Los Diablos de Luzón vuelven este sábado Foto: www.turismoenguadalajara.es

Los Diablos de Luzón vuelven este sábado

Uno de los carnavales más singulares de la provincia de Guadalajara es el que se celebra este sábado, 2 de marzo en la localidad de Luzón, donde los “diablos” , que van vestidos de negro totalmente y hacen sonar ruidosamente los grandes cencerros que llevan amarrados a la cintura, tambien portan astas de toro sobre la cabeza, llevan brazos y cara cubierto un un espeso hollin, la tradicion hace que los diablos perseguigen a todo aquel que no se ha disfrazado y lleva el rostro descubierto, para tiznar de negro.

El personaje del demonio está muy arraigado en la cultura popular y el carnaval, raro era el pueblo del Señorío de Molina en que no aparecían uno o dos diablos persiguiendo a la chiquillería y arrojando cenizas a las mozas.

Los mozos acuden a vestirse a un lugar en principio secreto, se protegen la piel con cremas para luego embadurnarse los brazos, manos, cara y cuello con una mezcla de aceite y hollín molido que les da un color negro muy brillante y que contrasta con el blanco de los dientes hechos a base de trozos de remolacha.  Se visten con negras vestiduras hasta los pies, una blusa muy ancha sin mangas y un faldón; en la cabeza unos enormes cuernos de toro o de buey con almohadilla les serán atados a los hombros y la frente, todo ello tapado por un pañuelo negro hasta la nuca. A los pies trozos de saco liados con simples cuerdas y como remate, unos enormes cencerros  a la cintura llamados “trucos y cañones” romperán el silencio de la tarde cuando los diablos bajen corriendo al caserío mordiendo un trozo de patata que les sirve para refrescarse.

Por la mañana, sobre las 13:00h la fiesta se comienza a animar con los Dulzaineros  y tiene lugar el pregón. Los Diablos y Mascaritas aparecerán sobre las 17:00h más o menos en la plaza, la entrada a la plaza de todos los Diablos juntos, es uno de los momentos más espectaculares de la fiesta.

Al llegar a la plaza, correrán entre las mascaritas tratando de asustar a las mujeres y dar miedo con su estruendo y tiznando aquí y allá con su negro ungüento, sobre todo a las mozas. Una vez calmada la euforia, los diablos disfrazados recorrerán las frías calles al caer la tarde en una extraña e indefinible procesión que sólo se da en alguna pesadilla.

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