, disponían los palos de sabina como un costillar, consiguiendo eliminar los troncos del espacio central del habitáculo.

Encontramos aún en pie algunas de estas bellas construcciones en la zona del noroeste del Parque Natural del Alto Tajo, en las localidades de Ablanque, Escalera o Corduente. Conservados, sin embargo, no sin mucha dificultad ya que el abandono de la actividad pastoral hizo caer a los chozones en desuso, y en consiguiente la preocupación por su conservación. Quedando, eso sí, como testimonio de lo que antaño fue la vida ganadera en el Alto Tajo.

De Ablanque a Escalera

La cara noroeste del Parque del Alto Tajo, esconde entre su riqueza natural y paisajista, una buena muestra de chozones sabineros, construcciones típicas que los pastores levantaban como refugio para ellos y para el ganado. La mayoría son de propiedad privada, por lo que su paso al interior está restringido.

Sin embargo, se cuenta con otros, como el ubicado en el Mirador del Cerro, a dos kilómetros de la localidad de Ablanque, recientemente restaurado y abierto a las visitas. El ascenso al mirador, que nos reconfortará a nuestra llegada con las impresionantes vistas que regala, podemos hacerlo a pie, en bici o en coche. Antes de alcanzar la mitad del camino podemos desviarnos en su margen izquierda para visitar el puente romano sobre las aguas del Ablanquejo. Continuando por la ruta de senderismo que une Ablanque con Buenafuente del Sistal, se accede a un segundo chozón.

Existe una segunda ruta, que parte del municipio de Escalera con dos agrupaciones de chozones. La primera de ellas queda ubicada en el paraje de El Cerrillo, al que se accede desde un collado por un camino rural que parte de la carretera de Fuembellida. El segundo se halla en la misma carretera. En el Sabinar se puede visitar una espléndida agrupación de chozones, acompañados por paneles explicativos.

 

Panorámica desde AblanqueCómo llegar

Para llegar a Ablanque desde Guadalajara debemos tomar la A-2, hasta el desvío a la N-211, dirección Molina de Aragón, desde la que cogeremos la GU-949 hasta esta localidad.

Hasta el municipio de Escalera, debemos tomar desde la N-211, la CM-2015 por la continuaremos hasta el desvío a la GU-401 y de esta a la GU-959.

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