Rumor de agua en Miedes

Rumor de agua en Miedes

El pueblo de Miedes conserva varias casas señoriales de fachadas rojas, el color que impregna el terreno, mayoritariamente arcilloso, formando un conjunto del que destaca la casa palacio de los Beladíez Trujillo, del siglo XVIII. Conserva así, buenos ejemplares de casas, de arquitectura popular, y otros que son verdaderos palacios, de sillería, del siglo XVIII, con escudos nobiliarios sobre las portadas como la ya mentada, situada en la plaza Mayor de la localidad. No es el único ejemplo, aunque sí el más sobresaliente. Entre las callejuelas de Miedes de Atienza se hallan la casona de Juan Recacha, cerca de la iglesia, y otra con gran escudo de la Inquisición.


La iglesia parroquial, eregida en honor a la Natividad de la Santísima Virgen, es un sólido edificio terminado de construir a finales del SVIII aunque de origen románico, estilo que esta presente en algunos restos, en su estructura interna y en detalles del exterior como por ejemplo el gran arco sobre el presbiterio y el correspondiente ábside. Lo demás es moderno, del siglo XVIII. De esta época es la talla del llamado “Cristo del Miserere” y un altar con pinturas fundado por Juan Recacha. En el suelo del presbiterio está el enterramiento, cubierto por tallada lápida y escudo nobiliario de algunos miembros de la familia Beladíez Truxillo. Guarda esta iglesia también una grande y estimable obra de orfebrería, que es una lámpara votiva.

El término confina, con los de Atienza, Bañuelos, Romanillos de Atienza, Higes, Retortillo y Ujados, dentro de cuya circunferencia se encuentran las ermitas de Nuestra Señora de la Soledad, de Nuestra Señora del Puente – que según la tradición es lo único que quedó de un antiguo poblado abandonado por haberlo invadido las hormigas– y de San Vicente, los despoblados de Santa María, Torrubia y Las Casillas; una cueva llamada La Corrán García, y un cerro denominado del Castillo, en el que se han encontrado cimientos y ruinas de edificios antiguos y de mérito, completándose así el patrimonio arquitectónico de Miedes y sus alrededores. Buena muestra esto de la relevancia que adquirió entre los siglos XVI y XIX. En estos siglos la población de Miedes fue numerosa y contó con gentes de la nobleza y algunos letrados.

Los orígenes de la localidad se remontan sin embargo a la época árabe. Tras la reconquista de la zona por Alfonso VI, este pueblo quedó incluido en la jurisdicción de Atienza, pasando en el siglo XIV al señorío del magnate castellano Iñigo López de Orozco. Un siglo después aparece como señor de Miedes don Iñigo López de La Cerda y Mendoza, hermano del primer duque de Medinaceli, que dando ya en el señorío de esta casa nobiliaria. Estando en posesión de doña Ana de la Cerda, casó esta señora con don Diego Hurtado de Mendoza, a quien los Reyes Católicos dieron, entre otros, los títulos de príncipe de Mélito, duque de Francavilla, marqués de Argecilla y conde de Miedes. Todos esos títulos pasaron a la hija de estos señores, doña Ana de Mendoza y de La Cerda, que al casar con Ruy Gómez de Silva, tomó el título, con el que es más conocida, de princesa de Éboli y luego ambos obtuvieron el de duques de Pastrana, en cuyo estado, y luego en el del Infantado, siguió Miedes y su entorno hasta el siglo XIX.

Paisaje de fértiles campos que atravesó el Cid
 
Es Miedes de Atienza un pueblo rico en agua. Así lo demuestra la hermosa fuente con obelisco central y curiosos tubos que salen de dos de los caños para facilitar la recogida de agua que ocupa el lugar central de la Plaza Mayor. Fuera de la villa, a escasos metros, hay otra fuente de la que se surtía principalmente el vecindario.

Bañado por el arroyo llamado Cañamares y el río Bornoba, el paisaje que se avista desde Miedes está compuesto por un fértil terreno y un paisaje de colinas ganaderas, monte bajo y campos de labor.

En el horizonte, entre los términos de Miedes y Alpedroches, se extiende además la Peña del Cid, un cerro de arcilla roja que muestra unos relieves suaves y amables en la sierra de Enmedio. Según la tradición fue en este otero donde el Cid descansó con su pequeño ejército nada más dejar Castilla, al noveno día de salir de Vivar camino del destierro, antes de adentrarse en las tierras musulmanas controladas por Alfonso VI.

El camino cidiano, a su paso por estos lares, utiliza la antigua Cañada de las Merinas, que durante siglos ha comunicado Romanillos de Atienza y la propia Atienza, como vía trashumante que representa cinco siglos de la historia de la Mesta en la península.

Cómo llegar
Desde Guadalajara, se coge la carretera C-1001, dirección Fontanar. Al llegar a Humanes continuar dirección Cogolludo y desde ahí seguir dirección Atienza. A 5 kilómetros de esta localidad, dirección Aranda del Duero, se llega a Miedes de Atienza.


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