Molina de Aragón con señorío

Molina de Aragón con señorío

Molina de Aragón, como su propio nombre no indica, pertenece a la provincia de Guadalajara. Esta ingeniosa frase  esconde una confusión histórica que todavía corre por la mente de muchos españoles. La historia nos dice que Molina fue independiente en tiempos del dominio árabe y llegó a ser capital de uno de los reinos de taifas. Alfonso I "El Batallador", rey de Aragón, se la arrebató a los moros cuatrocientos años después de iniciada la Reconquista para cedérsela a su esposa, doña Urraca de Castilla.

La independencia de Molina, puesta de manifiesto durante el dominio musulmán, siguió siendo una constante en el siglo XII. Tuvo durante 200 años su propio fuero, otorgado por el noble don Manrique de Lara verdadero artífice de la prosperidad medieval de la villa y mentor de sus monumentos más destacados. Por entonces, Molina era un estado independiente dentro de Castilla.

El primer Señor de Molina fue Manrique de Lara que consigue el fuero independiente de los reinos de Castilla y de Aragón tras mediar entre ellos por la disputa de aquel territorio. El título fue heredándose de padres a hijos, que fueron emparentándose con la alta nobleza de la época hasta que cayó en manos de Alfonso XI, nieto de María de Molina y bisnieto de Blanca de Molina, últimas señoras independientes de Molina, momento en el que quedaría ligado a los títulos primero de Rey de Castilla y después de Rey de España, hasta la actualidad, de tal modo que Juan Carlos I es señor de Molina.

El castillo

Al primer señor de Molina le debe la ciudad la reconstrucción del viejo castillo árabe, que ya dominaba la ciudad en tiempos de los celtíberos. Como una corona en lo alto de un cerro el castillo de Molina de Aragón atrae las miradas de todos los visitantes por encima del resto de monumentos -muchos, hay que reconocerlo- de esta villa.

El castillo fue edificado sobre un antiguo castro celtibérico utilizado por los árabes durante su dominación. Declarado Monumento Nacional en el año 1931, es sin duda la fortaleza más grande y expresiva de Castilla-La Mancha. De las ocho torres que llegó a tener este magnífico alcázar tan sólo cuatro han conseguido llegar en pie hasta nuestros tiempos: son las de Doña Blanca, de Caballeros, de Armas y de Veladores. Todas ellas se encuentran comunicadas entre sí por un adarve protegido de almenas. El recinto externo de la fortaleza, lo que podríamos denominar albácar de la alcazaba, o campo de armas, es muy amplio. En tiempos de doña Blanca albergaba un barrio entero.

El castillo ha sido protagonista a lo largo de la historia de múltiples batallas, tanto en la Edad Media, como en la Guerra de la Independencia y guerras carlistas. En el castillo molinés destaca además la presencia de una gran torre aislada, al norte de la fortaleza, y en su punto más elevado, que se denomina la Torre de Aragón. Fue la primitiva construcción, sede del castro celtíbero, puesta en forma de defensa por los árabes, y diseñada por sí sola como un auténtico castillo independiente, que sin embargo estuvo siempre comunicado con el castillo mayor a través de una galería subterránea.

Se llegó a barajar construir sobre este castillo el Parador Nacional, que tanto ansía Molina, pero la idea se desechó y ahora están a la espera que comiencen las obras de un edificio de nueva planta en un paraje próximo a esta fortaleza.

Otros monumentos

Otros de los símbolos medievales de Molina es el puente románico sobre el río Gallo, que atraviesa la ciudad de noroeste a sur. Conocido popularmente como el Puente Viejo, fue construido en la época de la repoblación del burgo, hacia los siglos XII-XIII. Construido con sillar de arenisca roja, está formado por tres arcos escarzanos, tamajares triangulares y redondeados, con "giba" acentuada en el centro.

Históricamente la urbe molinesa ha estado jalonada de numerosos y palacios, de un tipismo constructivo muy acusado. Aunque muchos han desaparecido a lo largo de los siglos, entre los que quedan deben destacarse el Palacio del Virrey de Manila, del siglo XVIII, con su magnífica portada barroca.

En la arquitectura religiosa destaca la  Iglesia de Santa Clara. Aparece adosada al Convento de las Clarisas por el norte y poniente. Es de la segunda mitad del siglo XII, protogótica. También la Iglesia de Santa María la Mayor de San Gil, que rimero fue un edificio románico del siglo XII, siendo posteriormente reedificada en el XVI.
Por último reseñar la Iglesia de Sta. María del Conde, junto al Ayuntamiento, la más antigua de las fundadas por Manrique de Lara, en el siglo XII.

De gran interés son sus construcciones civiles que salpican sus calles estrechas y pintorescas. No deben dejar de admirarse, por ejemplo, la casona del llamado Palacio de los Molina (hoy un emblemático establecimiento de restauración), con escudos, rejas y el tradicional portón central adovelado, y la Casa del Obispo Juan Díaz de la Guerra, en el Arrabal de San Francisco, de finales del siglo XVIII.

Pata de vaca, dulce típico molinés

La pata de vaca consiste en un bizcocho hecho a base de huevos, azúcar y harina, que se acompaña con “una especie de crema de pastelera que,viene de tradición familiar. Además se cala por un jarabe para conseguir una textura más esponjosa.

Y todo ello en menos de una hora y media. La elaboración de dulce molinés, a pesar de no ser excesivamente prolongada, no está exenta de una cierta complejidad. Todo comienza con los huevos. Primero se baten y se unen a la harina. Una vez hecha la mezcla, se tira con una manguilla a unas latas -especie de bandejas de gran tamaño-, con el fin de preparar la masa del bollo.

Seguidamente, se introduce al horno y, una vez cocinada, se incorpora la crema pastelera. Por último, se cortan, se les da jarabe y azúcar.

Tras seguir todos los pasos, ya se puede degustar una pata de vaca, tal y como las conocen en Molina de Aragón.

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