Toledo, una ciudad con mil historias

Toledo, una ciudad con mil historias

Toledo, capital del reino visigodo. Toledo, ciudad donde convivieron las tres religiones monoteístas. Toledo, escenario de batallas a lo largo de la historia. Toledo, ciudad por la que han paseado Garcilaso de la Vega, El Greco, los Reyes Católicos o Carlos V. La capital regional ofrece a cada paso una historia que contar, por haber sido desde siempre testigo excepcional del paso del tiempo y por ser protagonista de un espléndido futuro.


Flanqueada por el Tajo, la ciudad de Toledo se alza sobre un promontorio de granito y ha sido un emplazamiento estratégico a lo largo de la historia de la humanidad. El historiador latino Tito Livio ya la describía en su época como “una pequeña ciudad fortificada”. Los romanos, los visigodos, árabes, judíos y cristianos hicieron de ella el lugar único que hoy podemos admirar a cada paso. Toledo, cruce de culturas y religiones, es una ciudad que ha sabido conservar su pasado y que, sin embargo, está más viva que nunca.

Con una superficie de 232 kilómetros cuadrados y 82.500 habitantes, la capital de Castilla-La Mancha, Toledo, fue capital de España en época gótica, hasta 1560 en que le cedió el testigo a la ciudad de Madrid. La ciudad está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1986 por ser única en sus detalles y su rica cultura. Las tres religiones monoteístas (musulmana, hebrea y cristiana) han dejado huella en Toledo en su patrimonio arquitectónico y artístico. Sus sinagogas, su catedral gótica, su mezquita, sus murallas, sus puentes, sus edificios palaciegos, sus iglesias, plazas y cobertizos hacen de esta ciudad un auténtico museo al aire libre.

Un casco histórico único en el mundo

Toledo sigue, tal y como estaba en la Edad Media, refugiada por sus murallas y torreones. Como antaño, accedemos a su casco histórico bien por su entrada principal, la Puerta de Bisagra, bien por la Puerta del Cambrón o por sus míticos puentes: San Martín y Alcántara.

Casi desde cualquier punto de su casco histórico adivinamos la presencia de su majestuosa Catedral gótica, que comenzó a construirse en 1227 sobre los cimientos de la catedral visigoda del siglo VI, que fue utilizada como mezquita. Mide 120 metros de largo por 60 de ancho y está compuesta por cinco naves, y sostenida por 88 columnas y 72 bóvedas.

Siguiendo el paseo por la ciudad histórica podemos llegar hasta la Plaza de Zocódover, centro neurálgico de Toledo desde donde contemplamos como el Alcázar se alza imponente hacia el cielo. Este edificio es hoy la sede del Museo del Ejército y de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Los vestigios de las estructuras anteriores nos dicen que siempre fue un lugar fortificado. Su primer y principal arquitecto fue Alonso de Covarrubias desde 1545, pero en el patio intervino Villalpando y fue Juan de Herrera el autor de la monumental escalera del edificio.

Muy cerca de allí se encuentra el Museo de Santa Cruz que en sus orígenes fue un hospital. El Museo Sefardí, el de los Concilios y la Cultura Visigoda, el Hospital de Tavera (hoy sede del Archivo de la Nobleza), el Taller del Moro, el Museo Victorio Macho o el remozado Museo del Greco, donde se encuentran algunas de las obras más emblemáticas del pintor cretense, dan buena muestra de la riqueza y la oferta artística y cultural de la ciudad.

Pero la ciudad ofrece numerosas combinaciones artísticas y patrimoniales, como sus tradicionales patios toledanos, que forman parte de la herencia cultural dejada por romanos y árabes, cuando las casas y palacios se ordenaban en torno a este espacio al aire libre.

En la retina de quienes pasean por Toledo se queda sin duda el Monasterio de San Juan de los Reyes, mandado construir por los Reyes Católicos al arquitecto Juan Guas para albergar sus sepulcros. Las cadenas que cuelgan de los muros exteriores eran las de los cautivos liberados en la larga campaña de Granada y se colgaron en 1494, como símbolo del triunfo de la fe cristiana. 

Las mezquitas del Cristo de la Luz y Tornerías, las sinagogas de Santa María la Blanca y el Tránsito, o el Palacio de Fuensalida, uno de los mejores ejemplos de edificio civil mudéjar que se conservan en España y que ha sido cedido por el Gobierno de Castilla-La Mancha para uso y disfrute de todos los toledanos, siguen dando buena muestra del impresionante patrimonio histórico artístico de la capital regional.

Tradiciones y fiestas que se mantienen en el tiempo

Toledo no solo se enorgullece de sus palacios, iglesias o mezquitas; una de las cuestiones más importantes para los toledanos es el mantenimiento de sus tradiciones y festividades. La más importante es, sin duda, el Corpus Christi, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. Para esta jornada, Toledo viste sus mejores galas y un mes antes de su celebración comienzan a colgarse por sus calles los adornos que engalanan sus calles, así como los numerosos toldos que protegen la Custodia, en realidad un palio, que protege a la Custodia de Enrique de Arfe (siglo XVI) durante su recorrido procesional por la ciudad.

Las primeras referencias escritas sobre el cortejo procesional se remontan al año 1418, cuando la Catedral aún no estaba terminada, ni existía la Custodia de Arfe. En los reinados de Carlos I y Felipe II, con los ceremoniales y boatos característicos para su dinastía, la fiesta cobró su mayor auge y marcó las pautas a seguir para la celebración tal y como la conocemos hoy en día.

La tarde de la víspera, un pasacalles con gigantes, cabezudos y la tradicional Tarasca pasean por el recorrido procesional al son de la música. Esa misma noche lo hace también la corporación municipal acompañada por el pertiguero, cuya función era asegurarse que ningún toldo u ornamento impida el paso de la Custodia, con sus casi cuatro metros de altura.

Damasquinos, espadas, cerámica…

Las manos de los artesanos de Toledo trabajan desde tiempos ancestrales el damasquinado, la espadería, la cerámica, el forjado y la madera. La tradición del arte del acero toledano ha sido desde siempre legendaria. Las mejores espadas de los siglos XVI y XVII eran de Toledo, a cuyo río, el Tajo, se le atribuían propiedades casi milagrosas para darle calidad a sus hojas. Hoy, el trabajo en metal sigue siendo artesano en muchos casos.

Otra de las artes que dominan los maestros artesanos de Toledo es el damasquinado, una técnica que consiste en dibujos de formas en metales o dibujos incrustando hilos dorados o plata hacia dentro. Este arte se ha convertido, junto a las armas blancas, en una seña de identidad de Toledo durante toda su historia. La capital regional es hoy el mayor foco de producción de damasquinado del mundo, y donde se ejecutan la mayor diversidad de piezas. Se siguen realizando labores de estilo mudéjar y renacentista, así como novedosas imágenes.

La tradición cerámica de Toledo se remonta al siglo XI y aún hoy son muchos los edificios y los espacios al aire libre de la ciudad que cuentan con este tipo de azulejería o cerámica. Respecto a los oficios en madera, el mueble característico de Toledo es el bargueño, aunque bancos, sillones fraileros, sillas, mesas y puertas completan la producción. El bargueño, cuyo nombre sitúa su origen en la localidad vecina de Bargas para unos y para otros en un carpintero llamado Vargas, se produce desde el siglo XVI.

Otro de los oficios artesanos con presencia histórica en la ciudad de Toledo es el forjado. Así lo atestiguan verjas como la de la estación de ferrocarril, los enrejados de puertas y balcones de las casas del casco histórico o los tradicionales faroles del Corpus Christi.

Cuna de civilizaciones, escenario donde se han librado batallas y guerras…a cada paso, el empedrado de sus calles y los muros de sus edificios esconden mucho más de lo que muestran. Caminar por sus estrechas calles es hoy hacer un viaje en el tiempo y aterrizar en épocas pasadas de la historia de España y Europa.

 

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