Eterno viso románico en Villacadima

Eterno viso románico en Villacadima

Enclavada en el noroeste de la provincia, muy cerca de los límites con las provincias de Segovia y Soria, se halla ubicada Villacadima, una pequeña localidad a la que se le reconoce un modesto lugar en la Ruta del Románico de Guadalajara. Dentro del pueblo se encuentran una fuente y las ermitas de Nuestra Señora del Campo y San Roque, además de la Iglesia de la Iglesia de San Pedro Apóstol.

Entre unos suaves repliegues de la paramera que bordea por el sur a la Sierra Pela, se encuentra este pueblo, hoy deshabitado durante el invierno, donde frío intenso, es el único habitante, aunque en el verano acuden gentes a pasar las épocas de buena temperatura. Situada cerca de la localidad, se hallaba una cantera de la que se ha extraído a lo largo de los años la piedra precisada para la construcción de los edificios del pueblo, un pequeño conjunto de casitas ocres, que en la actualidad solo cobran vida en época veraniega. 

Villacadima2

Su principal edificio, la Iglesia de San Pedro Apóstol, levantada en el centro del pueblo en el siglo XII, sucumbió al abandono hasta que hace unos pocos años comenzaron las labores de reparación. Declarada Monumento Nacional, se trata de una bella iglesia, a la que se accede a través de un amplio atrio descubierto, y que se enmarca dentro del estilo románico de la vertiente del Henares. Perteneciente a la Diócesis de Sigüenza, aunque a día de hoy no tiene culto, destaca de su conjunto la señorial portada románica.

Este poema, escrito por Manuel Garzón, en el otoño de 1.986 refleja el testimonio que su iglesia da del implacable paso del tiempo.

No hay culto en la iglesia,
paredes desnudas,
techumbres hundidas
arcadas desechas,
y en pie solo queda
la puerta románica
de influjo mudéjar.

Contra la espadaña
el viento se quiebra
y el son de campanas,
quejidos del alma,
se pierde en la sierra.

No hay culto en la iglesia
las ruinas se adueñan.

La iglesia de San Pedro fue construida a principios del siglo XIII, cuando se produjo el asentamiento definitivo de cristianos después de las guerras con los musulmanes. El templo padeció muchas reformas y modificaciones de las cuales la más importante fue en el siglo XVI, momento en el que se ampliaron los muros con la finalidad de construir las naves laterales. Para la reconstrucción se reaprovecharon sillares de la antigua así como algunos canecillos. La iglesia se encuentra en un extremo de la villa y se accede a ella a través de una puerta que conduce a su atrio; de la fábrica original solo se conserva la portada que está reubicada en el muro sur.

El pórtico de arco de medio punto tiene tres arquivoltas abocinadas, la interior polilobulada, formando un saliente en la fachada sur con interesantes canecillos, entre los que destacan un rostro humano en el ángulo sur-occidental y un blasón con dos llaves cruzadas centrado sobre el pórtico. Por su similitud, Antonio Herrera Casado atribuye la autoría de este pórtico a un taller mudéjar que trabajó en San Bartolomé de Campisabalos.

En la actualidad la iglesia de San Pedro de Villacadima se halla totalmente vacía y sus tallas están en el Museo Diocesano de Arte de Sigüenza, solamente se conserva parte del portaje de madera y los restos del órgano, así como numerosas losas sepulcrales. 

Con esta visita al románico rural el viajero podrá escapar del ajetreo diario a una velocidad pasmosa, respirar el aire puro de la serranía y pasear por entre desvencijadas fachadas llenas de historia, en silencio y con la Sierra Pela como telón de fondo, con los fértiles valles que bordean la serranía y su exuberante vegetación hacen de estos parajes un excepcional marco natural pleno de una enorme riqueza medioambiental y de agradable paseo


Cómo llegar
Desde Guadalajara, tomamos la A-2 hasta alcanzar el desvío a Sigüenza para seguir por la CM-1101. Tras ella continuaremos por la GU-149, durante 16,5 kilómetros hasta tomar la GU-148. Proseguiremos por la CM-101, después por la CM-110 y por la CM-1006 hasta alcanzar Villacadima.

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